Unas 6.000 menores de 14 años están en riesgo potencial de sufrir una mutilación genital femenina (MGF) en Cataluña, según las últimas estimaciones disponibles publicadas por la . Las matronas del Colegio Oficial de Enfermeras y Enfermeros de Tarragona (Codita) han alertado de las graves consecuencias físicas, sexuales, psicológicas y obstétricas que esta práctica puede provocar y han reivindicado su papel en la detección y prevención de los casos.La mutilación genital femenina constituye una grave vulneración de los derechos humanos de mujeres y niñas y continúa practicándose en diferentes partes del mundo. Según las estimaciones internacionales recogidas en el comunicado del Codita, más de 230 millones de mujeres y niñas viven actualmente con sus consecuencias.La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la mutilación genital femenina como todos aquellos procedimientos que implican la extirpación parcial o total de los genitales externos femeninos o cualquier otra lesión de los órganos genitales femeninos realizada por motivos no médicos. Se trata de una práctica que no aporta ningún beneficio para la salud y que puede provocar complicaciones tanto inmediatas como a lo largo de toda la vida.Las matronas de Codita advierten de que muchas mujeres que han sufrido una mutilación desconocen el alcance de las consecuencias que puede tener para su salud. Entre las complicaciones inmediatas figuran hemorragias graves, dolor intenso, infecciones, retención urinaria, lesiones de tejidos próximos, sepsis e incluso la muerte .Los efectos pueden prolongarse durante años. Entre las consecuencias físicas más frecuentes se encuentran las infecciones urinarias y ginecológicas, el dolor pélvico crónico, las menstruaciones dolorosas y otras dificultades menstruales, las fístulas genitales y un mayor riesgo de infertilidad secundaria.Puede afectar a la vida sexualLa mutilación también puede afectar a la vida sexual de las mujeres. Puede provocar una disminución o ausencia del deseo sexual, dolor durante las relaciones sexuales —dispareunia— y dificultades o imposibilidad para alcanzar el orgasmo.A estas consecuencias se suman las relacionadas con la salud mental. Las mujeres afectadas pueden experimentar ansiedad, depresión, trastorno de estrés postraumático, baja autoestima, alteraciones de la imagen corporal y sentimientos de vergüenza, humillación o culpa.Las mujeres que han sufrido una mutilación genital presentan un mayor riesgo de partos prolongados y difíciles, hemorragias obstétricas y complicaciones neonatalesLas consecuencias pueden adquirir una especial gravedad durante el embarazo y el parto. Según Codita, las mujeres que han sufrido una mutilación genital presentan un mayor riesgo de partos prolongados y difíciles, hemorragias obstétricas, desgarros perineales graves, cesáreas, intervenciones obstétricas y complicaciones neonatales.La OMS estima que, dependiendo del tipo de mutilación, las mujeres que han sufrido esta práctica pueden tener hasta un 50% más de probabilidades de padecer complicaciones obstétricas graves.En este contexto, las matronas desempeñan un papel fundamental durante el embarazo, el parto y el posparto. Su contacto directo con las mujeres permite identificar posibles complicaciones, ofrecer una atención individualizada y acompañarlas desde el respeto y la sensibilidad cultural, pero también desde una perspectiva de género y de protección de los derechos de la infancia.Reforzar la detección y prevenciónLas profesionales del Colegio de Enfermeras de Tarragona consideran que su posición dentro del sistema sanitario también las sitúa en un lugar privilegiado para detectar posibles casos, acompañar a las mujeres que han sufrido MGF y coordinar su seguimiento. Su labor resulta especialmente importante en materia de prevención cuando atienden a mujeres procedentes de países en los que esta práctica continúa presente y que tienen hijas menores.La lucha contra la mutilación genital femenina, sostienen las matronas, no puede limitarse al ámbito sanitario. La existencia de miles de niñas potencialmente expuestas en Cataluña plantea también un desafío en materia de protección de la infancia, la igualdad y los derechos humanos.«Erradicar la mutilación genital femenina no es solo una cuestión sanitaria. Es una cuestión de derechos humanos, de igualdad y de protección de la infancia», señalan desde Codita. «Las matronas estamos al lado de las mujeres para informar, acompañar, prevenir y contribuir a poner fin a esta forma de violencia», subrayan. Unas 6.000 menores de 14 años están en riesgo potencial de sufrir una mutilación genital femenina (MGF) en Cataluña, según las últimas estimaciones disponibles publicadas por la . Las matronas del Colegio Oficial de Enfermeras y Enfermeros de Tarragona (Codita) han alertado de las graves consecuencias físicas, sexuales, psicológicas y obstétricas que esta práctica puede provocar y han reivindicado su papel en la detección y prevención de los casos.La mutilación genital femenina constituye una grave vulneración de los derechos humanos de mujeres y niñas y continúa practicándose en diferentes partes del mundo. Según las estimaciones internacionales recogidas en el comunicado del Codita, más de 230 millones de mujeres y niñas viven actualmente con sus consecuencias.La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la mutilación genital femenina como todos aquellos procedimientos que implican la extirpación parcial o total de los genitales externos femeninos o cualquier otra lesión de los órganos genitales femeninos realizada por motivos no médicos. Se trata de una práctica que no aporta ningún beneficio para la salud y que puede provocar complicaciones tanto inmediatas como a lo largo de toda la vida.Las matronas de Codita advierten de que muchas mujeres que han sufrido una mutilación desconocen el alcance de las consecuencias que puede tener para su salud. Entre las complicaciones inmediatas figuran hemorragias graves, dolor intenso, infecciones, retención urinaria, lesiones de tejidos próximos, sepsis e incluso la muerte .Los efectos pueden prolongarse durante años. Entre las consecuencias físicas más frecuentes se encuentran las infecciones urinarias y ginecológicas, el dolor pélvico crónico, las menstruaciones dolorosas y otras dificultades menstruales, las fístulas genitales y un mayor riesgo de infertilidad secundaria.Puede afectar a la vida sexualLa mutilación también puede afectar a la vida sexual de las mujeres. Puede provocar una disminución o ausencia del deseo sexual, dolor durante las relaciones sexuales —dispareunia— y dificultades o imposibilidad para alcanzar el orgasmo.A estas consecuencias se suman las relacionadas con la salud mental. Las mujeres afectadas pueden experimentar ansiedad, depresión, trastorno de estrés postraumático, baja autoestima, alteraciones de la imagen corporal y sentimientos de vergüenza, humillación o culpa.Las mujeres que han sufrido una mutilación genital presentan un mayor riesgo de partos prolongados y difíciles, hemorragias obstétricas y complicaciones neonatalesLas consecuencias pueden adquirir una especial gravedad durante el embarazo y el parto. Según Codita, las mujeres que han sufrido una mutilación genital presentan un mayor riesgo de partos prolongados y difíciles, hemorragias obstétricas, desgarros perineales graves, cesáreas, intervenciones obstétricas y complicaciones neonatales.La OMS estima que, dependiendo del tipo de mutilación, las mujeres que han sufrido esta práctica pueden tener hasta un 50% más de probabilidades de padecer complicaciones obstétricas graves.En este contexto, las matronas desempeñan un papel fundamental durante el embarazo, el parto y el posparto. Su contacto directo con las mujeres permite identificar posibles complicaciones, ofrecer una atención individualizada y acompañarlas desde el respeto y la sensibilidad cultural, pero también desde una perspectiva de género y de protección de los derechos de la infancia.Reforzar la detección y prevenciónLas profesionales del Colegio de Enfermeras de Tarragona consideran que su posición dentro del sistema sanitario también las sitúa en un lugar privilegiado para detectar posibles casos, acompañar a las mujeres que han sufrido MGF y coordinar su seguimiento. Su labor resulta especialmente importante en materia de prevención cuando atienden a mujeres procedentes de países en los que esta práctica continúa presente y que tienen hijas menores.La lucha contra la mutilación genital femenina, sostienen las matronas, no puede limitarse al ámbito sanitario. La existencia de miles de niñas potencialmente expuestas en Cataluña plantea también un desafío en materia de protección de la infancia, la igualdad y los derechos humanos.«Erradicar la mutilación genital femenina no es solo una cuestión sanitaria. Es una cuestión de derechos humanos, de igualdad y de protección de la infancia», señalan desde Codita. «Las matronas estamos al lado de las mujeres para informar, acompañar, prevenir y contribuir a poner fin a esta forma de violencia», subrayan.
Unas 6.000 menores de 14 años están en riesgo potencial de sufrir una mutilación genital femenina (MGF) en Cataluña, según las últimas estimaciones disponibles publicadas por la . Las matronas del Colegio Oficial de Enfermeras y Enfermeros de Tarragona (Codita) han alertado de … las graves consecuencias físicas, sexuales, psicológicas y obstétricas que esta práctica puede provocar y han reivindicado su papel en la detección y prevención de los casos.
La mutilación genital femenina constituye una grave vulneración de los derechos humanos de mujeres y niñas y continúa practicándose en diferentes partes del mundo. Según las estimaciones internacionales recogidas en el comunicado del Codita, más de 230 millones de mujeres y niñas viven actualmente con sus consecuencias.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la mutilación genital femenina como todos aquellos procedimientos que implican la extirpación parcial o total de los genitales externos femeninos o cualquier otra lesión de los órganos genitales femeninos realizada por motivos no médicos. Se trata de una práctica que no aporta ningún beneficio para la salud y que puede provocar complicaciones tanto inmediatas como a lo largo de toda la vida.
Las matronas de Codita advierten de que muchas mujeres que han sufrido una mutilación desconocen el alcance de las consecuencias que puede tener para su salud. Entre las complicaciones inmediatas figuranhemorragias graves, dolor intenso, infecciones, retención urinaria, lesiones de tejidos próximos, sepsis e incluso la muerte.
Los efectos pueden prolongarse durante años. Entre las consecuencias físicas más frecuentes se encuentran las infecciones urinarias y ginecológicas, el dolor pélvico crónico, las menstruaciones dolorosas y otras dificultades menstruales, las fístulas genitales y un mayor riesgo de infertilidad secundaria.
Puede afectar a la vida sexual
La mutilación también puede afectar a la vida sexual de las mujeres. Puede provocar una disminución o ausencia del deseo sexual, dolor durante las relaciones sexuales —dispareunia— y dificultades o imposibilidad para alcanzar el orgasmo.
A estas consecuencias se suman las relacionadas con la salud mental. Las mujeres afectadas pueden experimentar ansiedad, depresión, trastorno de estrés postraumático, baja autoestima, alteraciones de la imagen corporal y sentimientos de vergüenza, humillación o culpa.
Las mujeres que han sufrido una mutilación genital presentan un mayor riesgo de partos prolongados y difíciles, hemorragias obstétricas y complicaciones neonatales
Las consecuencias pueden adquirir una especial gravedad durante el embarazo y el parto. Según Codita, las mujeres que han sufrido una mutilación genital presentan un mayor riesgo de partos prolongados y difíciles, hemorragias obstétricas, desgarros perineales graves, cesáreas, intervenciones obstétricas y complicaciones neonatales.
La OMS estima que, dependiendo del tipo de mutilación, las mujeres que han sufrido esta práctica pueden tener hasta un 50% más de probabilidades de padecer complicaciones obstétricas graves.
En este contexto, las matronas desempeñan un papel fundamental durante el embarazo, el parto y el posparto. Su contacto directo con las mujeres permite identificar posibles complicaciones, ofrecer una atención individualizada y acompañarlas desde el respeto y la sensibilidad cultural, pero también desde una perspectiva de género y de protección de los derechos de la infancia.
Reforzar la detección y prevención
Las profesionales del Colegio de Enfermeras de Tarragona consideran que su posición dentro del sistema sanitario también las sitúa en un lugar privilegiado para detectar posibles casos, acompañar a las mujeres que han sufrido MGF y coordinar su seguimiento. Su labor resulta especialmente importante en materia de prevención cuando atienden a mujeres procedentes de países en los que esta práctica continúa presente y que tienen hijas menores.
La lucha contra la mutilación genital femenina, sostienen las matronas, no puede limitarse al ámbito sanitario. La existencia de miles de niñas potencialmente expuestas en Cataluña plantea también un desafío en materia de protección de la infancia, la igualdad y los derechos humanos.
«Erradicar la mutilación genital femenina no es solo una cuestión sanitaria. Es una cuestión de derechos humanos, de igualdad y de protección de la infancia», señalan desde Codita. «Las matronas estamos al lado de las mujeres para informar, acompañar, prevenir y contribuir a poner fin a esta forma de violencia», subrayan.
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