El clásico en el que Mourinho se atreve con Arda Güler y Bernardo Silva juntos

A los fotógrafos les interesó mucho más el barbudo José Mourinho que Hansi Flick. Hacía 13 años que el técnico portugués no aparecía por la banda del Camp Nou. Se despidió entonces con una victoria y regresó por donde se fue, con un triunfo en el minuto 88 en una noche llamada a invertir la pesadumbre y el pesimismo que apelmaza a los blancos desde hace dos temporadas completas.

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 El técnico portugués confirma su giro de los últimos choques y alinea de inicio a sus dos medios más finos  

A los fotógrafos les interesó mucho más el barbudo José Mourinho que Hansi Flick. Hacía 13 años que el técnico portugués no aparecía por la banda del Camp Nou. Se despidió entonces con una victoria y regresó por donde se fue, con un triunfo en el minuto 88 en una noche llamada a invertir la pesadumbre y el pesimismo que apelmaza a los blancos desde hace dos temporadas completas.

BarcelonaBAR

1

Raphinha 60′

Barcelona

Real MadridREA

2

Mbappé 40′, 86′

Real Madrid

En una velada tan peliaguda como la que le aguardaba al Madrid, Mou no recurrió a la planta cementera de Tchouameni y Valverde en el doble pivote, ni a ninguna fórmula similar, sino que optó por dulcificar la mezcla e introducir pies finos. Mantuvo al francés, sí, pero lo juntó con Bernardo Silva en el eje. Y un poco por delante, Arda Güler, con el uruguayo de nuevo en el lateral derecho. Una combinación que puso en órbita en el once inicial a los dos pies más finos de la plantilla a la hora de crear. Desde hace dos semanas, desde el mal trago en Roma con la unión de Tchouameni-Valverde, la libreta del portugués se fue abriendo a otros aires. En todo caso, quedaba el interrogante de qué haría en una cita como esta, si volvería a sus orígenes más duros o confirmaría su apertura. E hizo lo segundo.

Dentro de lo que tiene en el vestuario, tiró por la parte estilística ante un Barcelona del que siempre se espera una presión que estruja las vías de respiración y con líneas altas. No colocó a Bernardo y Güler a la misma altura, sino que los escalonó. Suficiente, en todo caso, para confirmar el punto de inflexión en las alineaciones de Mou. Fue la misma elección que el miércoles ante el Leipzig después de no coincidir ambos de arranque desde las dos primeras jornadas, ante el Espanyol y Real Sociedad.

“Combinar talentos nos da más que tener dos jugadores parecidos [en el doble pivote]”, se arrancó Mou en su explicación sobre cómo han cambiado sus elecciones después de Roma. “Bernardo-Güler [juntos en el eje] no lo hago o solo en situaciones de emergencia [como en el tramo final del Olímpico]. Camavinga y Tchouameni, también solo en momentos específicos. Me está gustando la mezcla de talentos, nos da equilibrio para defender y calidad para la organización ofensiva”, expuso el técnico. La presencia de Tchouameni al lado de un perfil más organizador (Bernardo) le aportó a Mourinho el equilibrio suficiente para continuar por ese camino, incluso con Güler por delante.

De momento, al turco le falta todavía un punto de cocción a ojos de Mourinho para ubicarse en el eje sí o sí. Prefirió ahí a Silva mientras que el otomano se ubicó una altura por delante y partiendo desde la derecha. Él fue el que más disparó a portería de los suyos (tres veces), el que más ocasiones creó (dos) y el que más centros intentó (ocho). Y cuando se le agotó el depósito a Bernardo, de 32 años y sin muchos kilómetros en las piernas esta campaña, acabó relevado por Camavinga en el 80, que dejó la acción del 1-2.

La apuesta por los dos tuvo también su parte simbólica por lo que había enfrente: Rodri Hernández, el pivote campeón del mundo que sonó para el Madrid, pero eligió al Barcelona. Lo que el equipo blanco pondría enfrente del español tenía su morbo y Mourinho dispuso sus perfiles más jugones.

El 0-1 de Mbappé, que llegó a su tanto número 100 con el Madrid, apuntaló a un conjunto que había ido adquiriendo más peso con el paso del minutero. Un gol logrado casi en un rebote tras el despeje de Gerard Martín, pero cosido pase a pase hasta que la pelota llegó a la orilla de Yan Diomande, un martillo pilón toda la cita. Con el sancionado Vinicius en el sofá de casa por segundo partido consecutivo de Liga y preguntándose por la vida (le quedan todavía dos más fuera de circulación), el primer beneficio que ofreció el marfileño fue el tajo para correr hacia atrás en una orilla donde más arriba aparecía Lamine Yamal. Al aspirante al Balón de Oro lo esposó muy bien Cucurella.

Pero más allá del equilibrio que aportó su despliegue, el extremo de los 140 millones fue un pájaro carpintero por la derecha y también cuando se metió hacia el centro. Si la cita servía para medir su cuajo y personalidad para afrontar una jornada de este tonelaje, la noche resultó feliz para él, que sube enteros en la medida en la que Vini continúa con su hundimiento. El africano se ofreció, bajó, regateó y amenazó en el clásico que Güler y Bernardo arrancaron juntos.

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