De la Fuente y los vigilantes del secreto

El resultado final lo tiñe todo. Si hay frustración, se dispara. Si hay alegría, se perdona todo. Y todo era drama ante Cabo Verde. Mal plan, poco ritmo, falta de gol, se dijo. Solo después de ver que esa misma Cabo Verde ponía contra las cuerdas a Uruguay —y luego a Argentina—, y que otras grandes iban encallándose de verdad, entendimos que era un Mundial diferente. Uno más difícil de predecir: no el de las goleadas, sino el del pico y la pala. Ayer España volvió a remangarse para jugar otro partido largo, demasiado largo para el rival. Fue esa gota constante, con fe y movilidad, con primeros toques y vigilancias implacables, la que sofocó a Bélgica hasta provocar un error definitivo. Sí, en las manos temblorosas de su portero suplente, pero error forzado al fin y al cabo.

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 Dejemos que el resto siga analizando cómo atacamos y no les contemos que el secreto no es tanto cómo tenemos el balón, sino que apenas nos castiguen cuando lo perdemos  

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Opinión

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Dejemos que el resto siga analizando cómo atacamos y no les contemos que el secreto no es tanto cómo tenemos el balón, sino que apenas nos castiguen cuando lo perdemos

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Mikel Merino disputa el balón con Jeremy Doku, de Bélgica, este viernes, en el partido de cuartos de final del Mundial.Omar Alonso (EFE)

El resultado final lo tiñe todo. Si hay frustración, se dispara. Si hay alegría, se perdona todo. Y todo era drama ante Cabo Verde. Mal plan, poco ritmo, falta de gol, se dijo. Solo después de ver que esa misma Cabo Verde ponía contra las cuerdas a Uruguay —y luego a Argentina—, y que otras grandes iban encallándose de verdad, entendimos que era un Mundial diferente. Uno más difícil de predecir: no el de las goleadas, sino el del pico y la pala. Ayer España volvió a remangarse para jugar otro partido largo, demasiado largo para el rival. Fue esa gota constante, con fe y movilidad, con primeros toques y vigilancias implacables, la que sofocó a Bélgica hasta provocar un error definitivo. Sí, en las manos temblorosas de su portero suplente, pero error forzado al fin y al cabo.

Costó, porque encajó el empate en uno de los pocos ataques que conectaron con De Ketelaere, pero España hizo todo lo que tenía que hacer ante lo que le planteaba Bélgica. A la presión al hombre en el inicio, respondió sin complejos con el pecho de Oyarzábal y una mirada más directa. Ante el bloque en 4-4-2, tiró de superioridad numérica para desgastar y hurgar en el flojo Mundial de De Bruyne, y tener distribuyendo de cara a Rodri y Fabián, cuyo pie izquierdo abrió secuencias que le dieron aire a España y hundió a Bélgica. Y en ese contexto de bloque espeso metido atrás, España sigue siendo la selección con más llaves ofensivas, sea desde el plan inicial con Cucu y Porro completando las genialidades de Lamine, Baena y Olmo, o desde el dinamismo que suman Ferran, Pedri, Mikel y Nico cuando algo se atasca. Si a la capacidad asociativa en una baldosa se le añade una concentración defensiva impecable para cortar de raíz cualquier transición rival, el partido se convierte en una cuenta atrás asfixiante para el contrario.

Tic tac. Tic tac. Boom.

Que España esté en semifinales suena a resistencia de un estilo de juego que, en su copia simplificada, está sufriendo para imponerse en este fútbol actual donde las piernas llegan a todo y los parones por hidratación ofrecen a los equipos respiro físico y auxilio táctico. Empecé el Mundial con ganas de ver hasta dónde el paradigma posicional, en su modo ataque monopolizador de la posesión y del control del juego, era capaz de sacar resultados. Desplegado sobre todo por las selecciones europeas, me interesaba comprobar si esa manera estructurada de jugar —esas partidas de ajedrez milimétricamente calculadas, con sus salidas de tres con lateral bajo, repetición de pases interiores para atraer saltos y extremos juntándose en la zona del mediapunta— daba rédito en un torneo al todo o nada, donde el corto plazo se come el proceso.

En plenas semifinales, lo único que tengo claro es que cada vez se defiende mejor y durante más tiempo, y contra ello, los ataques académicos solamente funcionan si se hacen con calidad, ritmo y convencimiento. España tiene décadas de metodología para añadir detalles y encontrar rendijas en los muros contra quienes la han copiado se estampan. Y si vuelve a tener éxito, volverá a ser el centro de todas las miradas. Dejemos que el resto siga analizando cómo atacamos y critique lo aburrido de los muchos pases cortos que juntamos, y no les contemos que el secreto no es tanto cómo tenemos el balón, sino que apenas nos castiguen cuando lo perdemos. Bélgica, que acumulaba más intentos a puerta del torneo, se quedó en un discreto 0.36 de xG. Seguir sobresaliendo en neutralizar la oferta ofensiva del rival desde el sometimiento y las vigilancias será esencial ante la poderosa Francia de Mbappé, Dembélé, Olise y Doué (o Barcola), la más goleadora del Mundial.

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