Carreño y Jódar en los octavos de París: una reconstrucción y otra dosis de resistencia

Bajo el manto plomizo del cielo de París, los tenistas se desempeñan a fondo y, en algunos casos, se contagian de la pastosidad. En la pista Simonne Mathieu, anexa a los hermosos invernaderos (Jardin des serres) de Auteuil, el duelo entre Rafael Jódar y el estadounidense Alex Michelsen se traduce en un difícil ejercicio de digestión: dos o tres golpes, mucho fallo y al final, mucha pelea. No es día para florituras, desde luego, sino para sobrevivir. Y así lo hace el joven madrileño, que mantiene el vuelo entre vértigos (7-6(2), 6-7(5), 4-6, 6-3 y 6-4, en 4h 16m) y logra el acceso a los octavos de Roland Garros, donde ya le esperaba Pablo Carreño. Efectivamente, Carreño. Cuatro años después, con 34, el gijonés (7-6(0), 7-5, 3-6 y 6-4 a Thiago Agustín Tirante) volverá a la segunda semana de un gran torneo.

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 El asturiano se impone a Tirante (7-6 (0), 7-5, 3-6 y 6-4) y el madrileño se sobrepone al duro cruce con Michelsen (7-6(2), 6-7(5), 4-6, 6-3 y 6-4)  

Bajo el manto plomizo del cielo de París, los tenistas se desempeñan a fondo y, en algunos casos, se contagian de la pastosidad. En la pista Simonne Mathieu, anexa a los hermosos invernaderos de Auteuil, el duelo entre Rafael Jódar y Alex Michelsen se traduce en un difícil ejercicio de digestión: dos o tres golpes y mucho fallo. Poquito más. No es día para florituras, desde luego, sino para sobrevivir. Y así lo hace el joven madrileño, que mantiene el vuelo entre vértigos (7-6(2), 6-7(5), 4-6, 6-3 y 6-4, en 4h 16m) y logra el acceso a los octavos de Roland Garros, donde ya le esperaba Pablo Carreño. Efectivamente, Carreño. Cuatro años después, con 34, el asturiano (7-6 (0), 7-5, 3-6 y 6-4 a Thiago Agustín Tirante) volverá a la segunda semana de un gran torneo.

“Estoy muy orgulloso, esto tengo que celebrarlo. He pasado momentos muy complicados”, comenta después de haber pasado por la ducha y de haberse rehidratado, refiriéndose a las difíciles circunstancias en las que aterrizó en París (“muy justo”), a los tiempos pasados y también a otros que no son tanto. Hasta hace cuatro días, Carreño sufría del hombro y una semana antes de viajar a la capital francesa tuvo que retirarse del challenger de Valencia por las molestias, aunque el tratamiento ha surtido efecto y finalmente ha podido competir. Batió primero al duodécimo del mundo, Jiri Lehecka, y luego se benefició del abandono del australiano Thanasi Kokkinakis; ahora, el argentino Tirante acaba inclinándose en un partido estupendo.

“Ha sido prácticamente perfecto por mi parte. Él es muy bueno en esta superficie, así que sabía que tenía que ser muy agresivo. La táctica me ha funcionado desde el principio, luego perdí un poco la energía, pero después he vuelto bien. He jugado [3h 33m] muy, muy bien”, aprecia el gijonés, extrañado por el estado de la pista, entre contrastes: “Están muy secas, pero esta [la 14] parecía la playa de Luanco… Ni la han regado tras el primer set”. En todo caso, Carreño se cuela de nuevo en la zona franca del torneo y valora su reconstrucción, después de dos años de penurias en los que el codo le obligó a pasar por el quirófano y luego, al regresar, tuvo que rehacer el camino que había hecho antes.

“Se me ha puesto la piel de gallina, porque han sido momentos muy duros. El esfuerzo que tienes que hacer para volver a estar a este nivel y recuperar físicamente lo que un día tuviste, no es fácil… No vine pensando en llegar a la segunda semana, la verdad, así que esto es muy gratificante. El mero hecho de que mi hijo pueda verme jugar hace que ya haya merecido la pena”, prosigue el tenista español, que en su día (2017) llegó a ser top-10, a celebrar un bronce olímpico (2021) y un Masters 1000 (Canadá 2022), y a disputar un par de semifinales en Nueva York y París, donde ahora recupera las buenas vibraciones. Fuera de foco, cayó hasta el puesto 1.052 (abril de 2024) y hoy vuelve: está entre los 70 mejores, el 68º.

Para ello, a Carreño no le quedó otra que bajar al barro de los challengers y maniobrar. Abandonó la academia de Ferrero en Villena (Alicante) y se alistó en el TEC de Carles Ferrer Salat; dejó de trabajar con Samuel López —el técnico actual de Carlos Alcaraz— y se encomendó a Víctor López y Edu Esteve; y se ha mudado de Barcelona a Madrid, donde suele ejercitarse en el Club de Tenis Chamartín y trabaja con el preparador Vicente Calvo, que en su momento contribuyó a que Fernando Verdasco, Feliciano López o Pato Clavet alargasen sus carreras. “La edad ya no perdona”, bromea. “Pero he recuperado la ilusión y ese extra”, continúa antes de referirse a esa nueva ola que ha venido con fuerza, nombre y apellidos.

Traje de guerrillero

Uno de ellos, Jódar, con el que se encontrará el domingo. “No sé qué les dan de comer, pero están viniendo con muchas ganas; con mucha potencia y alegría… Los de mi generación ya estamos pidiendo la hora”. “Coincidí con él en la Davis de Valencia [2024]. Era muy delgadito y sigue así, pero le ha aumentado el cuerpo”, matiza; “entonces ya vimos que jugaba muy bien, con esas palancas que tiene, y que no pierde pista en ningún momento. Ya apuntaba maneras. Al haberse ido a la universidad [de Virginia, en 2025] ha crecido muy apartado de los focos y ha llegado un poquito más escondido, pero ha dado un salto de confianza y de nivel. No le ha temblado la mano. Hizo grandes torneos en Barcelona, Madrid y Roma, y ahora está haciéndolo aquí”.

Así es, pero en un formato diferente. Si el primer día (ante Aleksandar Kovacevic) mantuvo la dinámica de los torneos preparatorios, contra James Duckworth (cuatro sets y 3h 22) y este viernes frente a Michelsen (cinco y más de cuatro horas) ha tenido que lucir el traje de guerrillero: tensión y más tensión, cabeza fría y dura, y arrestos para sobreponerse a un escenario muy peliagudo porque después de haber servido para hacerse con el segundo set, con el que hubiera allanado el terreno, todo se ha torcido. Fluctúan las fuerzas. El rival contragolpea con una apuesta de riesgo y por instantes, le pone contra las cuerdas. Al final, sin embargo, Jódar ruge y hace una X con los brazos, satisfecho “por haberlo dado todo y haber estado ahí”.

De nuevo, una atmósfera más que exigente, con 33° tórridos y sin terminar de dar con las buenas sensaciones. Por momentos hay quienes lo ven eliminado, pero se rehace —baja de marcha, más criterio— y se levanta. El tenis español, por tanto, mantendrá el buen hacer y como viene ocurriendo desde 1981, tendrá al menos un representante en los cuartos de final de Roland Garros. “Es un sueño hecho realidad. Ha sido un partido duro. Lo más importante ha sido estar mentalmente ahí, el haber luchado hasta el último punto”, dice tras un pulso feúcho e impreciso, resuelto con 59 errores no forzados por una parte y 48 y 11 dobles faltas por la suya, compensado todo con los 71 golpes ganadores que firma y, sobre todo, por ese saber agarrarse con todo al torneo. Está caliente. Afea a una ayudante que tarde en darle la bolsa de hielo y empuja a una recogepelotas al irse al vestuario en la transición del cuarto al quinto set.

“Siempre lucho, y eso es lo que he hecho hoy”, cierra tras lograr la segunda victoria a cinco mangas de su carrera, después de la que obtuvo en enero contra el japonés Rei Sakamoto. En dos días, él y Carreño. El que ha venido y el que, supuestamente, había cogido la puerta de salida.

Alex Michelsen

vs

Rafa Jódar

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