Después de firmar con el presidente Joan Laporta la ampliación de su contrato hasta 2030, Raphinha esperaba sentado en las oficinas del Barcelona para comparecer ante los medios. Traje negro de americana cruzada, sin corbata. Estaba con su mujer y su hijo, que jugaba con el móvil. Unos minutos más tarde llegó su suegro. Explican en el club que la influencia de la familia de su pareja es cada vez mayor en la vida profesional del brasileño, sobre todo desde que se quedó sin agente: Deco dejó de representarlo cuando tomó el mando de la dirección deportiva azulgrana.
El brasileño renueva hasta 2030 en plena racha goleadora, aunque asegura que no llega al “cien por cien” a la cita del Metropolitano
El brasileño renueva hasta 2030 en plena racha goleadora, aunque asegura que no llega al “cien por cien” a la cita del Metropolitano
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Después de firmar con el presidente Joan Laporta la ampliación de su contrato hasta 2030, Raphinha esperaba sentado en las oficinas del Barcelona para comparecer ante los medios. Traje negro de americana cruzada, sin corbata. Estaba con su mujer y su hijo, que jugaba con el móvil. Unos minutos más tarde llegó su suegro. Explican en el club que la influencia de la familia de su pareja es cada vez mayor en la vida profesional del brasileño, sobre todo desde que se quedó sin agente: Deco dejó de representarlo cuando tomó el mando de la dirección deportiva azulgrana.
“He tenido a Deco como un padre en algún momento porque ha hecho muchas cosas personales por mí, además de futbolísticamente. Fue la persona que confió en que podía llegar a un club así, me ha hecho soñar y creer en lo que podía ser. No tengo ahora agente. Tengo una relación espectacular con Deco. Son 10 años de amistad”, explicó el delantero, que pasará a ocupar el segundo escalafón de la masa salarial junto a Rodri, por detrás de Lamine Yamal. Deco convenció a Raphinha de que era jugador para el Barcelona, y al Barcelona de que Raphinha era jugador para su equipo. No se equivocó. Y lo sostuvo sobre todo en la etapa de Xavi Hernández, cuando el staff técnico quería ponerlo en el mercado.
“Desde el primer día siempre he dado lo mejor, de todas las maneras posibles. Obviamente no siempre tuve los resultados que la gente esperaba, pero sabía lo que podía hacer con esta camiseta. He dado mi vida, con intensidad, he marcado mucho…”, reivindicó. Y miró por el retrovisor: “Un jugador que llega de un equipo sin la grandeza del Barça y mete 10 goles, lo hemos de considerar bien. Lo he hecho las dos temporadas que querían expulsarme del club”. En su primera campaña en el Barcelona, el brasileño firmó 10 goles y repartió 12 asistencias; en la segunda, 10 y 13. Hasta que llegó Hansi Flick: “Luego ya tuve más confianza y tranquilidad para hacer mi trabajo”.
Con el alemán en el banquillo, Raphinha cambió de banda y pasó a jugar en la izquierda: 34 goles y 26 asistencias en su primera temporada a sus órdenes. Las lesiones, sin embargo, se cruzaron en su camino. El curso pasado encadenó hasta cinco y mermaron sus estadísticas: 21 dianas y 13 pases de gol. Un problema que amaga con repetirse esta temporada, después de que regresara con molestias musculares del primer parón de selecciones. “Ancelotti sabe que tiene que repartir minutos. Sabe que para Brasil también sería complicado y conoce cómo gestionar minutos. Estoy bien, pero no al cien por cien”, anticipó. El delantero vive dividido entre Brasil y el Barcelona. No es nuevo. Tiene que demostrar su compromiso a la torcida, pero también a la afición azulgrana. Un dilema de difícil solución, sobre todo con una Canarinha huérfana de líderes desde la ausencia de Neymar y el extravío de Vinicius. “Que los culés no estén preocupados, porque me cuido mucho”, insistió el capitán del Barcelona.
Ni siquiera la lesión ha bajado a Raphinha de la nube en la que ha empezado la campaña, ahora como delantero centro desde que la dirección deportiva no pudo convencer a la del Atlético para que le vendiera a Julián Alvarez. “Siempre intento adaptarme muy rápido a todo. Sabía que podía marcar jugando de 9 porque estando cerca de la portería es más fácil”, expuso el 11. Lleva 19 goles y tres asistencias en 13 partidos. Demasiados incluso para él: “Me ha sorprendido. No me imaginaba llevar tantos goles a estas alturas”.
Flick se regocija con su acierto; Simeone, en cambio, lo teme. “No sé cómo no ganó el Balón de Oro”, se quejó el técnico argentino el año pasado, cuando Dembélé se subió a lo más alto del podio en la gala de France Football. Para Simeone fue un alivio que Raphinha se perdiera la eliminatoria de cuartos de final de la Champions y la ida de la semifinal de la Copa del Rey. “No sé qué hubiera cambiado si yo hubiese estado. Soy uno más. La plantilla tiene calidad y capacidad suficiente para jugar contra cualquiera”, sostuvo. No se perderá la visita del Barcelona al Metropolitano este domingo, mucho menos ahora que tiene en el horizonte una larga vida como azulgrana: “Me encantaría terminar mi carrera aquí, pero depende del físico”.
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