El jefe de Nvidia, Jensen Huang, se comporta como un vendedor de coches que despacha un modelo de éxito. Ve clientes ansiosos por hacerse con capacidad de computación, pero sabe que cada vez son menos los que pueden pagarla. La solución: reunir a los bolsillos más profundos de Wall Street para que aporten unos 433.000 millones de euros con los que financiar a los compradores. Es una operación astuta que también deja a la vista la inquietud por el coste creciente de la inteligencia artificial.
El CEO de Nvidia ha montado una plataforama de financiaciónpara que sus clientes puedan seguir comprando sus chips
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
El CEO de Nvidia ha montado una plataforama de financiaciónpara que sus clientes puedan seguir comprando sus chips

El jefe de Nvidia, Jensen Huang, se comporta como un vendedor de coches que despacha un modelo de éxito. Ve clientes ansiosos por hacerse con capacidad de computación, pero sabe que cada vez son menos los que pueden pagarla. La solución: reunir a los bolsillos más profundos de Wall Street para que aporten unos 433.000 millones de euros con los que financiar a los compradores. Es una operación astuta que también deja a la vista la inquietud por el coste creciente de la inteligencia artificial.
Los grandes constructores de centros de datos se acercan a sus límites financieros. Alphabet, Amazon.com, Meta Platforms, Microsoft y Oracle gastarán este año alrededor de 650.000 millones de euros, el equivalente al 38% de sus ingresos, según las previsiones de S&P Global Ratings. Algunos ya están quemando caja.
Las nuevas promesas de gasto también ponen nerviosos a los accionistas. La deuda que emiten los gigantes tecnológicos no deja de encarecerse, y el coste de asegurarse contra su impago va al alza.
La situación es incómoda para Huang. Los hyperscalers son grandes consumidores del silicio de Nvidia y, además, sus calificaciones crediticias son las que en última instancia respaldan las compras del resto de operadores de granjas de servidores. Para tapar ese agujero, Nvidia dirigirá ahora a sus compradores —entre ellos laboratorios de IA sin rating, como OpenAI, y neoclouds como CoreWeave— hacia proveedores de capital de primera fila. Los socios, presentados el lunes, son Apollo Global Management, BlackRock, Blackstone, Brookfield, Goldman Sachs y KKR.
Sus préstamos serán a medida, pero irán garantizados por los productos de Nvidia. La garantía no se limitará a sus omnipresentes procesadores gráficos: alcanzará también a otros equipos de los armarios de servidores. Según el proyecto, el fabricante de chips, valorado en 4,6 billones de euros, podrá avalar hasta el 25% del colateral con base en el valor residual. La mayor parte de los fondos procederá de aseguradoras y de inversores en crédito e infraestructuras; las gestoras prevén además componentes de capital o híbridos.
Todo el plan depende de que los productos de Nvidia mantengan su aceptación generalizada como estándar del sector, con un valor lo bastante conocido como para financiarlo con seguridad e incluso revenderlo si un cliente impaga. En cierto modo, replica el mercado de 113.000 millones de euros de los préstamos para coches titulizados. Al fin y al cabo, los vehículos se embargan con facilidad y se colocan a otros conductores.
El respaldo de Huang apunta, sin embargo, a preocupaciones crecientes. Aunque la cifra del titular es aspiracional, con huecos por rellenar en los memorandos de entendimiento, todo indica que trata de ensanchar el mercado. Igual que los préstamos para automóviles están al alcance de clientes con peor historial crediticio, lo mismo puede ocurrir ahora con los compradores de equipos para centros de datos que quieran endeudarse. El arreglo se volverá cada vez más problemático si aparecen rivales solventes o si los réditos esperados de la IA se desinflan. Para Nvidia, el reto será que sus chips sigan siendo tan fiables como una pickup de Ford.
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