Cuando trabaja en un nuevo juego de mesa, Vlaada Chvátil piensa en ello todo el rato. “Cada minuto libre”, concreta. Ya sea debajo de la ducha o a las tres de la madrugada. Así funciona su proceso creativo. Muy suyo, inevitablemente, porque no debe de haber mucho codiseñador dispuesto a despertarse en medio de la noche para debatir sobre cartas o estrategias. “No podría llamarlos en esos momentos para compartir mis pensamientos, ni tampoco puedo dejar de darle vueltas y no desarrollarlos luego”, reflexiona. De ahí que suela modelar en solitario al menos el núcleo central de sus obras. Tampoco es que le haya ido mal: el checo está considerado uno de los autores más destacados del sector. Por Through the Ages, capaz de resumir la civilización entera en un tablero. Por Código secreto, un superventas familiar centrado en descifrar pistas, del que ahora lanza una versión asociada a Harry Potter. Y, en general, por un estilo muy variado y peculiar: algunos de sus juegos difieren tanto entre sí que tal vez solo estén unidos por quien los firma.
El creador de títulos como ‘Through the ages’ o el exitoso ‘Código secreto’, del que publica una nueva versión, analiza su trayectoria, su método y sus obras más conocidas
Cuando trabaja en un nuevo juego de mesa, Vlaada Chvátil piensa en ello todo el rato. “Cada minuto libre”, concreta. Ya sea debajo de la ducha o a las tres de la madrugada. Así funciona su proceso creativo. Muy suyo, inevitablemente, porque no debe de haber mucho codiseñador dispuesto a despertarse en medio de la noche para debatir sobre cartas o estrategias. “No podría llamarlos en esos momentos para compartir mis pensamientos, ni tampoco puedo dejar de darle vueltas y no desarrollarlos luego”, reflexiona. De ahí que suela modelar en solitario al menos el núcleo central de sus obras. Tampoco es que le haya ido mal: el checo está considerado uno de los autores más destacados del sector. Por Through the Ages, capaz de resumir la civilización entera en un tablero. Por Código secreto, un superventas familiar centrado en descifrar pistas, del que ahora lanza una versión asociada a Harry Potter. Y, en general, por un estilo muy variado y peculiar: algunos de sus juegos difieren tanto entre sí que tal vez solo estén unidos por quien los firma.
Esa firma es una garantía de desafío para miles de jugadores. También gracias a que suele tomarse su tiempo y probar una y otra vez sus creaciones. Aunque algún detractor le reprocha precisamente que sean largos y complicados en exceso. Lo cierto es que una partida de Through the Ages requiere leerse un manual de 23 páginas y disponer de al menos dos horas. Pero Código secreto encarna lo contrario: concebido de golpe durante una convención, permite que se enganche cualquiera sin muchos preámbulos ni planificaciones. “A veces, antes de lanzar un juego sustancioso, me he preocupado por si había exagerado: ‘Esto es demasiado, nadie va a jugar’. Pero el público siempre me sorprende”, explica Chvátil.
Incluso sus críticos, en todo caso, le reconocerán el esfuerzo y la ambición. El autor ha rechazado alguna vez definirse como un “verdadero artista”, considera que su labor se acerca más a la artesanía. Pero sí admite otra etiqueta: “Soy un perfeccionista”. Tanto que pide que la entrevista se realice por escrito: anda en un nuevo proyecto “realmente enorme”, la carga de trabajo y los plazos le tienen “exhausto” y confiesa que su tentación fue contestar “ahora no”. Accede, finalmente, porque el intercambio de mensajes le permite responder cuando se sienta “cómodo”.
“Recuerdo el momento en que me di cuenta de que esto se convirtió en mi trabajo. Fue cuando una vez un periodista me preguntó por mi carrera. Pensé: ‘Ah, espérate, ¿es mi carrera?’. Nunca quise convertirme en un diseñador, simplemente he querido crear juegos”, apunta. Los primeros nacieron durante su infancia en Jihlava. Pero, poco a poco, resultó que no era solo una pasión de niño. Hasta que, en 1997, Arena: morituri te salutant supuso su debut en el mercado. Entre gladiadores y peleas, ya se vislumbraba lo que vendría: Chvátil cuenta que en aquella época jugaba a muchos títulos de rol, quiso crear un sistema de combate realista, pero terminó tan enfrascado que generó una obra ad hoc. Tan extraña que uno de los editores le planteó: “No lo entiendo. Si hay un dado, ¿por qué nunca se lanza?”.

Dice que las ideas le vienen cada vez que ve “un potencial inutilizado”. Y que va experimentando para no aburrirse: con un equipo obligado a colaborar para sobrevivir en Space Alert; imaginando una competición entre diablillos por la mejor tienda de mascotas en Dungeon Petz; creando una gigantesca epopeya bélica y fantástica en Mage Knights.
Hace dos décadas Chvátil se volvió editor, al frente de Czech Games Edition: allí aprendió a poner freno a su impulso creativo cuando hay otro autor al frente. Así que siempre está probando, diseñando, publicando. Y, al mismo tiempo, tal vez saque influencias de otros ámbitos culturales: cuenta que lee, ve películas o series, acude a teatros o conciertos, disfruta de los videojuegos, que también desarrolla. “¿Qué es un buen juego? ¿Uno con muchos usuarios, buenas ventas, valoraciones altas o que permanezca en la memoria? No quiero decidir cuál lo es, o no. No hay elementos particulares que tenga que incluir, siempre y cuando haya gente a la que le guste”, matiza.
Mucha, en su caso. Devir, su editora en España, presume de que Chvátil cuenta con “no menos de 10 grandes títulos”. Es probable que Código secreto, de 2015, sea el más famoso: al parecer ese proyecto tambiénconsiguió que la madre del autor entendiera por fin a qué se dedicaba su hijo. Pero el creador checo coloca el hito que revolucionó su trayectoria una década antes. Necesitó cientos y cientos de horas de trabajo. Lo testeó sin parar durante el proceso. No había otra forma de conseguir que se pudiera jugar al recorrido entero de la civilización.

Porque una partida de Through the Ages va desde el amanecer de la humanidad hasta el triunfo de la informática. Hay, pues, decenas de cartas y cientos de opciones: aparecen figuras como Julio César, Einstein, Bach o Robespierre, variables como la llegada de la imprenta, el orgullo nacional, la corrupción o el método científico. La historia universal, básicamente, metida en una caja. Dos décadas después, su magnitud aún abruma. Aunque la mirada actualizada también permite detectar ausencias: de la mitad femenina del mundo, con excepciones como Juana de Arco y Angela Merkel; y de un enfoque menos centrado en Occidente. “Me di cuenta de que era algo especial cuando uno de mis amigos, al que nunca le gustaban obras largas, le dedicó cinco horas y quiso empezarlo de nuevo. Supuso un cambio importante en mi vida: con varios amigos, decidimos que crear juegos de mesa fuera nuestra forma de ganarnos la vida”, apunta su autor.
En ello sigue. Y fiel a su método. Ahora Chvátil está plenamente volcado en que cada aspecto de su nuevo juego “sea lo mejor posible”. Y dice que, en este caso, sí está codiseñando: “Al principio hubo muchas llamadas y reuniones de tormentas de ideas, pero fue divertido y estoy contento con el resultado”. Sostiene que el proyecto podría ocuparle “fácilmente 30 horas al día”, si las tuviera. Porque cada minuto libre cuenta.
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