En su ración diaria de desordenadas e imprecisas declaraciones a la prensa de Washington, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este jueves que una nueva ronda de conversaciones entre Washington y Teherán “podría celebrarse el próximo fin de semana”. Sería la segunda toma de contacto, tras al fracaso de la negociación celebrada en Islamabad (Pakistán) y el posterior bloqueo estadounidense del estrecho de Ormuz como medida de presión.
El presidente de Estados Unidos se plantea viajar a Islamabad si hay acuerdo. Hegseth amenaza con reanudar la guerra si Teherán no pacta con Washington
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, compareció este jueves por octava vez en el Pentágono desde el inicio hace 47 días de la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán. Era la primera ocasión en la que hablaba con la prensa desde la entrada en vigor del bloqueo militar del estrecho de Ormuz ordenado por el presidente Donald Trump. Tras el fracaso de las conversaciones celebradas el pasado fin de semana en Islamabad (Pakistán) para aquilatar un alto el fuego que expira el miércoles próximo, se sumó el lunes al tapón que Teherán lleva semanas aplicando de facto en ese cuello de botella del golfo Pérsico por el que circula una quinta parte de los hidrocarburos que abastecen al mundo.
También intervino el jefe del Estado Mayor, Dan Caine, ofreció detalles sobre cómo sus hombres están poniendo en práctica un bloqueo que calificó de “exitoso”. Hegseth advirtió, por su parte, a Teherán de que el Ejército estadounidense está listo, “con las armas cargadas”, especificó, para reanudar “inmediatamente la guerra” si sus negociadores no aceptan las condiciones ofrecidas por los negociadores enviados por Washington, que en la primera toma de contacto lideró el vicepresidente, J. D. Vance.
El secretario de Defensa, que prefiere que lo llamen “secretario de Guerra”, pese a que el Congreso no ha autorizado tal cambio de denominación, empleó su ya clásica retórica belicista, su voluptuosa descripción de las capacidades militares estadounidenses y un discurso en el que mezcla la hipérbole con el amedrentamiento. “Sabemos que [los iraníes] están desenterrando las lanzadoras y misiles que les quedan, pero también sabemos que están destruidos y que carecen de capacidad para reconstruirlos. Nosotros, en cambio, nos estamos rearmando con más potencia que nunca y con una inteligencia superior”, dijo.
Se refirió varias veces al “nuevo régimen” iraní, con énfasis en la palabra “nuevo”, para subrayar el descabezamiento por bombardeo de decenas de sus líderes. A los que los sustituyen los conminó en repetidas ocasiones a escoger “sabiamente”. “La Armada de Estados Unidos controla lo que entra y sale del estrecho, y lo hará por cuanto tiempo considere necesario. Ustedes no pueden controlar nada”, advirtió al enemigo, al que dibujó como un contrincante derrotado, que, sin embargo, se mantiene de pie en una guerra asimétrica que ya va para los dos meses. “Eso no es control. Es piratería. Es terrorismo”, añadió sobre el bloqueo iraní de Ormuz.
Lo “sabio”, insistió, sería “decantarse por la negociación”. “Si no, bombardearemos las infraestructuras energéticas clave y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y nuestros amigos de ese departamento desatarán la Operación Furia Económica a base de sanciones. Podemos hacerlo por las buenas o por las malas”, sentenció.
Tras la intervención del secretario de Defensa, fue el turno de Caine, que se sirvió de unos mapas del estrecho para ofrecer los detalles tácticos del bloqueo estadounidense. En ellos, una línea que parte casi desde la frontera con Pakistán fija el lugar en que el Ejército de Estados Unidos mantiene a raya, según el jefe del Estado Mayor, a los buques iraníes o con origen o destino a los puertos del país. Según el alto mando, “13 capitanes de barco han tomado la sabia decisión de dar la vuelta” ante las amenazas estadounidenses, que de momento no se han concretado. “No ha hecho falta abordar ninguno de esos buques”, añadió.

Caine también explicó —antes de dar la palabra al almirante Brad Cooper, responsable del Comando Central, de estreno en estas comparecencias regulares del Pentágono— que la carga del operativo la llevan los “destructores de la clase Arleigh Burke” desplegados en Oriente Próximo.
El jefe del Estado Mayor los definió como “el coche deportivo de la Armada de los Estados Unidos, con sus 170 metros de largo y sus casi 10 pisos de alto desde la quilla hasta el mástil”. “Van armados hasta los dientes”, agregó, antes de definir Ormuz como “el aparcamiento congestionado de un centro comercial en fin de semana” y de alabar la destreza de los “marineros que toman las decisiones en tiempo real”. De ellos, destacó en una digresión un tanto desconcertante, su juventud. “El timonel, de guardia en el puente, normalmente tiene entre 18 y 19 años, y se confía en que conduzca este buque de guerra a través del estacionamiento de ese supermercado sin chocar. El oficial de navegación, que normalmente acaba de terminar la universidad, es el que da las órdenes sobre dónde llevar ese buque de guerra para ejecutar la misión que el secretario [de Defensa] y el presidente [Trump] nos han encomendado”.
Antes, Hegseth había vuelto a presentar esa misión como una guerra santa, y también a recurrir al lenguaje bíblico en su argumentación para, otra vez, atacar a la prensa “tradicional” que cubre el Pentágono. La comparó con los “fariseos” que, según escuchó el domingo pasado en el sermón de su iglesia, no quisieron reconocer un milagro de Jesús, ”que sanó a un hombre con la mano atrofiada». El secretario de Defensa de la primera potencia mundial añadió entonces, en lo que pareció una nueva equiparación entre Cristo y Trump: “Pensé: nuestra prensa tradicional es exactamente igual a esos fariseos”.
Después, cuando fue el turno de las preguntas, Hegseth evitó a esos “medios que odian a Trump, que se dejan cegar por su animosidad política contra el presidente y no reconocen la brillantez de nuestros guerreros estadounidenses. Dio la palabra exclusivamente a medios del universo MAGA (Make America Great Again), que tienen prioridad en el Pentágono tras un ajuste de las reglas de participación de la prensa que se ha impugnado en los tribunales.
Una de las reporteras hizo referencia a la imagen publicada el domingo pasado por Trump en la que, con la ayuda de la inteligencia artificial, se presentó a sí mismo como un mesías. La periodista no preguntó, sobre la polémica que esa publicación desató, y que ha puesto en contra del Gobierno a sectores del catolicismo estadounidense, sino que quiso saber lo que opinaba Hegseth de que una embajada iraní hubiera alterado esa imagen para mostrar a una figura que parece Jesucristo descender de los cielos y golpear a Trump. “Es un video repugnante y alejado de la realidad”, dijo el secretario de Defensa.
Poco antes, el papa León XIV, que está de viaje en Camerún y se ha convertido en el blanco de los dardos de Trump y de su Gabinete por sus críticas a la guerra de Irán, había condenado a quienes “manipulan la religión y el nombre de Dios el su propio beneficio militar, económico y político, y cubren lo sagrado de oscuridad e inmundicia”.
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