Quiénes son y qué quieren las “cucarachas” que están detrás de las manifestaciones masivas en la India

Dos protestas masivas en la capital de la India esta semana han acabado con decenas de policías y manifestantes heridos en la marcha hacia el Parlamento convocada el lunes, además de detenidos, entre ellos el líder de la oposición Rahul Gandhi, que se sumó a la marcha el martes frente a la residencia del primer ministro, Narendra Modi, para denunciar la violencia policial en la víspera.

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 Lo que empezó como una pregunta retórica de un estudiante universitario indio en X acaba en protestas duramente reprimidas en las calles de Nueva Delhi  

Dos protestas masivas en la capital de la India esta semana han acabado con decenas de policías y manifestantes heridos en la marcha hacia el Parlamento convocada el lunes, además de detenidos, entre ellos el líder de la oposición Rahul Gandhi, que se sumó a la marcha el martes frente a la residencia del primer ministro, Narendra Modi, para denunciar la violencia policial en la víspera.

Los convocantes de la protesta del lunes, el movimiento juvenil del Partido Popular de las Cucarachas —Cockroach Janta Party (CJP), que comenzó como una sátira en internet, haciendo un juego de palabras con el Bharatiya Janata Party (BJP, Partido Popular Indio) de Modi— denuncian el uso de gases lacrimógenos y violencia contra la multitud de jóvenes que marchaban “pacíficamente” hacia el Parlamento. Hablan de al menos 150 civiles atendidos en los hospitales, según la agencia Reuters. Las autoridades, sin embargo, afirman que cerca de 180 personas —de ellas, 118 agentes— resultaron heridas en los enfrentamientos en el centro de la capital.

Más allá de la guerra de cifras de heridos y detenidos, para conocer el origen del malestar de los jóvenes indios que ha acabado en un estallido en las calles hay que retroceder al 3 de mayo. Ese día comenzaron a circular denuncias de que se habían filtrado los exámenes de acceso a las facultades de Medicina de la India, que realizan millones de estudiantes cada año. Las sospechas se confirmaron en una investigación, lo que forzó a las autoridades a repetir la prueba. Pero el daño estaba hecho. Para una buena parte de la juventud del país, representaba una confirmación de la corrupción en las instituciones para beneficiar a las élites.

Las críticas no gustaron en el círculo de Modi. Y el 15 de mayo, el presidente del Tribunal Supremo del país, Surya Kant, describió a los jóvenes desempleados como “cucarachas” que, al no encontrar trabajo, usan las redes sociales, el periodismo y el activismo para “atacar al sistema”. A todos ellos los llamó, en una vista, “parásitos de la sociedad”. Dos días después emitió algo parecido a una disculpa, pero la semilla del descontento ya estaba sembrada.

Abhijeet Dipke, graduado en Relaciones Públicas por la Universidad de Boston, de 30 años y en búsqueda de empleo, se sintió interpelado por el insulto. Y un día después, el 16 de mayo, publicó en su cuenta de X: “¿Y si todas las cucarachas se unieran?”. Aquella pregunta fue la chispa que prendió entre la juventud india. La avalancha de respuestas que recibió, unas 11.000 en las 12 primeras horas, le alentaban a ir más allá y fundó ese mismo día, como una sátira, el Cockroach Janta Party, con su propia página web que diseñó con ayuda de la IA y un amigo en un par de horas, según le contó a The New York Times. “La voz de los vagos y desempleados” es su lema fundacional.

“La India es una sociedad muy joven y con pocas oportunidades”, explica Ana Ballesteros Peiró, profesora de la Universidad Complutense de Madrid e investigadora senior no residente del Real Instituto Elcano, especialista en Asia. Aproximadamente la mitad de los 1.400 millones de habitantes de la India tiene menos de 30 años. Para ellos, dice, “la educación es sagrada” porque acceder a las mejores escuelas o universidades es la única herramienta de ascenso social, “para salir de la clase social baja en la que han nacido”.

A la experta no le sorprende que haya sido, precisamente, la filtración de unos exámenes lo que haya desencadenado una de las mayores crisis a las que se ha enfrentado Modi, en el poder desde 2014. “El nepotismo ha ido en aumento; cada vez se beneficia más a unas élites cercanas al primer ministro y al partido en el Gobierno”, anota Ballesteros. “O se aprovecha bien el dividendo demográfico y se les provee de trabajo a los millones de jóvenes que entran en el mercado laboral cada año, o el descontento acaba estallando”.

Ya ocurrió en 2019, cuando el BJP de Modi aprobó en el Parlamento, sin ningún tipo de consulta, gracias a su mayoría absoluta, una nueva ley de ciudadanía. La norma facilitó la obtención del pasaporte indio a inmigrantes de seis religiones —hindúes, sijs, budistas, jainistas, parsis y cristianos— procedentes de Pakistán, Afganistán y Bangladés que hubieran llegado al país antes de finales de 2014. Los musulmanes no fueron incluidos en ese procedimiento acelerado.

“Margina a buena parte de la población migrante en la India y básicamente concede la nacionalidad a aquellos ciudadanos que no sean musulmanes”, detalla Ballesteros. La norma fue criticada por organizaciones de derechos humanos y desencadenó protestas de una parte de la sociedad desencantada con el Gobierno y las desigualdades sociales. Aquellas, como ahora, también fueron reprimidas con violencia y contestadas con insultos por parte de las autoridades. “Aquel estallido enmudeció con la irrupción de la pandemia, pero dejó un poso de frustración”, anota la investigadora.

Pero esta vez, Dipke ha convertido el insulto en un símbolo: las cucarachas. Y su hartazgo en un movimiento que ha crecido exponencialmente cada día hasta transformarse en una organización que aglutina a más de un millón de afiliados, según sus datos. Para serlo, solo hay que cumplir cuatro requisitos: “No nos fijamos en la religión, la casta ni el género”, aclara el CJP en su sitio web. Con retranca, informa de que para unirse hay que estar desempleado ―“ya sea por obligación, por elección o por principios, no preguntamos; ser perezoso, solo físicamente; el cerebro puede seguir dando vueltas”; mantenerse conectado de forma crónica “un mínimo de 11 horas al día, incluyendo las pausas para ir al baño”, y contar con “capacidad para despotricar de forma profesional. Siempre que el contenido sea incisivo, honesto y apunte a algo que realmente importe”.

Además de los afiliados, el movimiento ha cosechado decenas de millones de simpatizantes en redes sociales. En solo cinco días, contaba con 18 millones de seguidores en su cuenta de Instagram, el doble que el perfil del BJP gobernante en esa misma plataforma. En dos meses ha alcanzado más de 24 millones, pese a los sendos intentos de cierre y hackeo que ha sufrido, según ha denunciado.

La principal petición del Partido Popular de las Cucarachas es el cese del ministro de Educación, Dharmendra Pradhan, en el cargo desde el 7 de julio de 2021, a quien responsabilizan de la filtración de los exámenes. Exige, además, que el Gobierno compense económicamente a las familias de los estudiantes que, según publicó Dipke en una carta abierta a Modi, se quitaron la vida “debido a la crisis de la filtración”.

Las cucarachas dieron pronto el salto de la red a las calles. Desde el pasado 20 de junio han organizado varias protestas en Nueva Delhi y otras grandes ciudades como Bangalore, Bombay o Pune. En todas las convocatorias han insistido en su carácter “pacífico” y han denunciado, a través de sus canales, con fotos y vídeos, la violencia policial.

Pero la represión de las fuerzas de seguridad del pasado lunes sobrepasó una línea roja que llevó a los representantes del Cockroach Janta Party a cancelar la marcha del martes hacia el Parlamento y a pedir a la gente que mantuviera el talante pacífico y se congregara únicamente en el epicentro de su protesta, frente al observatorio astronómico de Jantar Mantar, en la capital.

Los líderes opositores, sin embargo, se citaron al día siguiente frente a la residencia del primer ministro, para manifestarse en contra de la dura respuesta del Gobierno de Modi y pedir su dimisión. La ubicación representaba un riesgo para la seguridad nacional, alegaron las fuerzas de seguridad, que detuvieron a Rahul Gandji, líder de la principal formación de la oposición en el Parlamento, el Partido del Congreso Nacional Indio.

El fundador de CJP se disculpó públicamente con los heridos y solicitó que cualquiera que hubiera sufrido una agresión le escribiera por privado para hablar personalmente. A los detenidos que enfrentaban cargos, el movimiento de las Cucarachas les ofreció apoyo legal y el martes por la noche confirmaba que “todos” habían sido liberados.

“De cómo se gestione esta crisis, depende que vaya a más”, anota Ballesteros. En países vecinos como Bangladés o Nepal, movimientos parecidos de jóvenes y estudiantes hicieron caer a sus gobiernos. Pero la investigadora recuerda que la India es un país “demasiado grande, diverso y complejo como para adivinar lo que puede pasar”.

De momento, los portavoces de Las cucarachas, Ashutosh Ranka y Saurav Das, informaron de que se reunieron el mismo lunes con el ministro de Sanidad, Jagat Prakash Nadda, para transmitirle sus demandas, “incluyendo la renuncia o despido inmediato de Dharmendra Pradhan”. “El ministro nos aseguró que discutirá esto en el nivel apropiado. Sin embargo, no se han hecho compromisos hasta ahora. ¡Los manifestantes pacíficos no descansarán hasta que la demanda sea atendida!“, anunciaban en sus cuentas de X, en la que después calificaron el encuentro de ”pérdida de tiempo” ante la ausencia de respuesta.

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