El actor y director Jesse Eisenberg muestra su “amor por la interpretación” y hace reír a San Sebastián con ‘The Debut’

Jesse Eisenberg frena su chorro de discurso (Queens, Nueva York, 42 años) y recuerda: “Nunca he perdido el control encarnando a un personaje en el cine. Ahora bien, estaba en la escuela de interpretación y un profesor me empujó, me empujó en una historia catártica, y acabé llorando, gritando… Llegué demasiado lejos. Y pensé que jamás volvería a dejar que me pasara”. Ese descarrilamiento es el que sufre Julianne Moore en el tercer largo que dirige Eisenberg, The Debut, la comedia con la que compite en el festival de San Sebastián y con la que Moore ha entrado en las quinielas de los Oscar.

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 El cineasta, que fue candidato al Oscar por el guion de ‘A Real Pain’ y que ha donado un riñón en Ucrania, le regala a Julianne Moore uno de los mejores papeles de su carrera  

Jesse Eisenberg frena su chorro de discurso (Queens, Nueva York, 42 años) y recuerda: “Nunca he perdido el control encarnando a un personaje en el cine. Ahora bien, estaba en la escuela de interpretación y un profesor me empujó, me empujó en una historia catártica, y acabé llorando, gritando… Llegué demasiado lejos. Y pensé que jamás volvería a dejar que me pasara”. Ese descarrilamiento es el que sufre Julianne Moore en el tercer largo que dirige Eisenberg, The Debut, la comedia con la que compite en el festival de San Sebastián y con la que Moore ha entrado en las quinielas de los Oscar.

Moore encarna a un ama de casa aburrida que decide presentarse a las pruebas de un musical. En su momento fue actriz aficionada. Ahora, la rutina devastadora le empuja a esta última tabla de salvación. Por diversos accidentes es elegida para el reparto, y en su afán por estar a la altura, y presionada por el director del musical, interpretado por Paul Giamatti, se perderá en la locura. Eisenberg no solo ha dirigido y aparece como actor secundario, sino que, al escribir el guion, también redactó el musical, que durante la entrevista su creador califica de “tonto”. “Pues es el mejor musical que soy capaz de crear. Me lo tomé muy en serio, aunque no soy Lin-Manuel Miranda”.

Porque Eisenberg, que fue candidato al Oscar a mejor actor por La red social y al mejor guion por A Real Pain, quería honrar a la profesión. “Es que amo este trabajo y amo cómo se construye una comunidad. Hay una pasión en esa misión. Me encanta ver grupos en acción. Mira, me fascina ver a los niños cuando juegan a Dragones y mazmorras, y lo disfrutan con una seriedad aplastante. Por eso, para que funcionara la comedia, el musical debía ser tonto. Imagínate que se lanzaran a un shakespeare: su drama no dejaría nacer a las risas”, desgrana.

En realidad, el cineasta ahonda en sus recuerdos: “Llevo con esta historia desde crío, y he pensado en ella a lo largo de los años. Cuando yo tenía siete años, vivía en Nueva Jersey, con muy pocos amigos. Hasta que empecé a hacer teatro y todo el mundo me recibió con los brazos abiertos. Me cambió la vida”.

¿No es muy divertido que Moore pueda ganar el Oscar encarnando a una malísima actriz desnortada? “Sería maravilloso. Escribí pensando en ella y tuve suerte de que aceptara el proyecto. Si no…”.

Ethan Hawke contó una vez en Madrid que los actores que saltan a la dirección pueden no ir a escuelas de cine, porque conocen decenas de platós a lo largo de su carrera y, si son listos, absorben muchas experiencias. “Efectivamente, yo he hecho películas por muchas razones y con directores muy distintos. Por ejemplo, Woody Allen [del que El debut es claramente deudora] rueda de una manera muy directa y sencilla, como no hacen otros. O trabajé en Vivarium solo por ver cómo se filma una película surrealista”. ¿Y a Eisenberg, cuándo le tomó la industria en serio como director? “Tengo muchos complejos y uno de ellos es el de la autoría. Comencé a escribir guiones con 16 años, a tocar la batería y he encadenado en alguna ocasión demasiados estrenos de obras escritas por mí en teatro. Todo por ese puritro… aunque por eso, al saltar por esos distintos trabajos, nunca me han mirado por encima del hombro”.

La entrevista aún esconde una sorpresa final. Cuando se le pregunta por lo oportuno o no que es que un actor manifieste sus opiniones políticas o su opinión ante acontecimientos sociales, Eisenberg, que ha reconstruido sus lazos con su familia polaca como se mostraba en A Real Pain, cuenta: “Me siento muy cercano a Ucrania y al sufrimiento de sus habitantes. En enero estuve allí para ayudar, para recaudar dinero… Y mira, doné uno de mis riñones. No digo que todo el mundo lo haga, pero se puede vivir sin uno. Solo controlo que ya no puedo tomar ibuprofeno. Y en países en guerra se necesitan órganos para trasplantes. ¿Hay que publicitarlo? Bueno, si eso ayuda…”.

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