Si antes del 1 de septiembre usted bajaba el balón del trastero y, en un día inspirado, se iba al parque de la esquina a darle unos toques, podían caerle algunos millones. Solo tenía que verle la persona adecuada. Así de desquiciado está el mercado, empeñado en abrir una distancia cada vez más ridícula entre el valor del futbolista y su precio. Usted solo tendría que poner cara de merecerlo. Si se ríe, el negocio puede venirse abajo.
El mercado de fichajes se ha convertido en una burbuja donde se pagan precios elevados por futbolistas en los que se depositan expectativas conforme a su precio
Si antes del 1 de septiembre usted bajaba el balón del trastero y, en un día inspirado, se iba al parque de la esquina a darle unos toques, podían caerle algunos millones. Solo tenía que verle la persona adecuada. Así de desquiciado está el mercado, empeñado en abrir una distancia cada vez más ridícula entre el valor del futbolista y su precio. Usted solo tendría que poner cara de merecerlo. Si se ríe, el negocio puede venirse abajo.
El cierre del mercado deja cifras absurdas. La Premier se ha gastado cerca de 4.000 millones de euros, frente a los 743 millones de la Liga. Más datos que, si no les sorprenden, deberían hacérselo mirar: el PSG ingresó 400 millones vendiendo suplentes; el Real Madrid más de 200 vendiendo canteranos. Podría seguir, pero solo son cifras administrativas. Aunque ayudan a medir el momento y dejan preguntas interesantes: ¿Cuándo convertimos el dinero en la principal unidad de medida?, ¿cómo consigue el precio fabricar jerarquías futbolísticas antes de que empiece la temporada?
Hubo un tiempo en que el mercado trataba de descubrir jugadores a precios razonables. Había riesgo, intuición, cierta aventura. Ahora, los consagra anticipadamente. En muchos casos, un precio entre 100 y 150 millones coloca sobre un futbolista una categoría todavía no demostrada. Llega condenado a parecerse a su precio, como si la cifra pudiera empujar su talento y su rendimiento.
Para el hincha común, un futbolista de 20 años comprado por cien millones empieza su nuevo trabajo debiendo cien millones. Cada mal partido parece un impago antes que una decepción lógica o el derecho a un periodo de adaptación. El hincha, apasionado y crédulo, quiere cobrar al contado. El fútbol siempre fue impaciente. Ahora más que nunca. Las redes lo aceleran. El periodismo lo acelera. La pasión lo acelera. Y el club que paga una fortuna también. Pero el talento sigue manejando los mismos tiempos bilógicos: aprendizaje, confianza, triunfo, fracaso, maduración.
Algo más. El mercado ya no compra solamente futbolistas, compra relatos. El precio anuncia grandeza, genera expectativa, ocupa titulares y obliga a mirar. Cien millones no dicen solo “este jugador es bueno”, dicen “este jugador tiene que ser importante”. El dinero fabrica reputación.
Creo que España está en mejor posición que nadie para convertir esta locura en oportunidad. Frente al fútbol de adquisición, que alimenta un contagio inflacionario al que nadie parece querer poner freno, puede oponer un fútbol de transformación, apoyado en la sofisticada industria formativa de los clubes de la Liga. Ganar un Mundial es una prueba más convincente que cualquier precio para medir la categoría futbolística de un país. Además de los campeones, se quedaron fuera jugadores como Fermín o Barrios, capaces de encontrar sitio en cualquier selección. También, claro, en la campeona.
Se trata de descubrir, formar y creer. De entender que la cantera no es solo una solución económica, sino una escuela de identidad futbolística y corporativa. Tal y como están las cosas, hagámonos una pregunta ligeramente optimista: ¿Cuántos cientos de millones habrá escondidos en las canteras de España, esperando que alguien sepa verlos?
El futbolista español ya tiene denominación de origen. Talento para enriquecer la Liga y competir con esa lluvia de millones intimidantes que prestigian la Premier. Cuatro mil millones frente a setecientos habla de la salud económica de los clubes ingleses, pero no establecen una proporción equivalente de calidad.
El dinero manda cada vez más, pero por sí solo no sabe formar a nadie. Quien no pueda competir con él, tendrá que hacerlo con inteligencia, método, paciencia y una idea de fútbol. La cantera construye jugadores, equipos e identidad. Todavía hay una ventaja decisiva en descubrirlos antes de que este mercado desbocado les ponga precio.
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