Una exposición recuerda la obra de los ingenieros militares Carlos Lemaur y José Ampudia y Valdés, que dibujaron los primeros trazados de la principal vía de comunicación entre Andalucía y la meseta castellana Leer Una exposición recuerda la obra de los ingenieros militares Carlos Lemaur y José Ampudia y Valdés, que dibujaron los primeros trazados de la principal vía de comunicación entre Andalucía y la meseta castellana Leer
Cuando el 5 de julio de 1767 el rey Carlos III sancionó en Madrid la real cédula de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena no solo llenó un vacío al norte de Andalucía sino que abrió nuevos caminos hasta entonces inexistentes. Carlos III confió aquella empresa al limeño Pablo de Olavide y Jáuregui, el sueño ilustrado que los mejores hombres de este país habían imaginado poco tiempo antes en la América hispana y que cobró forma en La Carolina y los pueblos de su entorno.
Era el tiempo de las luces y el momento de dar la espalda a la superchería, al enconamiento religioso, a la opacidad de los malos gobiernos, a las lacerantes prácticas de los gestores derrochadores. Había nacido una nueva generación de españoles formados en el enciclopedismo, la ilustración, en los ensayos de Montaigne y en la modernidad de Voltaire. Pablo de Olavide fue uno de aquellos españoles que creyó que un tiempo nuevo podía hacer cambiar las cosas. Antes de caer en desgracia, tuvo tiempo para ejercer como intendente de las Nuevas Poblaciones y planificar el reparto de tierras entre los colonos procedentes de Centroeuropa.
Olavide fue contemporáneo de Joaquín Itúrbide, director de correos en tiempos del rey ilustrado, y de los ingenieros militares Carlos Lemaur y José Ampudia y Valdés que abrieron los caminos de Despeñaperros en el último tercio del siglo XVIII, convirtiendo desde entonces aquellos primeros trazados en la principal vía de comunicación vial entre Andalucía y la meseta castellana. La exposición «El paso del Sur. Los ingenieros militares y el camino de Despeñaperros (1777-1808)» detalla aquella hazaña. La muestra está organizada por la Universidad de Jaén, ha sido obra del profesor José Miguel Delgado y estos días se exhibe en la localidad jiennense de Vilches a propósito de las jornadas conmemorativas de la batalla de las Navas de Tolosa y la Toma de la Ciudad.
La muestra, que estuvo en Madrid en febrero pasado, en el Instituto de Historia y Cultura Militar, explica los motivos por los cuales se eligió el paso de Despeñaperros como el nuevo camino que habría de unir el norte y el sur de la península. «El paso del Sur» enumera las fases históricas de aquel proyecto, la transformación del paisaje y los protagonistas que los llevaron a cabo.
Aquel espíritu pionero, aquel sentido por contribuir al nacimiento de un conjunto de caminos y colonias entre la meseta castellanomanchega y el valle del Guadalquivir, sostiene la filosofía de la muestra. Aquellas gestas que inició Carlos III fortalecieron los ideales de la ilustración, el trabajo, la responsabilidad y el esfuerzo compartido, razones de estado que sobrevolaron las diferencias políticas de la España de finales del XVIII, lideradas, además de por Olavide, por políticos de la talla del conde de Aranda, Rodríguez de Campomanes o Floridablanca.
Entrada y salida de Andalucía, Despeñaperros no es solo un tesoro ecológico, una rareza geológica, un vademécum botánico de primer nivel. Es, además, un espacio cultural de extraordinario valor. En sus abrigos y oquedades, entre los pliegues graníticos de sus formas geológicas el hombre del Paleolítico y el Neolítico dejó su huella. Las pinturas rupestres, la mayoría de ellas con más de seis mil años de antigüedad, fueron declaradas Patrimonio Mundial por la Unesco y hace unos años el Consejo de Europa las nominó Itinerario Cultural Europeo. El paso natural de Despeñaperros, cicatrizado por el río del mismo nombre, cuyas aguas cauce abajo se unen a las del Guarrizas antes de desembocar en el Guadalquivir, ha sido un territorio mítico durante el romanticismo desde que ingenieros como Lemaur y Ampudia y Valdés abrieron sus puertas.
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