Que veinte años no es nada

«Cada uno de los más de diez mil espectadores que ayer acudieron a la Monumental de Barcelona portaba con su entrada un argumento en favor de la pervivencia de la Fiesta en Cataluña. Sin estridencias, con educación y pasando por taquilla. Lejos de los pitidos caceroladas con que un centenar de antis recibían a los aficionados que llegaban a las puertas del coso barcelonés. El festival en defensa de la Fiesta fue simplemente eso: la reivindicación de un espectáculo ligado a este pueblo. Una manifestación por la tolerancia y la libertad, contra la intransigencia y el espíritu abolicionista de unos pocos que quieren suprimir de un plumazo parte de la propia historia de Cataluña ».Así comenzaba la crónica abecedaria del festival organizado por la entonces activa Plataforma por la Defensa de la Fiesta. Fue el 8 de abril de 2006 , han pasado veinte años, y palabras como tolerancia y libertad nunca fueron aceptadas por un enemigo que prefirió mantenerse en la intransigencia y en el prohibir un acervo cultural por ajeno a Cataluña. Los toros fueron, son y serán, la excusa de lo que culminó con una gran mentira política. Aquella tarde de abril había emoción y esperanza. Apoyando a los aficionados catalanes grandes del toreo como El Viti y José Tomás, o Albert Boadella . En el ruedo Esplá, Finito, Rivera, El Juli, Morante y los catalanes Serafín Marín y Raúl Cuadrado, y, sobre todos la apuesta de Marín, que no se quiso ir de la plaza sin darlo todo y le cortó las dos orejas a un sobrero de Tabernero que regaló.Fue aquel día un intento de poner al sector (figuras, ganaderos y principales empresarios) junto a la afición catalana, tantas veces huérfana de apoyo. Un intento que debería ser espejo ahora, cuando la prohibición de las corridas de toros por el Parlament queda lejos y nula, y cuando la sentencia del Tribunal Constitucional mantiene abierta la ilusión. Que veinte años no es nada… «Cada uno de los más de diez mil espectadores que ayer acudieron a la Monumental de Barcelona portaba con su entrada un argumento en favor de la pervivencia de la Fiesta en Cataluña. Sin estridencias, con educación y pasando por taquilla. Lejos de los pitidos caceroladas con que un centenar de antis recibían a los aficionados que llegaban a las puertas del coso barcelonés. El festival en defensa de la Fiesta fue simplemente eso: la reivindicación de un espectáculo ligado a este pueblo. Una manifestación por la tolerancia y la libertad, contra la intransigencia y el espíritu abolicionista de unos pocos que quieren suprimir de un plumazo parte de la propia historia de Cataluña ».Así comenzaba la crónica abecedaria del festival organizado por la entonces activa Plataforma por la Defensa de la Fiesta. Fue el 8 de abril de 2006 , han pasado veinte años, y palabras como tolerancia y libertad nunca fueron aceptadas por un enemigo que prefirió mantenerse en la intransigencia y en el prohibir un acervo cultural por ajeno a Cataluña. Los toros fueron, son y serán, la excusa de lo que culminó con una gran mentira política. Aquella tarde de abril había emoción y esperanza. Apoyando a los aficionados catalanes grandes del toreo como El Viti y José Tomás, o Albert Boadella . En el ruedo Esplá, Finito, Rivera, El Juli, Morante y los catalanes Serafín Marín y Raúl Cuadrado, y, sobre todos la apuesta de Marín, que no se quiso ir de la plaza sin darlo todo y le cortó las dos orejas a un sobrero de Tabernero que regaló.Fue aquel día un intento de poner al sector (figuras, ganaderos y principales empresarios) junto a la afición catalana, tantas veces huérfana de apoyo. Un intento que debería ser espejo ahora, cuando la prohibición de las corridas de toros por el Parlament queda lejos y nula, y cuando la sentencia del Tribunal Constitucional mantiene abierta la ilusión. Que veinte años no es nada…  

«Cada uno de los más de diez mil espectadores que ayer acudieron a la Monumental de Barcelona portaba con su entrada un argumento en favor de la pervivencia de la Fiesta en Cataluña. Sin estridencias, con educación y pasando por taquilla. Lejos de … los pitidos caceroladas con que un centenar de antis recibían a los aficionados que llegaban a las puertas del coso barcelonés. El festival en defensa de la Fiesta fue simplemente eso: la reivindicación de un espectáculo ligado a este pueblo. Una manifestación por la tolerancia y la libertad, contra la intransigencia y el espíritu abolicionista de unos pocos que quieren suprimir de un plumazo parte de la propia historia de Cataluña».

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