El fútbol de Vicky López desprende la misma espontaneidad y alegría que su carácter. Se lleva tanto tiempo hablando de dónde estará el techo de aquella niña risueña que idolatraba a Alexia Putellas y destacaba tanto en las categorías inferiores que a nadie le sorprendió que este lunes volviera a imponerse por segunda vez consecutiva en el Trofeo Kopa a la mejor futbolista menor de 21 años. La centrocampista, a veces también extremo, aún tiene 20, pero parece que lleva una carrera entera en la élite porque su historia es la de una jugadora que fue rompiendo un récord de precocidad tras otro.
La centrocampista, de 20 años, se impone a Serrajordi y es elegida por segunda vez consecutiva como la mejor jugadora joven del mundo tras alzar los cuatro títulos con el Barça y la Nations League con España
El fútbol de Vicky López desprende la misma espontaneidad y alegría que su carácter. Se lleva tanto tiempo hablando de dónde estará el techo de aquella niña risueña que idolatraba a Alexia Putellas y destacaba tanto en las categorías inferiores que a nadie le sorprendió que este lunes volviera a imponerse por segunda vez consecutiva en el Trofeo Kopa a la mejor futbolista menor de 21 años. La centrocampista, a veces también extremo, aún tiene 20, pero parece que lleva una carrera entera en la élite porque su historia es la de una jugadora que fue rompiendo un récord de precocidad tras otro.
Victoria López-Serrano Félix nació en Madrid en el seno de una familia pobre. Se crio en Vallecas, un barrio obrero en el que aprendió a jugar al fútbol con su hermano mayor, Jesús, en los soportales de su antiguo edificio. En el vecindario también aprendió el valor del esfuerzo, de la gente humilde que madruga cada mañana por un salario con el que sacar a los suyos adelante, con el que intentar ofrecerles una vida un poquito mejor. Era el caso de su madre, una mujer nigeriana que se llamaba Joy Félix y que se casó con un español llamado Jesús López-Serrano. Ella murió en 2018, cuando Vicky era una preadolescente, debido a un tumor cerebral. Joy había regentado un negocio de importación de cabello que cerró con la crisis de 2008 y luego se había puesto a estudiar Administración y Dirección de Empresas, la misma carrera que ahora cursa su hija, la futbolista precoz que en junio de 2024, con 17 años, tuvo que abandonar una concentración de la selección española absoluta para acudir a la prueba de acceso a la universidad.
El fallecimiento de Joy Félix marcó mucho el carácter de Vicky, una joven religiosa (católica) que desde entonces le dedica a su madre todos los hitos que alcanza en su carrera. “Espero que estés orgullosa de mí, mamá”, dijo el año pasado en la gala celebrada en París cuando recogió el galardón. Este lunes, en Londres, también le dedicó sus palabras más sentidas y personales: “Aunque ya no estés a mi lado, mamá, te siento en cada paso que doy, y todo lo que soy, todo lo que consigo, en gran parte es tuyo. Gracias, mamá, por ayudarme a luchar y enseñarme a no rendirme nunca”.
Joy Félix, contaba Vicky en octubre de 2025 en una entrevista con este diario, es el motor que cada día la ayuda a no rendirse, a querer dar siempre un poquito más. Las conversaciones por teléfono con su padre y el recuerdo de ella la animaron en sus momentos futbolísticos más oscuros, cuando en el verano de 2022 fichó por el Barcelona y se mudó sola a la capital catalana. Tenía solo 16 años, añoraba a su círculo y echaba en falta también más minutos en un equipo en el que en la medular estaban Alexia, Patri Guijarro y Aitana Bonmatí y que ya había levantado la Champions. “Lo pasé bastante mal. Al irme de casa tan joven viví cosas antes, cosas que yo creo que los niños y niñas a mi edad aún no las han vivido. Me tocó adaptarme y madurar rápido”, explicaba en la conversación con EL PAÍS.
Lo consiguió. En realidad, esa es la historia de su vida. Una niña que aprendió a patear el balón en la calle con niños mayores que ella, que regatea y le sale una sonrisa, que se escapa de los rivales como si driblar fuera una habilidad técnica sencilla al alcance de cualquiera y no una de las más complejas en el fútbol de primer nivel. En el verano de 2025, en la Eurocopa en la que España cayó en la final ante Inglaterra en la tanda de penaltis, dejó varias actuaciones tan iluminadoras y redondas en la primera fase que pareció casi una broma que lo hiciera con 18 años. Fue tan impactante que abrió una suerte de debate en la conversación pública sobre si debía continuar siendo titular cuando Aitana Bonmatí, la entonces Balón de Oro, se recuperara de la meningitis vírica que la había dejado KO.
En el siguiente torneo en el que la Roja se jugó un título ya no fue suplente. Formó como titular ante Alemania en el Metropolitano el pasado diciembre y marcó un gol en la final para que el equipo levantara la segunda Nations League de su historia. Antes se había convertido, por ejemplo, en la jugadora española de menor edad —18 años y 342 días— en anotar en una Eurocopa o en un Mundial, había sido la más joven en debutar como azulgrana en Champions en el Camp Nou —16 años y 148 días— o la más pequeña en golear en un clásico —17 años y 116 días—.
En 2022, cuando todavía era una preadolescente, El País Semanal le dedicó la portada con un reportaje que se titulaba Tiene solo 15 años, pero algún día todos hablarán de los goles de esta futbolista. El día en el que se ha impuesto a su compañera Clara Serrajordi, otra joven azulgrana con unas cualidades formidables, para llevarse el Trofeo Kopa, la revista semeja un presagio. Un lustro más tarde de su publicación, Vicky López ha sido nombrada otra vez mejor jugadora menor de 21 años y milita en el mejor equipo posible para desarrollarse, el Barça, elegido hoy mejor club del año por France Football tras conquistar la Champions, la Liga, la Copa y la Supercopa. “El Barcelona hace las cosas muy bien. Tenemos un equipazo. El año pasado todas hicimos una temporada espectacular. Se ve, porque hay muchas nominadas para los premios aquí. Es un orgullo”, afirmó en Londres la futbolista más precoz de todas.
Deportes en EL PAÍS
