
La madre de Rafael Azcona, como contaba el propio escritor y guionista, era incapaz de disfrutar de los buenos y escasos momentos que le deparaba la vida. Cuando algo era alabado por el resto de la familia, por ejemplo, la calidad del plato de lentejas que había preparado, su comentario solía ser: “Ya lo pagaremos”. Algo similar ocurre con las secuelas y precuelas de la estupenda La casa de papel, sin duda una de las producciones televisivas de mayor éxito crítico y popular y que, al menos en parte, llega a su fin por la exigencia de Pedro Alonso (Berlín para los papeleros caseros) de acabar ya con el personaje antes de que el personaje acabe con él. Netflix ofrece en la actualidad la segunda de las producciones basadas en él: Berlín y la dama del armiño.
En la industria audiovisual resulta impensable desaprovechar un éxito: si algo triunfa, hay que exprimirlo hasta la saciedad
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En la industria audiovisual resulta impensable desaprovechar un éxito: si algo triunfa, hay que exprimirlo hasta la saciedad


La madre de Rafael Azcona, como contaba el propio escritor y guionista, era incapaz de disfrutar de los buenos y escasos momentos que le deparaba la vida. Cuando algo era alabado por el resto de la familia, por ejemplo, la calidad del plato de lentejas que había preparado, su comentario solía ser: “Ya lo pagaremos”. Algo similar ocurre con las secuelas y precuelas de la estupenda La casa de papel, sin duda una de las producciones televisivas de mayor éxito crítico y popular y que, al menos en parte, llega a su fin por la exigencia de Pedro Alonso (Berlín para los papeleros caseros) de acabar ya con el personaje antes de que el personaje acabe con él. Netflix ofrece en la actualidad la segunda de las producciones basadas en él: Berlín y la dama del armiño.
Sabido es que el éxito excesivo puede reconvertirse en el principio del fin y, si no, que se lo pregunten al prácticamente desconocido Jim Parsons, que dio vida al enormemente conocido Sheldon Cooper de The Big Bang Theory y del que poco o nada se sabe salvo por las continuas reposiciones de la divertida serie de frikis.
Y es que en la industria audiovisual resulta impensable desaprovechar un éxito: si algo triunfa, hay que exprimirlo hasta la saciedad. Al fin y al cabo ya lo explicó el inevitablemente citado de nuevo Rafael Azcona —la sabiduría vital es lo que tiene—: “Si el cine fuera rentable, sería del Banco de Santander”. Y de esta forma llegamos al fin de una de las precuelas o secuelas de uno de los personajes clave de una serie de éxito.
Lo que sí está claro es que cualquier producción televisiva es un salto al vacío que puede acabar en un desastre o convertir al responsable en un nuevo multimillonario. Claro que si hablamos de gente poderosa, muy poderosa, habrá que citar a Adolfo Novak, el patriarca de una de las familias más ricas de España y protagonista de El homenaje, serie que para bien o para mal fue la última en la que trabajó Eusebio Poncela, el inolvidable protagonista de la muy recordada Arrebato. La exhibe SkyShowtime con un reparto muy similar al de la anterior Maticesy esa proclividad o atracción que siente Sergio Cánovas por situar sus historias entre las familias latifundistas.
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