‘Ordena tu vida’ en La 1, una buena idea con una presentación exagerada

Un momento del primer episodio de 'Ordena tu vida'.

Todos acumulamos cosas a lo largo de nuestra vida. Esas zapatillas desgastadas que te da pena tirar. Ese polar para la nieve por si un día te da por volver a Cercedilla. El ventilador que compraste por Wallapop en una ola de calor. Pero lo de Aitana y Nasser, los protagonistas del primer episodio de Ordena tu vida, no es normal. El programa que La 1 estrenó el jueves enfrenta a familias a su caos vital. Porque no solo les pone delante de las narices los miles de cosas inservibles que guardan unas veces “por si acaso” y otras sin siquiera saber que las tienen, y les obliga a deshacerse de al menos el 50%. Además les apañan y organizan la casa. Cuando el equipo del programa (una experta en limpieza, otro en carpintería y otra en organización y almacenaje, además de la presentadora, una muy proactiva Inés Hernand) vacía la casa y expone todas sus pertenencias en una nave como si de un gran mercadillo se tratara, Aitana y Nasser descubren que guardaban, para ellos y sus cuatro hijos, entre otras cosas, 14 ventiladores y radiadores, 70 peluches, 13 raquetas e incluso 10 zapatos desparejados.

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 El nuevo formato de TVE ofrece consejos útiles, pero el caos que muestra en los hogares es tan extremo que parece fingido  

Columna

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El nuevo formato de TVE ofrece consejos útiles, pero el caos que muestra en los hogares es tan extremo que parece fingido

Un momento del primer episodio de ‘Ordena tu vida’.RTVE
Natalia Marcos

Todos acumulamos cosas a lo largo de nuestra vida. Esas zapatillas desgastadas que te da pena tirar. Ese polar para la nieve por si un día te da por volver a Cercedilla. El ventilador que compraste por Wallapop en una ola de calor. Pero lo de Aitana y Nasser, los protagonistas del primer episodio de Ordena tu vida, no es normal. El programa que La 1 estrenó el jueves enfrenta a familias a su caos vital. Porque no solo les pone delante de las narices los miles de cosas inservibles que guardan unas veces “por si acaso” y otras sin siquiera saber que las tienen, y les obliga a deshacerse de al menos el 50%. Además les apañan y organizan la casa. Cuando el equipo del programa (una experta en limpieza, otro en carpintería y otra en organización y almacenaje, además de la presentadora, una muy proactiva Inés Hernand) vacía la casa y expone todas sus pertenencias en una nave como si de un gran mercadillo se tratara, Aitana y Nasser descubren que guardaban, para ellos y sus cuatro hijos, entre otras cosas, 14 ventiladores y radiadores, 70 peluches, 13 raquetas e incluso 10 zapatos desparejados.

La idea del formato, a medio camino entre Marie Kondo y Bricomanía, es buena. No solo te permite satisfacer esa curiosidad tan humana del cotilleo en casas ajenas, sino que los expertos dan consejos prácticos que se agradecen. Además, está esa paz que sientes cuando ves que, al lado de esta gente, no eres tan desordenado, ese puntito de superioridad moral que siempre reconforta.

Pero algo chirría. Es inevitable que el espectador sospeche que el caos que se muestra al comienzo de cada programa ha sido provocado a propósito para la ocasión. En el jardín, el salón, las habitaciones y el baño del primer matrimonio parece que acaban de pasar Atila y los hunos con tanto desorden y suciedad. En el segundo capítulo (también emitido en la noche del jueves, porque se ve que la ya excesiva duración de cada entrega, unos 70 minutos, no es suficiente en el prime time español), la intervención tiene lugar en el hogar de un padre separado que vive con dos hijas en cuyas habitaciones no se puede entrar. En una, porque el olor de un hurón hace imposible la vida humana. Y en la otra, montones de ropa están tirados por la cama y por el suelo de una forma tan exagerada que parece fingido.

La otra duda que asalta al televidente es obvia: ¿cómo estarán esas casas tres meses después? Ojalá un capítulo final en el que lo comprobemos.

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