El hotel Santa Marta no nació después de un estudio de mercado. Surgió casi sin pretenderlo de una historia familiar. La antigua casa de veraneo de la familia Noguera-Batlló, enclavada frente a la exclusiva cala de Santa Cristina, en Lloret de Mar, acabó convirtiéndose en hotel después de que Marta Batlló comentara a su marido, Josep Noguera, que recibían a tanta gente que aquello parecía ya un establecimiento hotelero . La respuesta fue inmediata: al año siguiente lo sería de verdad.Andrea Noguera representa a la tercera generación de la familia Noguera-Batlló al frente del Hotel Santa Marta, uno de los establecimientos históricos de la Costa Brava . Dirigir hoy un hotel con casi siete décadas de trayectoria supone, reconoce, una responsabilidad enorme, porque Santa Marta no forma parte únicamente de la historia de su familia, sino también de la de muchos clientes y trabajadores que han acompañado al establecimiento durante generaciones.Para Noguera, el principal reto consiste en conservar la esencia sin quedar anclados en el pasado . Esa esencia se sustenta en el entorno, el carácter familiar, la cercanía y una determinada manera de entender la hospitalidad. A ello añade valores que considera irrenunciables, como la honestidad, el compromiso, el respeto por las personas y por el enclave natural, la voluntad de hacer las cosas bien y la humildad necesaria para asumir que siempre existe margen de mejora.El Santa Marta afronta ahora una nueva etapa , en la que la familia propietaria está valorando distintas líneas de evolución para el establecimiento, con el objetivo de seguir mejorando su propuesta y reforzar su posicionamiento en los próximos años. Noguera explica que conocen perfectamente de dónde vienen y cuáles son los valores que quieren preservar, pero necesitan definir con claridad hacia dónde quieren ir.El proceso debe implicar un análisis exhaustivo del establecimiento, tanto desde el punto de vista estratégico como operativo. El hotel dispone de 76 habitaciones distribuidas en una amplia finca y cuenta con instalaciones de «beach club» situadas junto a la playa que funcionan prácticamente como una unidad separada del edificio principal. Durante los últimos años se han realizado reformas en habitaciones, zonas comunes y diferentes instalaciones, aunque Noguera considera que han sido actuaciones parciales. Ahora la voluntad es plantear una transformación mucho más global . La futura hoja de ruta deberá estudiar habitaciones, espacios comunes, pabellón, villa privada, gastronomía y nuevas experiencias de bienestar alrededor del spa ya existente.La fidelización, principal activoEl objetivo no será únicamente renovar espacios, sino mejorar la experiencia global del huésped y conseguir que Santa Marta continúe siendo un lugar al que los clientes quieran regresar. Precisamente la fidelización constituye uno de los grandes activos del hotel. Algunas familias llevan décadas alojándose en Santa Marta y han transmitido esa costumbre de generación en generación . Noguera recuerda clientes que la conocieron cuando era niña y que ahora regresan acompañados de hijos y nietos.Pero también admite que no se puede pedir al huésped que vuelva únicamente por nostalgia. La competencia turística actual obliga a generar nuevas razones para regresar . La clave consiste, a su juicio, en mantener aquello que el cliente reconoce y aprecia del Santa Marta y, al mismo tiempo, ser capaz de sorprenderle en cada nueva estancia.Para Noguera, la verdadera fidelización aparece cuando el huésped no recuerda solamente que recibió un buen servicio, sino cómo se sintió durante su estancia. Ahí reside también su forma de entender el lujo . El Santa Marta no busca basarlo en la ostentación, sino en la calidad, el confort, el servicio y, sobre todo, en la capacidad de hacer sentir bien al cliente.La directora co-propietaria defiende que un hotel de cinco estrellas no tiene por qué resultar frío o distante . Al contrario, considera que la cercanía, la naturalidad y el carácter familiar tienen hoy incluso más valor. El reto consiste en disponer de instalaciones y servicios plenamente actualizados sin perder la calidez ni la proximidad del equipo. «Podemos tener excelencia sin perder la naturalidad», resume.Ese vínculo familiar también explica la propia trayectoria de Andrea Noguera . Tras trabajar durante catorce años en el establecimiento, abandonó el hotel para incorporarse al sector bancario. La muerte de su padre, Jorge Noguera, que dedicó alrededor de cincuenta años de su vida al Santa Marta, provocó su regreso.La familia le pidió que volviera porque quería preservar el alma del establecimiento dentro de la propiedad familiar. Noguera aceptó abandonar su carrera profesional para regresar a sus raíces . Hoy reconoce que Santa Marta forma parte de su vida y que asumir este legado implica también el sacrificio de garantizar su continuidad.42 años siendo un Relais & ChâteauxEl hotel mantiene además una firme voluntad de independencia. Durante 42 años estuvo vinculado a Relais & Châteaux, organización que marcó profundamente su cultura de servicio y de la que el padre de Andrea Noguera llegó a ser presidente en España . Posteriormente, el establecimiento continuó su trayectoria como hotel independiente.Actualmente pertenece a la Asociación Española del Lujo , principalmente por las ventajas comerciales que proporciona. Noguera no descarta participar en asociaciones o plataformas que permitan mejorar la comercialización y la visibilidad, especialmente en un sector dominado por grandes grupos, pero la familia considera imprescindible preservar una gestión independiente y el carácter propio del Santa Marta.La gastronomía será otro de los ámbitos centrales del futuro proyecto. El hotel cuenta con dos propuestas diferenciadas de restaurante . Durante los meses de buen tiempo, el protagonismo corresponde al SantaMar, situado junto a la cala de Santa Cristina, con una oferta más informal, fresca y vinculada al concepto de beach club. Este restaurante funciona aproximadamente entre abril y finales de septiembre. Con la llegada del otoño, deja paso al Restaurante 58, situado en el edificio principal, aunque el bar de la playa puede continuar abierto hasta mediados de octubre.La transición implica también un cambio gastronómico . Mientras que el SantaMar responde a una cocina más estival, el restaurante 58 apuesta en otoño por una propuesta más cálida, con platos de cuchara, carnes, pescados y producto de proximidad. Entre las recetas que Noguera menciona como representativas aparecen elaboraciones tradicionales como el suquet de rape o el fricandó. La intención de la familia es reforzar una cocina mediterránea estrechamente vinculada al territorio y recuperar platos tradicionales relacionados con la gastronomía catalana.El perfil del visitante cambia después del verano . Durante primavera y otoño aumenta el peso de las parejas que buscan tranquilidad, naturaleza, gastronomía y bienestar. En ese contexto, el restaurante 58 permite mantener activa la oferta gastronómica durante la temporada otoñal.Apuesta por la sostenibilidadLa experiencia de bienestar constituye otro de los pilares que se quieren potenciar. Noguera considera que el propio enclave obliga a desarrollar una propuesta basada en la relajación, la naturaleza, los paseos, el spa, los tratamientos, el yoga y la vida saludable . A ello se suma la sostenibilidad, que deberá ocupar una posición central en la hoja de ruta. El hotel trabaja en aspectos como la gestión eficiente del agua y de la energía, la reducción de consumos y la mejora progresiva de las instalaciones. Noguera admite que todavía queda camino por recorrer, pero asegura que la protección del entorno será uno de los pilares del futuro reposicionamiento.El mercado del Santa Marta conserva un fuerte componente de proximidad. El cliente catalán, principalmente procedente del área metropolitana de Barcelona, representa un alto porcentaje del total y adquiere especial relevancia durante los meses de verano. El mercado francés ocupa la segunda posición y tiene mayor presencia durante primavera y otoño, especialmente en escapadas de fin de semana. El estadounidense se sitúa en tercer lugar y presenta una distribución más regular a lo largo del año.El hotel combina además el cliente particular con los eventos . Bodas, celebraciones, incentivos y encuentros corporativos ayudan a reforzar las temporadas media y baja. Septiembre concentra especialmente eventos privados, mientras que octubre incorpora mayor actividad empresarial. Este comportamiento provoca oscilaciones importantes de ocupación y añade complejidad a la operativa cotidiana.Difícil encontrar personal cualificadoNoguera reconoce también uno de los problemas más graves que atraviesa el sector: la dificultad para encontrar y mantener personal cualificado. El hotel ha vivido una temporada 2026 con mucha demanda, pero también con importantes dificultades operativas relacionadas con la falta de profesionales y el absentismo. Pese a ello, Noguera evita el pesimismo y considera que el futuro proyecto debe ser capaz de atraer a buenos profesionales . De hecho, reserva un reconocimiento especial al equipo que ha acompañado al Santa Marta durante décadas. Sin esos trabajadores, sostiene, el establecimiento no habría llegado hasta hoy. Y lo mismo ocurre con los clientes que han mantenido su fidelidad durante tantos años. Equipo, huéspedes y propiedad han acabado construyendo una especie de gran familia alrededor del hotel. Esa continuidad resume también la responsabilidad que Andrea Noguera asume como tercera generación. Su aspiración consiste en mejorar el legado recibido para poder entregarlo a las siguientes generaciones en mejores condiciones.En un sector marcado por grandes cadenas y procesos de concentración, Andrea Noguera reivindica así el valor de mantener vivo un proyecto pequeño, independiente y familiar . El Santa Marta sabe de dónde viene y sabe quién es. La gran pregunta que ahora debe resolver la familia propietaria es hacia dónde quiere dirigirse. O, como Andrea Noguera acostumbra a preguntar a los suyos, «¿qué queremos ser de mayores?». El hotel Santa Marta no nació después de un estudio de mercado. Surgió casi sin pretenderlo de una historia familiar. La antigua casa de veraneo de la familia Noguera-Batlló, enclavada frente a la exclusiva cala de Santa Cristina, en Lloret de Mar, acabó convirtiéndose en hotel después de que Marta Batlló comentara a su marido, Josep Noguera, que recibían a tanta gente que aquello parecía ya un establecimiento hotelero . La respuesta fue inmediata: al año siguiente lo sería de verdad.Andrea Noguera representa a la tercera generación de la familia Noguera-Batlló al frente del Hotel Santa Marta, uno de los establecimientos históricos de la Costa Brava . Dirigir hoy un hotel con casi siete décadas de trayectoria supone, reconoce, una responsabilidad enorme, porque Santa Marta no forma parte únicamente de la historia de su familia, sino también de la de muchos clientes y trabajadores que han acompañado al establecimiento durante generaciones.Para Noguera, el principal reto consiste en conservar la esencia sin quedar anclados en el pasado . Esa esencia se sustenta en el entorno, el carácter familiar, la cercanía y una determinada manera de entender la hospitalidad. A ello añade valores que considera irrenunciables, como la honestidad, el compromiso, el respeto por las personas y por el enclave natural, la voluntad de hacer las cosas bien y la humildad necesaria para asumir que siempre existe margen de mejora.El Santa Marta afronta ahora una nueva etapa , en la que la familia propietaria está valorando distintas líneas de evolución para el establecimiento, con el objetivo de seguir mejorando su propuesta y reforzar su posicionamiento en los próximos años. Noguera explica que conocen perfectamente de dónde vienen y cuáles son los valores que quieren preservar, pero necesitan definir con claridad hacia dónde quieren ir.El proceso debe implicar un análisis exhaustivo del establecimiento, tanto desde el punto de vista estratégico como operativo. El hotel dispone de 76 habitaciones distribuidas en una amplia finca y cuenta con instalaciones de «beach club» situadas junto a la playa que funcionan prácticamente como una unidad separada del edificio principal. Durante los últimos años se han realizado reformas en habitaciones, zonas comunes y diferentes instalaciones, aunque Noguera considera que han sido actuaciones parciales. Ahora la voluntad es plantear una transformación mucho más global . La futura hoja de ruta deberá estudiar habitaciones, espacios comunes, pabellón, villa privada, gastronomía y nuevas experiencias de bienestar alrededor del spa ya existente.La fidelización, principal activoEl objetivo no será únicamente renovar espacios, sino mejorar la experiencia global del huésped y conseguir que Santa Marta continúe siendo un lugar al que los clientes quieran regresar. Precisamente la fidelización constituye uno de los grandes activos del hotel. Algunas familias llevan décadas alojándose en Santa Marta y han transmitido esa costumbre de generación en generación . Noguera recuerda clientes que la conocieron cuando era niña y que ahora regresan acompañados de hijos y nietos.Pero también admite que no se puede pedir al huésped que vuelva únicamente por nostalgia. La competencia turística actual obliga a generar nuevas razones para regresar . La clave consiste, a su juicio, en mantener aquello que el cliente reconoce y aprecia del Santa Marta y, al mismo tiempo, ser capaz de sorprenderle en cada nueva estancia.Para Noguera, la verdadera fidelización aparece cuando el huésped no recuerda solamente que recibió un buen servicio, sino cómo se sintió durante su estancia. Ahí reside también su forma de entender el lujo . El Santa Marta no busca basarlo en la ostentación, sino en la calidad, el confort, el servicio y, sobre todo, en la capacidad de hacer sentir bien al cliente.La directora co-propietaria defiende que un hotel de cinco estrellas no tiene por qué resultar frío o distante . Al contrario, considera que la cercanía, la naturalidad y el carácter familiar tienen hoy incluso más valor. El reto consiste en disponer de instalaciones y servicios plenamente actualizados sin perder la calidez ni la proximidad del equipo. «Podemos tener excelencia sin perder la naturalidad», resume.Ese vínculo familiar también explica la propia trayectoria de Andrea Noguera . Tras trabajar durante catorce años en el establecimiento, abandonó el hotel para incorporarse al sector bancario. La muerte de su padre, Jorge Noguera, que dedicó alrededor de cincuenta años de su vida al Santa Marta, provocó su regreso.La familia le pidió que volviera porque quería preservar el alma del establecimiento dentro de la propiedad familiar. Noguera aceptó abandonar su carrera profesional para regresar a sus raíces . Hoy reconoce que Santa Marta forma parte de su vida y que asumir este legado implica también el sacrificio de garantizar su continuidad.42 años siendo un Relais & ChâteauxEl hotel mantiene además una firme voluntad de independencia. Durante 42 años estuvo vinculado a Relais & Châteaux, organización que marcó profundamente su cultura de servicio y de la que el padre de Andrea Noguera llegó a ser presidente en España . Posteriormente, el establecimiento continuó su trayectoria como hotel independiente.Actualmente pertenece a la Asociación Española del Lujo , principalmente por las ventajas comerciales que proporciona. Noguera no descarta participar en asociaciones o plataformas que permitan mejorar la comercialización y la visibilidad, especialmente en un sector dominado por grandes grupos, pero la familia considera imprescindible preservar una gestión independiente y el carácter propio del Santa Marta.La gastronomía será otro de los ámbitos centrales del futuro proyecto. El hotel cuenta con dos propuestas diferenciadas de restaurante . Durante los meses de buen tiempo, el protagonismo corresponde al SantaMar, situado junto a la cala de Santa Cristina, con una oferta más informal, fresca y vinculada al concepto de beach club. Este restaurante funciona aproximadamente entre abril y finales de septiembre. Con la llegada del otoño, deja paso al Restaurante 58, situado en el edificio principal, aunque el bar de la playa puede continuar abierto hasta mediados de octubre.La transición implica también un cambio gastronómico . Mientras que el SantaMar responde a una cocina más estival, el restaurante 58 apuesta en otoño por una propuesta más cálida, con platos de cuchara, carnes, pescados y producto de proximidad. Entre las recetas que Noguera menciona como representativas aparecen elaboraciones tradicionales como el suquet de rape o el fricandó. La intención de la familia es reforzar una cocina mediterránea estrechamente vinculada al territorio y recuperar platos tradicionales relacionados con la gastronomía catalana.El perfil del visitante cambia después del verano . Durante primavera y otoño aumenta el peso de las parejas que buscan tranquilidad, naturaleza, gastronomía y bienestar. En ese contexto, el restaurante 58 permite mantener activa la oferta gastronómica durante la temporada otoñal.Apuesta por la sostenibilidadLa experiencia de bienestar constituye otro de los pilares que se quieren potenciar. Noguera considera que el propio enclave obliga a desarrollar una propuesta basada en la relajación, la naturaleza, los paseos, el spa, los tratamientos, el yoga y la vida saludable . A ello se suma la sostenibilidad, que deberá ocupar una posición central en la hoja de ruta. El hotel trabaja en aspectos como la gestión eficiente del agua y de la energía, la reducción de consumos y la mejora progresiva de las instalaciones. Noguera admite que todavía queda camino por recorrer, pero asegura que la protección del entorno será uno de los pilares del futuro reposicionamiento.El mercado del Santa Marta conserva un fuerte componente de proximidad. El cliente catalán, principalmente procedente del área metropolitana de Barcelona, representa un alto porcentaje del total y adquiere especial relevancia durante los meses de verano. El mercado francés ocupa la segunda posición y tiene mayor presencia durante primavera y otoño, especialmente en escapadas de fin de semana. El estadounidense se sitúa en tercer lugar y presenta una distribución más regular a lo largo del año.El hotel combina además el cliente particular con los eventos . Bodas, celebraciones, incentivos y encuentros corporativos ayudan a reforzar las temporadas media y baja. Septiembre concentra especialmente eventos privados, mientras que octubre incorpora mayor actividad empresarial. Este comportamiento provoca oscilaciones importantes de ocupación y añade complejidad a la operativa cotidiana.Difícil encontrar personal cualificadoNoguera reconoce también uno de los problemas más graves que atraviesa el sector: la dificultad para encontrar y mantener personal cualificado. El hotel ha vivido una temporada 2026 con mucha demanda, pero también con importantes dificultades operativas relacionadas con la falta de profesionales y el absentismo. Pese a ello, Noguera evita el pesimismo y considera que el futuro proyecto debe ser capaz de atraer a buenos profesionales . De hecho, reserva un reconocimiento especial al equipo que ha acompañado al Santa Marta durante décadas. Sin esos trabajadores, sostiene, el establecimiento no habría llegado hasta hoy. Y lo mismo ocurre con los clientes que han mantenido su fidelidad durante tantos años. Equipo, huéspedes y propiedad han acabado construyendo una especie de gran familia alrededor del hotel. Esa continuidad resume también la responsabilidad que Andrea Noguera asume como tercera generación. Su aspiración consiste en mejorar el legado recibido para poder entregarlo a las siguientes generaciones en mejores condiciones.En un sector marcado por grandes cadenas y procesos de concentración, Andrea Noguera reivindica así el valor de mantener vivo un proyecto pequeño, independiente y familiar . El Santa Marta sabe de dónde viene y sabe quién es. La gran pregunta que ahora debe resolver la familia propietaria es hacia dónde quiere dirigirse. O, como Andrea Noguera acostumbra a preguntar a los suyos, «¿qué queremos ser de mayores?».
El hotel Santa Marta no nació después de un estudio de mercado. Surgió casi sin pretenderlo de una historia familiar. La antigua casa de veraneo de la familia Noguera-Batlló, enclavada frente a la exclusiva cala de Santa Cristina, en Lloret de Mar, acabó convirtiéndose … en hotel después de que Marta Batlló comentara a su marido, Josep Noguera, que recibían a tanta gente que aquello parecía ya un establecimiento hotelero. La respuesta fue inmediata: al año siguiente lo sería de verdad.
Andrea Noguera representa a la tercera generación de la familia Noguera-Batlló al frente del Hotel Santa Marta, uno de los establecimientos históricos de la Costa Brava. Dirigir hoy un hotel con casi siete décadas de trayectoria supone, reconoce, una responsabilidad enorme, porque Santa Marta no forma parte únicamente de la historia de su familia, sino también de la de muchos clientes y trabajadores que han acompañado al establecimiento durante generaciones.
Para Noguera, el principal reto consiste en conservar la esencia sin quedar anclados en el pasado. Esa esencia se sustenta en el entorno, el carácter familiar, la cercanía y una determinada manera de entender la hospitalidad. A ello añade valores que considera irrenunciables, como la honestidad, el compromiso, el respeto por las personas y por el enclave natural, la voluntad de hacer las cosas bien y la humildad necesaria para asumir que siempre existe margen de mejora.
El Santa Marta afronta ahora una nueva etapa, en la que la familia propietaria está valorando distintas líneas de evolución para el establecimiento, con el objetivo de seguir mejorando su propuesta y reforzar su posicionamiento en los próximos años. Noguera explica que conocen perfectamente de dónde vienen y cuáles son los valores que quieren preservar, pero necesitan definir con claridad hacia dónde quieren ir.
El proceso debe implicar un análisis exhaustivo del establecimiento, tanto desde el punto de vista estratégico como operativo. El hotel dispone de 76 habitaciones distribuidas en una amplia finca y cuenta con instalaciones de «beach club» situadas junto a la playa que funcionan prácticamente como una unidad separada del edificio principal.
Durante los últimos años se han realizado reformas en habitaciones, zonas comunes y diferentes instalaciones, aunque Noguera considera que han sido actuaciones parciales. Ahora la voluntad es plantear una transformación mucho más global. La futura hoja de ruta deberá estudiar habitaciones, espacios comunes, pabellón, villa privada, gastronomía y nuevas experiencias de bienestar alrededor del spa ya existente.
La fidelización, principal activo
El objetivo no será únicamente renovar espacios, sino mejorar la experiencia global del huésped y conseguir que Santa Marta continúe siendo un lugar al que los clientes quieran regresar. Precisamente la fidelización constituye uno de los grandes activos del hotel. Algunas familias llevan décadas alojándose en Santa Marta y han transmitido esa costumbre de generación en generación. Noguera recuerda clientes que la conocieron cuando era niña y que ahora regresan acompañados de hijos y nietos.
Pero también admite que no se puede pedir al huésped que vuelva únicamente por nostalgia. La competencia turística actual obliga a generar nuevas razones para regresar. La clave consiste, a su juicio, en mantener aquello que el cliente reconoce y aprecia del Santa Marta y, al mismo tiempo, ser capaz de sorprenderle en cada nueva estancia.
Para Noguera, la verdadera fidelización aparece cuando el huésped no recuerda solamente que recibió un buen servicio, sino cómo se sintió durante su estancia. Ahí reside también su forma de entender el lujo. El Santa Marta no busca basarlo en la ostentación, sino en la calidad, el confort, el servicio y, sobre todo, en la capacidad de hacer sentir bien al cliente.
La directora co-propietaria defiende que un hotel de cinco estrellas no tiene por qué resultar frío o distante. Al contrario, considera que la cercanía, la naturalidad y el carácter familiar tienen hoy incluso más valor. El reto consiste en disponer de instalaciones y servicios plenamente actualizados sin perder la calidez ni la proximidad del equipo. «Podemos tener excelencia sin perder la naturalidad», resume.
Ese vínculo familiar también explica la propia trayectoria de Andrea Noguera. Tras trabajar durante catorce años en el establecimiento, abandonó el hotel para incorporarse al sector bancario. La muerte de su padre, Jorge Noguera, que dedicó alrededor de cincuenta años de su vida al Santa Marta, provocó su regreso.
La familia le pidió que volviera porque quería preservar el alma del establecimiento dentro de la propiedad familiar. Noguera aceptó abandonar su carrera profesional para regresar a sus raíces. Hoy reconoce que Santa Marta forma parte de su vida y que asumir este legado implica también el sacrificio de garantizar su continuidad.
42 años siendo un Relais & Châteaux
El hotel mantiene además una firme voluntad de independencia. Durante 42 años estuvo vinculado a Relais & Châteaux, organización que marcó profundamente su cultura de servicio y de la que el padre de Andrea Noguera llegó a ser presidente en España. Posteriormente, el establecimiento continuó su trayectoria como hotel independiente.
Actualmente pertenece a la Asociación Española del Lujo, principalmente por las ventajas comerciales que proporciona. Noguera no descarta participar en asociaciones o plataformas que permitan mejorar la comercialización y la visibilidad, especialmente en un sector dominado por grandes grupos, pero la familia considera imprescindible preservar una gestión independiente y el carácter propio del Santa Marta.
La gastronomía será otro de los ámbitos centrales del futuro proyecto. El hotel cuenta con dos propuestas diferenciadas de restaurante. Durante los meses de buen tiempo, el protagonismo corresponde al SantaMar, situado junto a la cala de Santa Cristina, con una oferta más informal, fresca y vinculada al concepto de beach club. Este restaurante funciona aproximadamente entre abril y finales de septiembre. Con la llegada del otoño, deja paso al Restaurante 58, situado en el edificio principal, aunque el bar de la playa puede continuar abierto hasta mediados de octubre.
La transición implica también un cambio gastronómico. Mientras que el SantaMar responde a una cocina más estival, el restaurante 58 apuesta en otoño por una propuesta más cálida, con platos de cuchara, carnes, pescados y producto de proximidad. Entre las recetas que Noguera menciona como representativas aparecen elaboraciones tradicionales como el suquet de rape o el fricandó. La intención de la familia es reforzar una cocina mediterránea estrechamente vinculada al territorio y recuperar platos tradicionales relacionados con la gastronomía catalana.
El perfil del visitante cambia después del verano. Durante primavera y otoño aumenta el peso de las parejas que buscan tranquilidad, naturaleza, gastronomía y bienestar. En ese contexto, el restaurante 58 permite mantener activa la oferta gastronómica durante la temporada otoñal.
Apuesta por la sostenibilidad
La experiencia de bienestar constituye otro de los pilares que se quieren potenciar. Noguera considera que el propio enclave obliga a desarrollar una propuesta basada en la relajación, la naturaleza, los paseos, el spa, los tratamientos, el yoga y la vida saludable. A ello se suma la sostenibilidad, que deberá ocupar una posición central en la hoja de ruta. El hotel trabaja en aspectos como la gestión eficiente del agua y de la energía, la reducción de consumos y la mejora progresiva de las instalaciones. Noguera admite que todavía queda camino por recorrer, pero asegura que la protección del entorno será uno de los pilares del futuro reposicionamiento.
El mercado del Santa Marta conserva un fuerte componente de proximidad. El cliente catalán, principalmente procedente del área metropolitana de Barcelona, representa un alto porcentaje del total y adquiere especial relevancia durante los meses de verano. El mercado francés ocupa la segunda posición y tiene mayor presencia durante primavera y otoño, especialmente en escapadas de fin de semana. El estadounidense se sitúa en tercer lugar y presenta una distribución más regular a lo largo del año.
El hotel combina además el cliente particular con los eventos. Bodas, celebraciones, incentivos y encuentros corporativos ayudan a reforzar las temporadas media y baja. Septiembre concentra especialmente eventos privados, mientras que octubre incorpora mayor actividad empresarial. Este comportamiento provoca oscilaciones importantes de ocupación y añade complejidad a la operativa cotidiana.
Difícil encontrar personal cualificado
Noguera reconoce también uno de los problemas más graves que atraviesa el sector: la dificultad para encontrar y mantener personal cualificado. El hotel ha vivido una temporada 2026 con mucha demanda, pero también con importantes dificultades operativas relacionadas con la falta de profesionales y el absentismo. Pese a ello, Noguera evita el pesimismo y considera que el futuro proyecto debe ser capaz de atraer a buenos profesionales.
De hecho, reserva un reconocimiento especial al equipo que ha acompañado al Santa Marta durante décadas. Sin esos trabajadores, sostiene, el establecimiento no habría llegado hasta hoy. Y lo mismo ocurre con los clientes que han mantenido su fidelidad durante tantos años. Equipo, huéspedes y propiedad han acabado construyendo una especie de gran familia alrededor del hotel. Esa continuidad resume también la responsabilidad que Andrea Noguera asume como tercera generación. Su aspiración consiste en mejorar el legado recibido para poder entregarlo a las siguientes generaciones en mejores condiciones.
En un sector marcado por grandes cadenas y procesos de concentración, Andrea Noguera reivindica así el valor de mantener vivo un proyecto pequeño, independiente y familiar. El Santa Marta sabe de dónde viene y sabe quién es. La gran pregunta que ahora debe resolver la familia propietaria es hacia dónde quiere dirigirse. O, como Andrea Noguera acostumbra a preguntar a los suyos, «¿qué queremos ser de mayores?».
RSS de noticias de espana/cataluna
