A eso de las 10 de la mañana del jueves me senté delante del televisor. Tenía ganas de saber si Isabel Díaz Ayuso había reaccionado a lo que pasó el miércoles en la calle de Sainz de Baranda y después en Martínez Campos en la entrevista con Nacho Abad. Pero pasó el tiempo, dieron las 12, y como no aparecía en pantalla, pensé que sería mejor hacer la lista de la compra y transcribir dos entrevistas pendientes. Porque lo que dijera la presidenta de mi comunidad me lo acabarían contando otros, como me contarán también el outfit escogido para la ocasión, probablemente a un precio muy competitivo y al alcance de todos los bolsillos, y quizá sea esto lo que me interese porque una no sabe muy bien dónde puede encontrar la inspiración para un buen fondo de armario.
En redes ha sido un festín el de algunos colegas. En las mesas de debate, y dependiendo de a qué pozo te asomes, también
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En redes ha sido un festín el de algunos colegas. En las mesas de debate, y dependiendo de a qué pozo te asomes, también
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A eso de las 10 de la mañana del jueves me senté delante del televisor. Tenía ganas de saber si Isabel Díaz Ayuso había reaccionado a lo que pasó el miércoles en la calle de Sainz de Baranda y después en Martínez Campos en la entrevista con Nacho Abad. Pero pasó el tiempo, dieron las 12, y como no aparecía en pantalla, pensé que sería mejor hacer la lista de la compra y transcribir dos entrevistas pendientes. Porque lo que dijera la presidenta de mi comunidad me lo acabarían contando otros, como me contarán también el outfit escogido para la ocasión, probablemente a un precio muy competitivo y al alcance de todos los bolsillos, y quizá sea esto lo que me interese porque una no sabe muy bien dónde puede encontrar la inspiración para un buen fondo de armario.
Tras esta frase larguísima, otros asuntos. El desahucio de Maricarmen Abascal ha sido una de las noticias de la semana. En algunos programas se ha tratado el asunto de la manera en la que sus responsables han considerado. Habrá primado, digo yo, el interés informativo, la línea editorial e ideológica, en todos la caza de décimas de share y los viralitos. Pero esta noticia, como tantas otras, ha servido como medidor de decencias. En redes, por cierto, ha sido un festín el de algunos colegas. En las mesas de debate, y dependiendo de a qué pozo te asomes, también.
Otros programas, los menos, simplemente han considerado que no cabía en la escaleta. Que no deja de ser una cosa curiosa porque en esa España que se luce en la muñeca, bien grande, parece no haber hueco para una señora llamada Maricarmen —el nombre más común en España, según el INE— nacida en Madrid. A veces pasa que no basta un medidor de decencias, simplemente no la hay.
Es difícil hablar de este tema sin caer en charcos. Una cae en el de la cursilería cuando quiere ser serena y a lo mejor un poquito empática, o se viste de lugares comunes a falta de conocimiento sobre la ley de la vivienda. Pero peor parados están los hijos de fruta, que diría Kiko Hernández, que consideran que una vieja lo que tiene que hacer es morirse y no molestar, y menos en el distrito de Retiro. Que a la mínima lloramos por cualquier cosa, sacamos la guitarrita y nos da por los versos. Ellos, los que dicen que son más de versículos. Cuando lo que son es miserables.
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