El guitarrista sevillano y el saxofonista estadounidense ofrecieron un concierto poco fluido en las agilidades Leer El guitarrista sevillano y el saxofonista estadounidense ofrecieron un concierto poco fluido en las agilidades Leer
- Concierto: Estreno absoluto de ‘Tunisia’, de Rafael Riqueni & Tim Ries / Guitarra: Rafael Riqueni / Saxo tenor, saxo soprano y flauta: Tim Ries / Percusión: Guillermo McGill / Sonido: Manu Meñaca / Dirección artística: Paco Bech / Lugar y fecha: Teatro Lope de Vega. 21 de septiembre de 2026CALIFICACIÓN: **
La propuesta de Rafael Riqueni y Tim Ries, ‘Tunisia’, se mueve en la frontera entre el flamenco y el jazz, buscando un punto de encuentro entre la cuerda de la guitarra y el sonido de viento del saxofón y la flauta o el piano, a más de la soberbia percusión de McGill, y apela a Túnez, el país más pequeño del Magreb, con lo que nadie podía dudar de la espectacularidad y grandiosidad de un concierto que, a la postre, no acreditó su justificación en una bien consolidada tradición musical.
Anotemos, de entrada, que el estadounidense Ries es un saxofonista destacado del jazz internacional, que acompañó en gira al legendario grupo The Rolling Stones y colaborador, además, de Stevie Wonder, Paul Simon, Michael Jackson, Rod Stewart, el instrumentista Joe Enderson o el cantante Tony Bennet.
El concierto reflejaba, pues, un panorama ideal en formato afín que apuntala el siempre carácter colosal y fastuoso asociado a Riqueni en el Teatro Lope de Vega, donde el frío del aire acondicionado frena la sonoridad bella y esmaltada, la articulación genuina y esa sedosidad siempre hermosa, refinada y nobilísima de frasear con el cordaje de la guitarra.
Pero no. El problema ya no era el frio o la falta de programa de mano, que también, sino que Riqueni con Ries no encaja. El ‘Te llevé de la mano’ hasta llegar a ‘El estanque de los lotos, ambos de ‘El Parque de María Luisa’, fue un camino nada impecable en lo musical, falto incluso de esa suavidad en los acordes de la mano izquierda, en tanto quedaron ausente de la naturaleza del propio acento riqueniano, con una laxa vibración interna, como la de ‘Tiempos pasados’, ejecutada sin el énfasis y vehemencia esenciales del compositor sevillano.
‘No expectatations’ fue el enlace con la ‘Chicuelina’, de ‘Juego de niños’, de Riqueni, donde el maestro trianero quería sacar el genio que lleva dentro y se abrazó al instrumento con más entrega que acierto con Ries, con poco impacto en la ejecución y ese clímax emotivo que logra en sus composiciones, hasta que por fin quedó solo y nos presentó una soleá por bulerías de alcance, invitándonos al corolario de alabar el refinamiento de su ejecución, con pasmosa serenidad en la factura escénica y nunca atacando a las falsetas de manera impulsiva, sino como si resbalara sobre las cuerdas, aunque eso sí, con una emisión caudalosa y delicada.
No quedó exento el concierto, empero, de la capacidad de Riqueni para contrastar las tensiones de superior rango que generó con ‘Benamargosa’, una fantasía que percibimos como lo fundamental de su concierto, en tanto que ya de nuevo ante Ries, el músico inglés respondió a un nivel aceptable pero no convincente en una Bienal de Flamenco, tal y como lo percibimos en ‘Higher ground’ o ‘A night in Tunisia’, sin notas rebeldes o subversivas, todo sonoro pero no vigoroso y potente, demasiado maleable para el jazz.
Estábamos ante dos músicos de línea impecable, de acentos contrastados y con una emisión muy variada, rica en modulaciones y resuelta en la ejecución, pero cuando van de la mano la sonoridad no resulta brillante, con mucho empaque y menos aún proyectada con suficiencia para provocar el de espeluzno. Es decir, que juntos aburrían.
El concierto iba, por tanto, como el Guadiana, de la fusión lastrada a lo eficaz, vínculo que unieron de nuevo en la pieza ‘El loco’, de la obra riqueniana de ‘Nerja’, así como en ‘Esa noche’, tema de amor que corresponde al disco ‘Alcázar de cristal’, resueltas con algo de mayor vigor, tensión y lirismo, pero sin arrebatar, con muy poco estremecimiento.
Y para completar la gama de la propuesta, ambos músicos quedaron perfectamente fusionados en ‘Blessed’, los tangos ‘Tunisia’ y el ya clásico ‘Domalabara’, del compacto ‘Nerja’, donde desde nuestra perspectiva no se alcanzaron todos los objetivos perseguidos, por más que alcanzaran momentos que resultaron francamente increíbles, sobre todo con Riqueni en solitario, de una madurez interpretativa fuera de serie, con fraseos y acentos pleno de matices, reforzando el sonido sin machacar el instrumento, y con calidades que no siempre se escuchan en los conciertos, lo que explica que abrieran el corazón al auditorio.
Habíamos asistido, en consecuencia, a un concierto presentado con facilidad compleja desde lo escénico, pero con una claridad en las agilidades que hacen pensar en la edad de Rafael Riqueni, porque a sus 64 años de edad recién cumplidos, domina la ejecución, sabe mantener la calma en los recursos técnicos más complejos y tiene una fluidez en las agilidades que es verdaderamente ejemplar, con lo que cuadrar el círculo con Tim Ries, como se suele decir, fue su principal mérito.
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