Gestionar el pasado nazi siempre fue complicado. Alemania lleva tiempo apostando por la memoria histórica con centros de exposiciones y documentación. Pero desenterrar las huellas de la historia que algunos hubieran preferido ver sepultadas para siempre no es una tarea fácil y, a veces, puede parecer más sencillo destruir lo que queda bajo la excusa de evitar un centro de peregrinaje neonazi. Es lo que ha ocurrido ahora con un terreno vacío en el centro de Berlín, que oculta los últimos vestigios arquitectónicos del antiguo centro de poder de Adolf Hitler. Un inversor planea levantar ahí un edificio de viviendas que destruirá el último búnker de la Nueva Cancillería del Reich, lo que ha desatado numerosas críticas.
Un inversor planea construir sobre un terreno que guarda los vestigios de la Nueva Cancillería del Reich, junto al Memorial del Holocausto
Gestionar el pasado nazi siempre fue complicado. Alemania lleva tiempo apostando por la memoria histórica con centros de exposiciones y documentación. Pero desenterrar las huellas de la historia que algunos hubieran preferido ver sepultadas para siempre no es una tarea fácil y, a veces, puede parecer más sencillo destruir lo que queda bajo la excusa de evitar un centro de peregrinaje neonazi. Es lo que ha ocurrido ahora con un terreno vacío en el centro de Berlín, que oculta los últimos vestigios arquitectónicos del antiguo centro de poder de Adolf Hitler. Un inversor planea levantar ahí un edificio de viviendas que destruirá el último búnker de la Nueva Cancillería del Reich, lo que ha desatado numerosas críticas.
Tras la II Guerra Mundial se destruyeron los principales edificios relacionados con Hitler en Berlín. Las zonas de gobierno fueron arrasadas y antiguos planes como las obras de la universidad de Germania —como se conocía al megalómano proyecto de renovación de Berlín como ciudad imperial— quedaron sepultados bajo toneladas de escombros de la guerra y tierra en lo que luego dio lugar a la famosa montaña Teufelsberg, donde los estadounidenses crearon un centro de espionaje durante la Guerra Fría. Apenas quedan restos de esa época en la capital. Uno de los pocos es este búnker en el antiguo barrio gubernamental, que ahora corre peligro de desaparecer también.
En la Vossstrasse, al lado del famoso Memorial del Holocausto, se encuentra el llamado Gran Búnker de la Nueva Cancillería del Reich. Situado durante la extinta República Democrática Alemana en pleno “corredor de la muerte” —la zona que quedaba entre los dos muros que separaban el este del oeste—, este terreno baldío de aspecto anodino estuvo cerrado al público entre 1961 y 1989. Ahora, décadas después, un inversor de Hamburgo quiere construir en ese solar un edificio de oficinas de seis plantas y un bloque de viviendas de siete pisos con 66 apartamentos, según detalla el diario regional B.Z., en base a un plan urbanístico aprobado en 2006.
Símbolo de la derrota de los nazis
Reiner Janick, responsable de investigación de la asociación Berliner Unterwelten, critica duramente estos planes y recuerda que los organismos responsables del patrimonio cultural de la región han recomendado incluirlo en el registro de monumentos. “La Nueva Cancillería del Reich fue el lugar donde se planificó y se inició la II Guerra Mundial y simboliza también el catastrófico final del régimen nazi”, escribió el Consejo Regional de Patrimonio Cultural —un órgano de expertos— en una recomendación publicada en marzo del año pasado.
“Sin embargo, el Senado de Berlín se ha opuesto, debido a que esta zona probablemente resulte muy cara y ofrezca un gran potencial de viviendas de lujo”, explica por teléfono Janick sobre una ubicación muy golosa, por su proximidad a la Puerta de Brandeburgo. Berliner Unterwelten, que lleva desde 1997 explorando y documentando el patrimonio arquitectónico subterráneo de la ciudad, a la vez que organiza visitas guiadas, critica que se haya hecho oídos sordos a todas las recomendaciones para conservar el búnker.
“El Senado nos dijo que no querían convertirlo en un lugar de peregrinación para neonazis, pero esa no es nuestra intención”, indica. Además, cree que esa suposición es una “completa tontería”, ya que como muestran los miles de turistas que visitan la ciudad cada año y que se interesan por esta etapa de la historia, al final “se trata de una mera cuestión de información”. “Para nosotros es muy importante que, precisamente en este lugar, se puedan documentar muy bien muchos aspectos de la historia de la ciudad”, dice sobre unos planes que incluirían tanto el pasado nazi como el del trazado del muro de Berlín, que pasaba por ahí.
La oficina de prensa del Senado de Berlín explica a EL PAÍS que existe un plan urbanístico para esta zona desde 2006, que fue aprobado ya por el Parlamento regional. “La promotora del proyecto quiere construir viviendas en este emplazamiento y el senador Christian Gaebler ha dejado claro que da prioridad a la construcción de viviendas en este emplazamiento”, apunta. No obstante, “el propietario del terreno está obligado a documentar debidamente el búnker antes de su demolición”, agrega.
Un coloso bajo tierra
Lo que Berliner Unterwelten reclama, sin embargo, es que se modifique ese plan urbanístico, que “de todos modos, ya está bastante desfasado”, para que muevan un poco el lugar previsto para edificar el bloque de viviendas de tal manera que se pueda conservar el complejo subterráneo. “Y, en caso de duda, teóricamente también se podría construir este edificio sobre la cubierta de este búnker. Es tan macizo que incluso soportaría una carga actual, ya que la carga de entonces —es decir, la oficina de registro que se encontraba encima— habría sido más pesada que la prevista hoy en día”, apunta Janick sobre un búnker del que aún se conservan 1.200 metros cuadrados.
Se trata de conservar uno de los últimos búnkeres. “Casi todos han desaparecido. En su momento catalogamos un total de 14 instalaciones de este tipo, que en realidad estaban destinadas al Gobierno del Reich. De ellas, solo quedan tres”, señala sobre el que es, además, el último búnker anterior a la guerra que aún se conserva del barrio gubernamental nazi de Berlín y al que aún es posible acceder. “Nuestra intención es mostrar también a las generaciones futuras lo que realmente ocurrió allí”. Al final, como apunta, “sería, por así decirlo, la última oportunidad de conservar un edificio que debería seguir existiendo para la próxima generación”.
Sin embargo, estos planes del Gobierno regional de Berlín no son una sorpresa para Janick, que recuerda que el argumento de que hay que eliminar más o menos todos esos vestigios nazis es una política que lleva siguiendo la capital alemana desde hace 80 años, algo que a su modo de ver es contraproducente. “Cuando un lugar ya no existe siempre da pie a mitos, leyendas y quién sabe qué más”, explica y pone como ejemplo el búnker de Hitler, que era muy pequeño, pero que sigue creando revuelo “precisamente porque ya no existe”.
El famoso búnker del Führer, en el que Hitler y Eva Braun se suicidaron el 30 de abril de 1945, se terminó de construir en abril de 1944. En su lugar, en la Gertrud-Kolmar-Strasse, muy cerca de la Nueva Cancillería del Reich, hay hoy un aparcamiento. En 2006, la asociación Berliner Unterwelten instaló allí un panel informativo sobre su historia.

Según el Museo Histórico Alemán de Berlín, la Nueva Cancillería del Reich fue un edificio monumental de gobierno y representación del régimen nazi en Berlín, que Hitler mandó construir como símbolo arquitectónico de su pretensión de dominio. Según los planos del arquitecto Albert Speer, el edificio se comenzó a construir a principios de 1938 en la Vossstrasse y se terminó en gran parte en solo unos 12 meses, hasta enero de 1939, tras haber sido demolidas previamente manzanas enteras.
El edificio, cuya fachada se extendía a lo largo de 420 metros, era un lugar de demostración de poder y, al igual que, otros edificios monumentales nazis, debía impresionar por el valor de los materiales utilizados y por su enorme tamaño. En 1945 fue tomado por el Ejército Rojo y se procedió a su demolición a partir de 1949.
Bajo la superficie parcialmente hormigonada se esconde el enorme búnker, a seis metros bajo tierra, del que se conserva algo menos de la mitad. Era solo uno de los muchos que había en el antiguo barrio gubernamental nazi, en los alrededores de la Wilhelmstrasse. En un principio se concibió como el futuro búnker del Führer, pero sin prever que Hitler apenas pasaría tiempo en su despacho de la Nueva Cancillería del Reich.
La instalación contaba con un grosor de paredes y techos de 1,70 metros, una longitud interior de 106 metros y una anchura de 28 metros. Estaba conectada con otras partes del sótano a través de salas adyacentes en el subsuelo. Desde aquí también se accedía a unas escaleras que conducían a la acera norte de la Vossstrasse, que podían cerrarse con losas de hormigón de apertura hidráulica.
De hecho, es famosa una fotografía del Ejército Rojo en la que se ve cómo el último comandante de la Wehrmacht de la capital del Reich, el general Helmuth Weidling, sale de este búnker el 6 de mayo de 1945. Esta imagen se utiliza a menudo para ilustrar la rendición de Berlín cuatro días antes, aunque no tiene nada que ver con el suceso en sí y Weidling tampoco tenía su puesto de mando en este búnker. Más allá de esta imagen, Berlín tendrá que decidir ahora qué pesa más, la memoria histórica o el mercado inmobiliario.
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