
El Camino de Santiago quedará sumido en la oscuridad en pleno día, a las 20.28 del 12 de agosto. A esa hora, una alargada sombra llegará a una velocidad hipersónica (más de 7.000 kilómetros por hora) y cubrirá al mismo tiempo prácticamente toda la ruta jacobea durante cerca de 1 minuto y 30 segundos. Solo el destino final —los últimos tramos, ya en Compostela— y las etapas iniciales de la peregrinación —hasta pasar Pamplona— seguirán viendo la luz del Sol, pues quedan fuera de la banda de totalidad del eclipse.


¿Y tú cómo vivirás el eclipse?

En EL PAÍS, queremos saber cómo se preparan ustedes, nuestros lectores, para el fenómeno astronómico del 12 de agosto. Envíanos a participacion@elpais.es tu testimonio de cómo te preparas o cómo recibirá tu pueblo o ciudad el eclipse. Puedes incluir fotos si quieres. El próximo lunes, 10 de agosto, publicaremos algunas de las historias del eclipse de nuestros lectores.
De los hoteles rurales llenos a la incertidumbre por los albergues que no admiten reserva, los pueblos de la ruta jacobea aprovechan su experiencia con peregrinos para recibir una avalancha indeterminada de visitas por el fenómeno astronómico
El Camino de Santiago quedará sumido en la oscuridad en pleno día, a las 20.28 del 12 de agosto. A esa hora, una alargada sombra llegará a una velocidad hipersónica (más de 7.000 kilómetros por hora) y cubrirá al mismo tiempo prácticamente toda la ruta jacobea durante cerca de 1 minuto y 30 segundos. Solo el destino final —los últimos tramos, ya en Compostela— y las etapas iniciales de la peregrinación —hasta pasar Pamplona— seguirán viendo la luz del Sol, pues quedan fuera de la banda de totalidad del eclipse.
A pocos días del fenómeno, la expectación ante esa profecía astronómica empieza a llegar a la etapa reina del Camino Francés, que culmina en O Cebreiro (Lugo) y marca la entrada en Galicia. En medio de esa empinada ascensión, que para muchos es la más dura de la ruta, está la aldea leonesa de La Faba, con un albergue parroquial pegado a la Iglesia de San Andrés, construida entre los siglos XVI y XVIII. Al hospitalero que recibe a los peregrinos, el alemán Andreas Braun, se le iluminan los ojos al oír hablar del eclipse. Recuerda uno que él vivió y que atravesó la zona central de Europa el 11 de agosto de 1999: “Tenía 24 años y estaba en Abensberg [Alemania]. Nos alejamos de la ciudad para contemplar la totalidad del eclipse en medio del campo. Fue increíble. Había una gran bandada de pájaros volando y, en cuanto llegó la sombra, se posaron bruscamente en el suelo”.

Para él, volver a tener la posibilidad de ver un eclipse total es un afortunado accidente. Braun pertenece a una asociación alemana que gestiona el albergue y cuando se comprometió a ser su hospitalero este verano, no tenía ni idea de que iba a coincidir con el fenómeno astronómico. “Por suerte, mi billete de vuelta es justo para el día siguiente”, comenta el voluntario alemán. Una comprobación con visor oficial del eclipse en España muestra cómo la ocultación máxima del Sol se producirá en el albergue de La Faba con el astro rey medio tapado ya por la montaña que lleva a O Cebreiro. Andreas frunce el ceño y enseguida vuelve a sonreír, señalando el campanario de la iglesia. Su hijo Valentin, de 12 años, sube por la delicada escalinata y verifica que desde allí arriba sí será posible tener a la vista el Sol durante la fase de totalidad.
En el albergue de La Faba no se hacen reservas, así que Andreas no puede confirmar que haya peregrinos planeando su peregrinación de modo que coincida con el eclipse. Para saber eso, recomienda hablar con Fray Paco, el franciscano que custodia el santuario de O Cebreiro. Siguiendo la ruta, la siguiente aldea es La Laguna, todavía en la provincia de León. Allí, en la posada para peregrinos —que también es el bar donde se reúnen los locales— sí han hecho ya reservas para el eclipse; incluso, alguna de dos noches, lo que sorprendió en el pueblo. “Sí, aquí sabemos que viene un eclipse, pero a nosotros nos sigue tocando estar pendientes de las vacas”, comenta con sorna y modestia Rosa, la mayor de los habitantes de La Laguna. “Aquí vivimos 24 todo el año. Pero en La Faba solo pasan el invierno seis o siete personas. En verano, vuelven los que viven en Bilbao o Barcelona, y son más de 30”.
Al final de la subida a O Cebreiro, el paisaje se abre. Pese a la cercanía de otras montañas, justo la zona del atardecer tiene un horizonte bastante limpio. Usando apps de realidad aumentada, es fácil comprobar con el móvil que la primera aldea gallega del Camino de Santiago cuenta con numerosos lugares idóneos para ver el eclipse en su momento culminante. “Solo esperamos que no entre la niebla a esa hora, que aquí pasa cualquier día y en cualquier momento”, comentan Elvira y Rosa, que esperan con ilusión el atardecer del 12 de agosto.





Rosa recuerda haber vivido un eclipse total: “Fue de niña, en el Bierzo [la comarca vecina, en León], creo que a finales de los años 60. El cielo se oscureció y los animales se callaron. Para mirarlo, usamos el vidrio ahumado del culo de unas botellas”. Elvira la mira extrañada: “Pues yo no recuerdo nada de eso”. La hemeroteca da la razón a la segunda: el anterior eclipse total en la península Ibérica fue en 1905. Ambas trabajan en un hotel rural (Casa O Cebreiro), donde todavía quedan bastantes habitaciones libres para el eclipse, algo poco común esa noche dentro de la banda de totalidad.
Tras la misa para peregrinos de cada día a las 19.00, Fray Paco dice que no le consta “ninguna actividad específica para el eclipse” en ese punto emblemático del Camino. El carismático párroco, la referencia para las cuatro personas que duermen allí todo el año y para quienes suben cada día a trabajar en los restaurantes y alojamientos, aguarda con expectación el eclipse: “Siento una conexión con todo lo astral. Al acabar la bendición, animaré a los asistentes a la misa a que vengan conmigo a ver el eclipse, que estará entonces empezando. La zona del albergue de peregrinos es ideal”, explica Fray Paco. Ante la pregunta de si tendrá gafas para repartir, remite a la tienda más cercana. Allí, José muestra orgulloso una caja de gafas de protección, que llaman la atención entre todo tipo de recuerdos del Camino.
Los caprichos de la mecánica celeste y del vals que bailan la Tierra y la Luna juntas alrededor del Sol han querido que el Camino de Santiago sea el eje central de la sombra de este eclipse solar total, al comienzo de su paso por España. Es un recorrido muy similar al del eclipse de 1905. La historia se repite; y la parte central de la ruta de peregrinación —en las provincias de Palencia y Burgos— vuelve a ser un lugar idóneo para contemplar el fenómeno, por sus llanuras y por la alta probabilidad de cielos despejados. Pero todo ha cambiado desde hace un siglo. Entonces, el Camino estaba abandonado. Elías Valiña, párroco de O Cebreiro y revitalizador de la ruta jacobea, comenzó a pintar las flechas amarillas en 1984. Y en 1905 también vivía mucha más gente en los pueblos por los que ahora pasan cientos de miles de peregrinos cada año.
Ilusión y preocupación en Palencia
En este eclipse de 2026, sin embargo, la protagonista será la España vaciada. Uno de los pueblos por los que pasa el Camino que sigue perdiendo habitantes es Carrión de los Condes (Palencia), que en los últimos 30 años ha pasado de 2.595 a 1.997 empadronados. En los próximos días, Carrión va a recuperar un símbolo del eclipse de 1905. Científicos del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) han restaurado, y traen de vuelta, el telescopio que entonces usaron para observar la ocultación del Sol los jesuitas del monasterio de San Zoilo, levantado hace más de 10 siglos en el Camino de Santiago, justo tras su paso por Carrión. Esta iniciativa forma parte de un proyecto científico destinado a investigar la corona solar durante los eclipses totales de 2026 y 2027.
La labor divulgativa de los astrónomos del IAC ha ayudado a concienciar en muchas localidades de la provincia de Palencia de la necesidad de prepararse para una afluencia masiva de visitantes el 12 de agosto. Luis Miguel Medina, el alcalde de Carrión de los Condes (PP), afirma que llevan meses preparando un dispositivo para esos días y que le preocupa que las infraestructuras hosteleras se vean desbordadas. “Es muy difícil saber cuánta gente va a venir, pero haremos todo lo posible para garantizar la seguridad y también para que nuestros vecinos puedan disfrutar del eclipse”, explica Medina, quien destaca que están delimitando zonas ideales para la observación e implicando a diversas asociaciones culturales y de artesanos. Añade que “entre el Camino y varias fiestas locales, en Carrión los alojamientos están llenos casi todo el verano”. Por eso, dice, prefirió no habilitar en su pueblo un punto de observación oficial, tras conversaciones con la Junta de Castilla y León.

Siguiendo la peregrinación en sentido inverso casi 20 kilómetros, la siguiente parada es en Frómista, localidad palentina de 727 habitantes, que lleva años siendo destino de turismo astronómico. En el Eco Hotel Terrafranca, Reyes recuerda su sorpresa cuando empezó a trabajar allí hace tres veranos y no pudo atender una solicitud de reserva para el 12 de agosto de este año porque estaban todas las habitaciones completas. El alcalde Feliciano Montes (PSOE) lamenta que, con esa doble vinculación al astroturismo y al Camino, la Junta no accediese a su solicitud de ubicar un mirador oficial en su localidad. Montes enseña a EL PAÍS el lugar, entre campos de cereales y girasoles, y explica que prefiere no publicitar mucho la ubicación para no atraer a más gente de la que ya va a ir. “Nuestra prioridad es la seguridad de los vecinos. Por eso, entregamos gafas de protección a cada empadronado”.
“Lo que me da pánico son los incendios. En principio, esta no es zona de altísimo riesgo, ¿pero y si sí?“, añade. “Además, con nuestros medios modestos, no podemos atender a cientos y cientos de personas y asegurarnos de que todo el mundo está atento a las indicaciones precisas que daremos de cuándo hay que ponerse y quitarse las gafas”. El locutor de ese ritual típico de cada eclipse total va a ser Ángel de Francisco, encargado del observatorio municipal de estrellas de Frómista, recién terminado; y decorado con sus propias imágenes astronómicas. Este astrofotógrafo pasa noches en vela para captar espectaculares imágenes de la Vía Láctea pasando por encima de la emblemática iglesia de San Martín de Frómista, un templo románico del siglo XI. Su próximo reto es cazar con su cámara un eclipse total: “Nunca he visto uno. Pero, por encima de la fotografía, está la ilusión de vivirlo con mis vecinos”.
¿Y tú cómo vivirás el eclipse?

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