Bèstia ha dejado de ser únicamente uno de esos pequeños locales del Barri Vell de Girona que corren de boca en boca entre aficionados al vino y a la cocina informal. Este verano ha dado el salto a S’Agaró con una segunda casa que mantiene la filosofía original de cocina informal para compartir , pero la adapta al Mediterráneo con más protagonismo los arroces, los moluscos, pescados y una terraza que se ha convertido en uno de sus grandes argumentos.El proyecto vuelve a llevar la firma de Martín Sabbatini, cocinero y sumiller argentino afincado en Girona, con la incorporación como socio y director a David Puertas Rojas, joven profesional de Platja d’Aro perteneciente a una familia vinculada desde hace más de dos generaciones a la restauración de la Costa Brava. Ambos han construido en la Avinguda de Platja d’Aro, 291, una versión «corregida y aumentada» del Bèstia gerundense . La fórmula continúa siendo aparentemente sencilla a partir de buena materia prima, técnica de base clásica, emplatados sin solemnidad, vinos de mínima intervención y un servicio de sala que busca acompañar antes que imponer.El establecimiento, que abrió el 5 de junio tras una profunda reforma del local, ha cosechado un fulgurante éxito de público, atraído por la novedad y también por el enorme letrero, del tamaño de una valla publicitaria, que encabeza el edificio donde se ubica. Pero Bèstia en S’Agaró no es un restaurante estacional. «Llegamos para quedarnos» , resume Puertas Rojas, que ya piensa en cómo evolucionará la carta cuando el calor deje paso a los productos de otoño, además de emprender una redecoración de la sala interior, con capacidad para 32 comensales. Del Barri Vell al MediterráneoBèstia nació en Girona en 2022 como bar de vinos naturales y de mínima intervención, con pequeños productores, referencias artesanales y una cocina mediterránea contemporánea muy condicionada entonces por las reducidas dimensiones de sus fogones. La limitación terminó convirtiéndose en virtud. Sabbatini apostó por platillos directos, sabrosos y reconocibles, con mucha base clásica pero presentados sin protocolos . A esa cocina añadió una bodega con personalidad propia, hasta construir un equilibrio poco habitual entre la parte sólida y la líquida de la experiencia. En S’Agaró la idea se mantiene, pero gana espacio y mar.La ubicación en plena Costa Brava permite que la carta mire más al Mediterráneo. Las anchoas aliñadas con buen aceite resumen esa voluntad de no complicar un producto cuando no lo necesita. Los mejillones se presentan con limón, ajo quemado y vino blanco. El arroz del senyoret del Molí de Pals se sirve «a la llauna» con mejillones, sepia, gamba y all i oli cítrico a un precio imbatible de 18 euros. También tienen un tartar de atún fresco aliñado con ponzu, miso y aceite de sésamo, terminado con wasabi fresco rallado al momento. La relación calidad-precio está muy equilibrada en toda la carta y a mediodía triunfa un menú por 28,5 euros con cuatro primeros a elegir, otros 4 principales más postre y bebida. Todos los platos del menú están en la carta, incluido el arroz del senyoret todo pelado.El croissant que viaja desde GironaLos habituales del Bèstia original encuentran en S’Agaró varios de sus platos más reconocibles. Entre ellos destaca el croissant de La Puntual relleno de carrillera de cerdo, crema agria, piparra y cilantro , una combinación que ejemplifica bien esa mezcla de alta intensidad gustativa y apariencia informal que caracteriza la casa.También destacan en S’Agaró los puerros confitados con virutas de jamón de bellota, burrata, pesto de pistachos y aceite de albahaca , así como una ensalada de tomates de temporada, cebolla y helado de piparra vasca de lo más refrescante, o unas croquetas de costilla de ternera cocinada con salsa de berenjena ahumada, además de una berenjena con miso, ajo blanco, emulsión de ajo negro y almendras tostadas que quita el hipo.Pero la propuesta no pretende pivotar alrededor de una colección de éxitos. La temporada y el mercado determinará buena parte de los fuera de carta. La intención es que quien vuelva encuentre algunos clásicos, pero no necesariamente la misma comida. Ese dinamismo constituye una de las claves del proyecto, porque Bèstia quiere comportarse más como un restaurante vivo que como una carta cerrada.Setenta vinos para empezarLa misma filosofía se traslada a la copa. La carta de vinos está diseñada por Alberto Soto, sumiller del Bèstia de Girona, y ha arrancado en S’Agaró con alrededor de 70 referencias nacionales y locales que irán aumentando progresivamente, puesto que en la casa madre disponen de aproximadamente 380 etiquetas . La intención es trabajar también con botellas fuera de carta, incorporaciones estacionales y pequeños productores que permitan que la bodega cambie con frecuencia.El concepto de «vinos libres» no pretende convertirse aquí en una etiqueta ideológica. Bèstia busca productores éticos, artesanales y próximos siempre que sea posible, además de vinos naturales o de mínima intervención que mantengan identidad y equilibrio, de modo que la gastronomía líquida tenga la misma importancia que la cocina. No se trata de crear primero los platos y buscar después algo con qué acompañarlos, sino de entender comida y vino como dos partes de una misma conversación. Recomendable comenzar con un blanco de la variedad alemana riesling y finalizar con un Akilia de uva mencía del Bierzo, un vino muy fresco pese a ser tinto.Un cocinero que terminó enamorado de la salaLa trayectoria de Martín Sabbatini ayuda a explicar esa mirada poco ortodoxa. Arquitecto de formación, comenzó a estudiar cocina en la escuela Hofmann de Barcelona casi como una forma de ocupar tiempos muertos de su actividad profesional. Acabó haciendo prácticas en La Mundana, pasó por el restaurante Hofmann y por otras cocinas de Barcelona hasta que la pandemia le llevó a Girona. En la Costa Brava ejerció como jefe de cocina en el Club Nàutic de Palamós , una etapa especialmente importante para adquirir conocimiento de pescados y producto marino. Cuando en 2022 apareció el pequeño local que acabaría convirtiéndose en Bèstia Girona, decidió apostar por una combinación muy concreta: vino y platillos sabrosos sin complicaciones. Con el tiempo ha descubierto además otra vocación: la sala.Ahora Sabbatini pasa buena parte del servicio en contacto directo con los clientes, convencido de que la informalidad no puede confundirse con desatención. Bèstia prescinde de determinados protocolos clásicos , pero ofrece un servicio atento, conocedor del producto y pendiente del ritmo de cada mesa.David Puertas vuelve a casaLa incorporación de David Puertas Rojas aporta al nuevo establecimiento de S’Agaró una conexión todavía más directa al ser oriundo de Platja d’Aro. Con 26 años, pertenece a una saga hostelera iniciada por su abuelo Miguel con chiringuitos en la cala Sa Conca . Puertas Rojas creció prácticamente dentro del sector y empezó trabajando de apoyo durante los veranos en los establecimientos familiares.Posteriormente estudió Sumillería y Gestión de Restaurantes y adquirió experiencia profesional fuera del negocio familiar. Hace dos años conoció a Sabbatini mientras ambos profundizaban en sus conocimientos de sumillería. La afinidad profesional hizo el resto. Su incorporación convierte el desembarco de Bèstia en S’Agaró en algo más que una sucursal , porque el establecimiento de la costa se ha ganado el favor del público en solo tres meses, tanto en servicios de mediodía como de noche, mientras la casa madre trabaja exclusivamente las cenas. Ahora, los dos socios reivindican un proyecto conjunto, con raíces locales y pensado para evolucionar a largo plazo.Una terraza para disfrutar sin relojEl nuevo local conserva algunas señales reconocibles del Bèstia gerundense: techos altos, dobles alturas y especialmente una terraza que ejerce de auténtico corazón del restaurante. La Costa Brava invita a prolongar las comidas , convertir la cena en sobremesa y la sobremesa en otra botella. Bèstia no esconde esa vocación hedonista.De hecho, la palabra «disfrutones» utilizada por sus responsables describe mejor la propuesta que cualquier etiqueta de alta gastronomía. Hay oficio, técnica y producto, pero se intenta que todo ello permanezca detrás del plato en lugar de reclamar protagonismo. El ticket medio ronda los 35 euros por persona , una franja que sitúa al establecimiento en un terreno especialmente interesante, al ofrecer cocina elaborada sin entrar en la liturgia ni en los precios de la restauración gastronómica de menú largo.Una Bèstia con sabor a Costa BravaS’Agaró cuenta con una larga tradición de restauración ligada al veraneo, pero el nuevo Bèstia intenta apartarse tanto del restaurante formal de hotel como de la fórmula puramente estacional . Su propuesta se mueve en un territorio más contemporáneo: cocina reconocible sin rigidez, producto local, cierta irreverencia en los platos, vinos con personalidad y una sala cercana. El Mediterráneo pone el resto.Si el Bèstia de Girona nació condicionado por una cocina diminuta y acabó encontrando ahí su personalidad, el de S’Agaró dispone ahora de espacio, terraza y mar para demostrar hasta dónde puede crecer aquella intuición inicial. Y quizá ese sea precisamente el reto de este primer verano: ampliar la casa sin domesticar a la Bèstia . Bèstia ha dejado de ser únicamente uno de esos pequeños locales del Barri Vell de Girona que corren de boca en boca entre aficionados al vino y a la cocina informal. Este verano ha dado el salto a S’Agaró con una segunda casa que mantiene la filosofía original de cocina informal para compartir , pero la adapta al Mediterráneo con más protagonismo los arroces, los moluscos, pescados y una terraza que se ha convertido en uno de sus grandes argumentos.El proyecto vuelve a llevar la firma de Martín Sabbatini, cocinero y sumiller argentino afincado en Girona, con la incorporación como socio y director a David Puertas Rojas, joven profesional de Platja d’Aro perteneciente a una familia vinculada desde hace más de dos generaciones a la restauración de la Costa Brava. Ambos han construido en la Avinguda de Platja d’Aro, 291, una versión «corregida y aumentada» del Bèstia gerundense . La fórmula continúa siendo aparentemente sencilla a partir de buena materia prima, técnica de base clásica, emplatados sin solemnidad, vinos de mínima intervención y un servicio de sala que busca acompañar antes que imponer.El establecimiento, que abrió el 5 de junio tras una profunda reforma del local, ha cosechado un fulgurante éxito de público, atraído por la novedad y también por el enorme letrero, del tamaño de una valla publicitaria, que encabeza el edificio donde se ubica. Pero Bèstia en S’Agaró no es un restaurante estacional. «Llegamos para quedarnos» , resume Puertas Rojas, que ya piensa en cómo evolucionará la carta cuando el calor deje paso a los productos de otoño, además de emprender una redecoración de la sala interior, con capacidad para 32 comensales. Del Barri Vell al MediterráneoBèstia nació en Girona en 2022 como bar de vinos naturales y de mínima intervención, con pequeños productores, referencias artesanales y una cocina mediterránea contemporánea muy condicionada entonces por las reducidas dimensiones de sus fogones. La limitación terminó convirtiéndose en virtud. Sabbatini apostó por platillos directos, sabrosos y reconocibles, con mucha base clásica pero presentados sin protocolos . A esa cocina añadió una bodega con personalidad propia, hasta construir un equilibrio poco habitual entre la parte sólida y la líquida de la experiencia. En S’Agaró la idea se mantiene, pero gana espacio y mar.La ubicación en plena Costa Brava permite que la carta mire más al Mediterráneo. Las anchoas aliñadas con buen aceite resumen esa voluntad de no complicar un producto cuando no lo necesita. Los mejillones se presentan con limón, ajo quemado y vino blanco. El arroz del senyoret del Molí de Pals se sirve «a la llauna» con mejillones, sepia, gamba y all i oli cítrico a un precio imbatible de 18 euros. También tienen un tartar de atún fresco aliñado con ponzu, miso y aceite de sésamo, terminado con wasabi fresco rallado al momento. La relación calidad-precio está muy equilibrada en toda la carta y a mediodía triunfa un menú por 28,5 euros con cuatro primeros a elegir, otros 4 principales más postre y bebida. Todos los platos del menú están en la carta, incluido el arroz del senyoret todo pelado.El croissant que viaja desde GironaLos habituales del Bèstia original encuentran en S’Agaró varios de sus platos más reconocibles. Entre ellos destaca el croissant de La Puntual relleno de carrillera de cerdo, crema agria, piparra y cilantro , una combinación que ejemplifica bien esa mezcla de alta intensidad gustativa y apariencia informal que caracteriza la casa.También destacan en S’Agaró los puerros confitados con virutas de jamón de bellota, burrata, pesto de pistachos y aceite de albahaca , así como una ensalada de tomates de temporada, cebolla y helado de piparra vasca de lo más refrescante, o unas croquetas de costilla de ternera cocinada con salsa de berenjena ahumada, además de una berenjena con miso, ajo blanco, emulsión de ajo negro y almendras tostadas que quita el hipo.Pero la propuesta no pretende pivotar alrededor de una colección de éxitos. La temporada y el mercado determinará buena parte de los fuera de carta. La intención es que quien vuelva encuentre algunos clásicos, pero no necesariamente la misma comida. Ese dinamismo constituye una de las claves del proyecto, porque Bèstia quiere comportarse más como un restaurante vivo que como una carta cerrada.Setenta vinos para empezarLa misma filosofía se traslada a la copa. La carta de vinos está diseñada por Alberto Soto, sumiller del Bèstia de Girona, y ha arrancado en S’Agaró con alrededor de 70 referencias nacionales y locales que irán aumentando progresivamente, puesto que en la casa madre disponen de aproximadamente 380 etiquetas . La intención es trabajar también con botellas fuera de carta, incorporaciones estacionales y pequeños productores que permitan que la bodega cambie con frecuencia.El concepto de «vinos libres» no pretende convertirse aquí en una etiqueta ideológica. Bèstia busca productores éticos, artesanales y próximos siempre que sea posible, además de vinos naturales o de mínima intervención que mantengan identidad y equilibrio, de modo que la gastronomía líquida tenga la misma importancia que la cocina. No se trata de crear primero los platos y buscar después algo con qué acompañarlos, sino de entender comida y vino como dos partes de una misma conversación. Recomendable comenzar con un blanco de la variedad alemana riesling y finalizar con un Akilia de uva mencía del Bierzo, un vino muy fresco pese a ser tinto.Un cocinero que terminó enamorado de la salaLa trayectoria de Martín Sabbatini ayuda a explicar esa mirada poco ortodoxa. Arquitecto de formación, comenzó a estudiar cocina en la escuela Hofmann de Barcelona casi como una forma de ocupar tiempos muertos de su actividad profesional. Acabó haciendo prácticas en La Mundana, pasó por el restaurante Hofmann y por otras cocinas de Barcelona hasta que la pandemia le llevó a Girona. En la Costa Brava ejerció como jefe de cocina en el Club Nàutic de Palamós , una etapa especialmente importante para adquirir conocimiento de pescados y producto marino. Cuando en 2022 apareció el pequeño local que acabaría convirtiéndose en Bèstia Girona, decidió apostar por una combinación muy concreta: vino y platillos sabrosos sin complicaciones. Con el tiempo ha descubierto además otra vocación: la sala.Ahora Sabbatini pasa buena parte del servicio en contacto directo con los clientes, convencido de que la informalidad no puede confundirse con desatención. Bèstia prescinde de determinados protocolos clásicos , pero ofrece un servicio atento, conocedor del producto y pendiente del ritmo de cada mesa.David Puertas vuelve a casaLa incorporación de David Puertas Rojas aporta al nuevo establecimiento de S’Agaró una conexión todavía más directa al ser oriundo de Platja d’Aro. Con 26 años, pertenece a una saga hostelera iniciada por su abuelo Miguel con chiringuitos en la cala Sa Conca . Puertas Rojas creció prácticamente dentro del sector y empezó trabajando de apoyo durante los veranos en los establecimientos familiares.Posteriormente estudió Sumillería y Gestión de Restaurantes y adquirió experiencia profesional fuera del negocio familiar. Hace dos años conoció a Sabbatini mientras ambos profundizaban en sus conocimientos de sumillería. La afinidad profesional hizo el resto. Su incorporación convierte el desembarco de Bèstia en S’Agaró en algo más que una sucursal , porque el establecimiento de la costa se ha ganado el favor del público en solo tres meses, tanto en servicios de mediodía como de noche, mientras la casa madre trabaja exclusivamente las cenas. Ahora, los dos socios reivindican un proyecto conjunto, con raíces locales y pensado para evolucionar a largo plazo.Una terraza para disfrutar sin relojEl nuevo local conserva algunas señales reconocibles del Bèstia gerundense: techos altos, dobles alturas y especialmente una terraza que ejerce de auténtico corazón del restaurante. La Costa Brava invita a prolongar las comidas , convertir la cena en sobremesa y la sobremesa en otra botella. Bèstia no esconde esa vocación hedonista.De hecho, la palabra «disfrutones» utilizada por sus responsables describe mejor la propuesta que cualquier etiqueta de alta gastronomía. Hay oficio, técnica y producto, pero se intenta que todo ello permanezca detrás del plato en lugar de reclamar protagonismo. El ticket medio ronda los 35 euros por persona , una franja que sitúa al establecimiento en un terreno especialmente interesante, al ofrecer cocina elaborada sin entrar en la liturgia ni en los precios de la restauración gastronómica de menú largo.Una Bèstia con sabor a Costa BravaS’Agaró cuenta con una larga tradición de restauración ligada al veraneo, pero el nuevo Bèstia intenta apartarse tanto del restaurante formal de hotel como de la fórmula puramente estacional . Su propuesta se mueve en un territorio más contemporáneo: cocina reconocible sin rigidez, producto local, cierta irreverencia en los platos, vinos con personalidad y una sala cercana. El Mediterráneo pone el resto.Si el Bèstia de Girona nació condicionado por una cocina diminuta y acabó encontrando ahí su personalidad, el de S’Agaró dispone ahora de espacio, terraza y mar para demostrar hasta dónde puede crecer aquella intuición inicial. Y quizá ese sea precisamente el reto de este primer verano: ampliar la casa sin domesticar a la Bèstia .
Bèstia ha dejado de ser únicamente uno de esos pequeños locales del Barri Vell de Girona que corren de boca en boca entre aficionados al vino y a la cocina informal. Este verano ha dado el salto a S’Agaró con una segunda casa que … mantiene la filosofía original de cocina informal para compartir, pero la adapta al Mediterráneo con más protagonismo los arroces, los moluscos, pescados y una terraza que se ha convertido en uno de sus grandes argumentos.
El proyecto vuelve a llevar la firma de Martín Sabbatini, cocinero y sumiller argentino afincado en Girona, con la incorporación como socio y director a David Puertas Rojas, joven profesional de Platja d’Aro perteneciente a una familia vinculada desde hace más de dos generaciones a la restauración de la Costa Brava. Ambos han construido en la Avinguda de Platja d’Aro, 291, una versión «corregida y aumentada» del Bèstia gerundense. La fórmula continúa siendo aparentemente sencilla a partir de buena materia prima, técnica de base clásica, emplatados sin solemnidad, vinos de mínima intervención y un servicio de sala que busca acompañar antes que imponer.
El establecimiento, que abrió el 5 de junio tras una profunda reforma del local, ha cosechado un fulgurante éxito de público, atraído por la novedad y también por el enorme letrero, del tamaño de una valla publicitaria, que encabeza el edificio donde se ubica. Pero Bèstia en S’Agaró no es un restaurante estacional. «Llegamos para quedarnos», resume Puertas Rojas, que ya piensa en cómo evolucionará la carta cuando el calor deje paso a los productos de otoño, además de emprender una redecoración de la sala interior, con capacidad para 32 comensales.
Del Barri Vell al Mediterráneo
Bèstia nació en Girona en 2022 como bar de vinos naturales y de mínima intervención, con pequeños productores, referencias artesanales y una cocina mediterránea contemporánea muy condicionada entonces por las reducidas dimensiones de sus fogones. La limitación terminó convirtiéndose en virtud. Sabbatini apostó por platillos directos, sabrosos y reconocibles, con mucha base clásica pero presentados sin protocolos. A esa cocina añadió una bodega con personalidad propia, hasta construir un equilibrio poco habitual entre la parte sólida y la líquida de la experiencia. En S’Agaró la idea se mantiene, pero gana espacio y mar.
La ubicación en plena Costa Brava permite que la carta mire más al Mediterráneo. Las anchoas aliñadas con buen aceite resumen esa voluntad de no complicar un producto cuando no lo necesita. Los mejillones se presentan con limón, ajo quemado y vino blanco. El arroz del senyoret del Molí de Pals se sirve «a la llauna» con mejillones, sepia, gamba y all i oli cítrico a un precio imbatible de 18 euros. También tienen un tartar de atún fresco aliñado con ponzu, miso y aceite de sésamo, terminado con wasabi fresco rallado al momento. La relación calidad-precio está muy equilibrada en toda la carta y a mediodía triunfa un menú por 28,5 euros con cuatro primeros a elegir, otros 4 principales más postre y bebida. Todos los platos del menú están en la carta, incluido el arroz del senyoret todo pelado.
El croissant que viaja desde Girona
Los habituales del Bèstia original encuentran en S’Agaró varios de sus platos más reconocibles. Entre ellos destaca el croissant de La Puntual relleno de carrillera de cerdo, crema agria, piparra y cilantro, una combinación que ejemplifica bien esa mezcla de alta intensidad gustativa y apariencia informal que caracteriza la casa.
También destacan en S’Agaró los puerros confitados con virutas de jamón de bellota, burrata, pesto de pistachos y aceite de albahaca, así como una ensalada de tomates de temporada, cebolla y helado de piparra vasca de lo más refrescante, o unas croquetas de costilla de ternera cocinada con salsa de berenjena ahumada, además de una berenjena con miso, ajo blanco, emulsión de ajo negro y almendras tostadas que quita el hipo.
Pero la propuesta no pretende pivotar alrededor de una colección de éxitos. La temporada y el mercado determinará buena parte de los fuera de carta. La intención es que quien vuelva encuentre algunos clásicos, pero no necesariamente la misma comida. Ese dinamismo constituye una de las claves del proyecto, porque Bèstia quiere comportarse más como un restaurante vivo que como una carta cerrada.
Setenta vinos para empezar
La misma filosofía se traslada a la copa. La carta de vinos está diseñada por Alberto Soto, sumiller del Bèstia de Girona, y ha arrancado en S’Agaró con alrededor de 70 referencias nacionales y locales que irán aumentando progresivamente, puesto que en la casa madre disponen de aproximadamente 380 etiquetas. La intención es trabajar también con botellas fuera de carta, incorporaciones estacionales y pequeños productores que permitan que la bodega cambie con frecuencia.
El concepto de «vinos libres» no pretende convertirse aquí en una etiqueta ideológica. Bèstia busca productores éticos, artesanales y próximos siempre que sea posible, además de vinos naturales o de mínima intervención que mantengan identidad y equilibrio, de modo que la gastronomía líquida tenga la misma importancia que la cocina. No se trata de crear primero los platos y buscar después algo con qué acompañarlos, sino de entender comida y vino como dos partes de una misma conversación. Recomendable comenzar con un blanco de la variedad alemana riesling y finalizar con un Akilia de uva mencía del Bierzo, un vino muy fresco pese a ser tinto.
Un cocinero que terminó enamorado de la sala
La trayectoria de Martín Sabbatini ayuda a explicar esa mirada poco ortodoxa. Arquitecto de formación, comenzó a estudiar cocina en la escuela Hofmann de Barcelona casi como una forma de ocupar tiempos muertos de su actividad profesional. Acabó haciendo prácticas en La Mundana, pasó por el restaurante Hofmann y por otras cocinas de Barcelona hasta que la pandemia le llevó a Girona. En la Costa Brava ejerció como jefe de cocina en el Club Nàutic de Palamós, una etapa especialmente importante para adquirir conocimiento de pescados y producto marino. Cuando en 2022 apareció el pequeño local que acabaría convirtiéndose en Bèstia Girona, decidió apostar por una combinación muy concreta: vino y platillos sabrosos sin complicaciones. Con el tiempo ha descubierto además otra vocación: la sala.
Ahora Sabbatini pasa buena parte del servicio en contacto directo con los clientes, convencido de que la informalidad no puede confundirse con desatención. Bèstia prescinde de determinados protocolos clásicos, pero ofrece un servicio atento, conocedor del producto y pendiente del ritmo de cada mesa.
David Puertas vuelve a casa
La incorporación de David Puertas Rojas aporta al nuevo establecimiento de S’Agaró una conexión todavía más directa al ser oriundo de Platja d’Aro. Con 26 años, pertenece a una saga hostelera iniciada por su abuelo Miguel con chiringuitos en la cala Sa Conca. Puertas Rojas creció prácticamente dentro del sector y empezó trabajando de apoyo durante los veranos en los establecimientos familiares.
Posteriormente estudió Sumillería y Gestión de Restaurantes y adquirió experiencia profesional fuera del negocio familiar. Hace dos años conoció a Sabbatini mientras ambos profundizaban en sus conocimientos de sumillería. La afinidad profesional hizo el resto. Su incorporación convierte el desembarco de Bèstia en S’Agaró en algo más que una sucursal, porque el establecimiento de la costa se ha ganado el favor del público en solo tres meses, tanto en servicios de mediodía como de noche, mientras la casa madre trabaja exclusivamente las cenas. Ahora, los dos socios reivindican un proyecto conjunto, con raíces locales y pensado para evolucionar a largo plazo.
Una terraza para disfrutar sin reloj
El nuevo local conserva algunas señales reconocibles del Bèstia gerundense: techos altos, dobles alturas y especialmente una terraza que ejerce de auténtico corazón del restaurante. La Costa Brava invita a prolongar las comidas, convertir la cena en sobremesa y la sobremesa en otra botella. Bèstia no esconde esa vocación hedonista.
De hecho, la palabra «disfrutones» utilizada por sus responsables describe mejor la propuesta que cualquier etiqueta de alta gastronomía. Hay oficio, técnica y producto, pero se intenta que todo ello permanezca detrás del plato en lugar de reclamar protagonismo. El ticket medio ronda los 35 euros por persona, una franja que sitúa al establecimiento en un terreno especialmente interesante, al ofrecer cocina elaborada sin entrar en la liturgia ni en los precios de la restauración gastronómica de menú largo.
Una Bèstia con sabor a Costa Brava
S’Agaró cuenta con una larga tradición de restauración ligada al veraneo, pero el nuevo Bèstia intenta apartarse tanto del restaurante formal de hotel como de la fórmula puramente estacional. Su propuesta se mueve en un territorio más contemporáneo: cocina reconocible sin rigidez, producto local, cierta irreverencia en los platos, vinos con personalidad y una sala cercana. El Mediterráneo pone el resto.
Si el Bèstia de Girona nació condicionado por una cocina diminuta y acabó encontrando ahí su personalidad, el de S’Agaró dispone ahora de espacio, terraza y mar para demostrar hasta dónde puede crecer aquella intuición inicial. Y quizá ese sea precisamente el reto de este primer verano: ampliar la casa sin domesticar a la Bèstia.
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