Cuentos personalizados con IA para explicar a los niños del Hospital Niño Jesús la quimioterapia

Marcos, paciente del Hospital Infantil Niño Jesús, hace terapia a través de un cuento, en Madrid, en junio de 2026.

Apenas comienzan a leerle el cuento, Marcos reconoce su coche verde en la pantalla. Las enormes paletas blancas de este niño de ocho años se asoman en una sonrisa. Han convertido a su juguete en el protagonista de la historia de dibujos que ve en la tableta. Está en el aula hospitalaria del Hospital Niño Jesús, en Madrid, donde recibe tratamiento para recuperarse de un daño cerebral adquirido. En el mayor centro pediátrico del país, el emprendimiento español Newlittle está desarrollando historias personalizadas para tratar a los pacientes durante su convalecencia. La plataforma permite tomarle una foto a su peluche o mascota para, en unos segundos, convertirlo en el protagonista, utilizando inteligencia artificial.

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El equipo de Newlittle lee sus cuentos para superar traumas a un paciente del Hospital Infantil Niño Jesús, en Madrid, en junio de 2026.Marcos, paciente del Hospital Infantil Niño Jesús, en el Aula Hospitalaria, en Madrid, en junio de 2026.La maestra de Educación Infantil Cristina López Santiago, la psicóloga Gala Secchi, el maestro Julio Casanova, y el director del Aula Hospitalaria Miguel Pérez, en el Hospital Niño Jesús, en Madrid, en junio de 2026. Una iniciativa convierte los juguetes de los pacientes pediátricos en protagonistas de las historias para acompañarlos en su convalecencia  

Apenas comienzan a leerle el cuento, Marcos reconoce su coche verde en la pantalla. Las enormes paletas blancas de este niño de ocho años se asoman en una sonrisa. Han convertido a su juguete en el protagonista de la historia de dibujos que ve en la tableta. Está en el aula hospitalaria del Hospital Niño Jesús, en Madrid, donde recibe tratamiento para recuperarse de un daño cerebral adquirido. En el mayor centro pediátrico del país, el emprendimiento español Newlittle está desarrollando historias personalizadas para tratar a los pacientes durante su convalecencia. La plataforma permite tomarle una foto a su peluche o mascota para, en unos segundos, convertirlo en el protagonista, utilizando inteligencia artificial.

El equipo de psicólogas empezó creando relatos para superar traumas o desafíos emocionales en terapia: la llegada de un hermano, el bullying, la muerte de un abuelo, el divorcio de los padres… Después descubrieron que ámbitos como el hospital pediátrico también necesitaban “ponerle palabras al dolor”, y entrar en terreno delicado como los pinchazos, las sondas o los efectos de la quimioterapia. “A veces contamos los cuentos que nadie quiere contar, pero hay que hacerlo”, explica Gala Secchi, encargada de la parte clínica del proyecto, y añade: “Cuando algo duele y no se pone la voz, es cuando más duele”.

En ocasiones, lo que necesita narrativas no es lo más obvio. Secchi cuenta que su hermano fue operado a corazón abierto de pequeño, y lo que más le impactó fue cuando le quitaron las grapas de la cicatriz. “Ninguna editorial va a invertir en un cuento tan específico”, sonríe, pero ellas lo han identificado y, si redactan esa historia, la pueden convertir en imágenes en el acto, gracias a su propio modelo de inteligencia artificial, que entrenaron con cientos de imágenes revisadas por personas, para evitar contenido violento o inapropiado.

Comenzaron desarrollando una colección de 10 historias específicas para la unidad de daño cerebral adquirido del Niño Jesús. Mapearon los principales desafíos emocionales (aquellas dificultades que se repiten, como el miedo u olvidarse de cómo hacer algo que antes se sabía), de estudios clínicos y de entrevistas a médicos, expacientes y sus familias.

Descubrieron que casi todos tenían objetos de apego ―un elemento de seguridad emocional para reducir el estrés cuando los padres no están― aunque no lo contaran, que los hermanos son los grandes olvidados de los tratamientos y que los estudiantes ingresados se sentían muy presionados para completar los deberes, cuando a veces solo necesitaban descansar. Estas fueron algunas de las semillas de los cuentos que fueron probando.

Las narrativas validadas siempre son las mismas, redactadas por profesionales, pero lo que se ve en pantalla cambia gracias a la tecnología que han desarrollado, que permite personalizar las ilustraciones, añadir el nombre del niño y una foto de su juguete que cobra vida en el relato. En esta colección incluso recrearon cómo luce el Niño Jesús por dentro. Traducen la realidad sin maquillar, sin ocultar los riesgos y malestares, y ayudan a interiorizarla.

El cuento de esta mañana es sobre el equipo de medidores de la batería, que le ayuda a Marcos a identificar si su coche está cansado y necesita recargarse. El relato es tan importante como el tono de la lectura y las preguntas que le va haciendo Secchi para interactuar. La también psicoterapeuta familiar de 36 años, especializada en apego y trauma, explica luego: “Sentir que mi batería tiene otro nivel después de una quimioterapia, por ejemplo, genera frustración, porque no se entiende, pero si hay una metáfora para explicar lo que está sucediendo, aliviamos un poquito el dolor”.

Marcos está muy inquieto; se mira en el espejo en la pared y juega con su pelo. Es parte de las secuelas del daño cerebral adquirido. Este cuadro puede ser el resultado de un golpe, un ictus o una enfermedad, como un cáncer, y puede causar parálisis de un lado del cuerpo, dificultades de equilibrio, problemas de memoria, atención, de comunicación o cambios de humor. Tiene una larga convalecencia. Los cuentos contribuyen a la adherencia a los tratamientos que a veces se abandonan antes de tiempo por miedo o falta de información.

Están en el aula hospitalaria, aquella parte del centro que funciona como colegio para dar continuidad a la formación de los pacientes de larga estancia en coordinación con sus escuelas de origen. Por ella pasan al año unos 1.300 alumnos de entre 3 y 18 años. Quienes han sufrido daño cerebral adquirido pueden estar hasta 18 meses, primero ingresados y luego en la fase ambulatoria, en la que se tratan con fisioterapia, logopedia, terapia ocupacional, medicina rehabilitadora y neuropsicología. Los acompaña una tropa de especialistas que, si el proyecto de Newlittle avanza, también podrán valerse de estas metáforas para comunicarse con sus pequeños pacientes.

El director del aula es Miguel Pérez, que aparece como personaje en el cuento de Marcos, aunque un poco menos canoso. El granadino de 50 años resume que su trabajo es buscar herramientas de conexión con los niños porque, al iniciar el tratamiento, “lo primero que aparece es el sentimiento de estar aislado, incomprendido, con la sensación de que el mundo se ha parado”. Todo el tiempo está buscando abrirles ventanas al exterior, que sigan perteneciendo, y considera que los relatos son “un arma potente y muy necesaria” para ello. El uso de cuentos en terapia es habitual, por ejemplo, en el caso de las historias sociales en tratamientos de niños con TEA, para adelantarles qué van a vivir y calmar el estrés ante situaciones nuevas.

Esta startup clínica tiene tres años de vida. El objetivo es seguir explorando y creando narrativas dentro del hospital y fuera, para escenarios muy diferentes. Por ejemplo: ¿cómo se explica una guerra? Newlittle también está trabajando con Unicef España para crear relatos sobre catástrofes naturales, como la dana de Valencia, para niños desplazados, sobre cómo reaccionar ante bombardeos. El norte es siempre el mismo: “Regular el miedo con palabras”.

Para los niños y niñas, que el protagonista sea su juguete, a través del cual puede canalizar sus emociones, atrae su atención. De manera virtual, puede acompañarlo a salas donde no tienen permitido llevar los muñecos reales, porque están en aislamiento o inmunodeprimidos. La plataforma también permite que sus familiares que están lejos puedan conectarse y leer al mismo tiempo que ellos y enviarles audios o emoticones.

Sus creadores se imaginan una “prescripción de cuentos”. Las historias no reemplazan la terapia, pero la complementan y sobre todo, le dan instrumentos a padres, hermanos y tíos para asimilar qué está viviendo el niño y conversar con él. También pueden servir para profesionales de la salud que Newlittle ha detectado que tienen solo ocho minutos por paciente para dar indicaciones. Seguirán explorando relatos para esta herramienta, que podría usarse, por ejemplo, para explicarles a los compañeros de Marcos que su amigo volverá en septiembre al colegio y pueden notarlo algo cambiado.

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