Cuando rodé cierta película, quise meter en un plano un muñeco de infancia. En todo lo que he hecho ha tenido apariciones estelares en alguna mesilla o estantería. Incluso sale, aunque inapreciable, en la película Open Windows de Nacho Vigalondo. El muñeco concreto que quería meter es un payasito bebé calvo con rodapié, maquillado de payaso y con los ojos muy separados, diminutos y negros. Ante mi petición, el equipo de arte me dijo que lo tenía que mirar.
No es comprensible que el cine se esté convirtiendo en una maraña burocrática donde se crean procesos con la única finalidad de crear puestos de trabajo para agentes que no aportan nada
Cuando rodé cierta película, quise meter en un plano un muñeco de infancia. En todo lo que he hecho ha tenido apariciones estelares en alguna mesilla o estantería. Incluso sale, aunque inapreciable, en la película Open Windows de Nacho Vigalondo. El muñeco concreto que quería meter es un payasito bebé calvo con rodapié, maquillado de payaso y con los ojos muy separados, diminutos y negros. Ante mi petición, el equipo de arte me dijo que lo tenía que mirar.
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