El Santander cerró este jueves la compra de Webster, la tercera mayor adquisición de su historia, después de las de ABN Amro y Abbey National, y que supone un giro histórico de la estrategia desplegada por la entidad en Estados Unidos. Suma más de 3,5 millones de clientes adicionales y, sobre todo, gana peso en banca tradicional, tanto de empresas como a pie de calle. Con 60.000 millones de dólares adicionales en depósitos, sienta las bases para impulsar sus negocios en el país con una estructura clásica: banca de inversión, crédito al consumo, banca minorista y banca privada. El mercado estadounidense se convierte en el tercero más importante por activos para la entidad, por detrás de España y Reino Unido.
La entidad amplía su número de clientes en 3,5 millones y diversifica su negocio con banca comercial y minorista de alta calidad
El Santander cerró este jueves la compra de Webster, la tercera mayor adquisición de su historia, después de las de ABN Amro y Abbey National, y que supone un giro histórico de la estrategia desplegada por la entidad en Estados Unidos. Suma más de 3,5 millones de clientes adicionales y, sobre todo, gana peso en banca tradicional, tanto de empresas como a pie de calle. Con 60.000 millones de dólares adicionales en depósitos, sienta las bases para impulsar sus negocios en el país con una estructura clásica: banca de inversión, crédito al consumo, banca minorista y banca privada. El mercado estadounidense se convierte en el tercero más importante por activos para la entidad, por detrás de España y Reino Unido.
Para la hoja de ruta a largo plazo del Santander, Webster es la clave de bóveda, con un peso muy superior al que tiene respecto al balance total del grupo del 4%. El banco adquirido es una plataforma para consolidar su crecimiento en la mayor economía del mundo, que complementa sus negocios en el resto de América y también en Europa, y responde al reiterado mantra de Ana Botín, que desde el inicio de su presidencia ha marcado el valor diferencial del banco con sede en Cantabria en su dimensión internacional.
La operación se cerró este jueves, una vez obtenidos los permisos pertinentes, el último, el de la Reserva Federal, el 5 de agosto. La entidad española ha quemado etapas para ejecutar una compra que estaba pactada con la firma estadounidense desde febrero.El Santander ha abonado por Webster unos 12.500 millones de dólares (10.800 millones de euros), pagados en parte en efectivo y en parte en acciones. El Santander tendrá ocho millones de clientes en Estados Unidos y un balance de 327.000 millones de dólares (unos 283.000 millones de euros). Se convierte en la decimonovena entidad del país, doce puestos por encima de donde estaba, y en líder del mercado en el estado de Connecticut, donde tiene su sede Webster y acapara el 24% de los depósitos. Aspira a obtener ahorros de costes de 800 millones de dólares (unos 700 millones de euros), con un incremento del beneficio por acción del 8% en tres años.
Emilio Botín desembarcó en Estados Unidos hace dos décadas con la entrada en el capital de Sovereign y la compra del embrión del actual Santander Consumer USA. El primero, del que compró el 100% años después, le proporcionó una licencia bancaria y una red en parte del país, mientras que el segundo se convirtió en una máquina de crédito al consumo centrada en facilitar préstamos para la adquisición de automóviles. Este supone el grueso de su negocio en Estados Unidos, que hasta el momento se situaba como tercer mercado del grupo, con el 13,5% de sus beneficios en el primer semestre.
La contrapartida es que, hasta ahora, el Santander en Estados Unidos estaba centrado en créditos al consumo para clientes de segmentos de renta bajos, un sector de préstamos de elevados intereses, pero también expuesto a litigiosidad y alta morosidad. Más de la mitad de su cartera de financiación en el país se destinaba a financiar automóviles. El coste de financiación de estos préstamos era, también, alto, pues el banco no captaba suficientes depósitos: cubría la brecha con emisiones de deuda, por las que abona cerca de un 6%, más que duplicando lo que paga por el ahorro a sus clientes.
Desde esta semana, el Santander es una entidad de perfil clásico, con una amplia base de clientes, una red de 200 oficinas a pie de calle, implantación local y un fuerte peso del crédito a empresas. Webster no tiene ni un solo dólar expuesto a la financiación de vehículos y su cartera crediticia está formada en un 80% por préstamos a compañías, sobre un total de créditos de 58.000 millones de dólares (unos 50.000 millones de euros), según los datos comunicados al supervisor estadounidense de los mercados, la SEC. El dato de provisiones para insolvencias resume la gran transformación: en Webster, suponía el 1,25% de su cartera de préstamos, mientras que en Santander Estados Unidos era del 7%.
Webster complementa este asentado negocio del Santander con una inyección de liquidez cimentada en buena parte en el ahorro de los ciudadanos estadounidenses destinado a cubrir sus gastos sanitarios. Lo hace a través de HSA Bank, especializado en estas cuentas con ventajas fiscales y con una remuneración casi nula. Estas cuentas suman unos 8.000 millones de euros con un interés pagado de apenas el 0,17%, a las que se suman otros 8.600 millones de euros en cuentas a la vista.
Santander también cuenta con un creciente negocio de banca de inversión (CIB, por sus siglas en inglés) en Estados Unidos. Ha fichado a más de 300 personas en unos dos años y ha propulsado este negocio en todos los ámbitos, con unos resultados incuestionables. El importe de las comisiones obtenidas allí en la última década se dispara casi un 800%, hasta los 414 millones de dólares (381 millones de euros) en 2025, de acuerdo con los datos de Dealogic. Webster será el trampolín para elevar el nivel de esta línea de negocio.
Su objetivo es consolidar una franquicia de banca corporativa y de inversión de escala global, reforzando especialmente las actividades de advisory (asesoramiento), financiación, mercados de capitales y soluciones transaccionales. Webster le abre puertas del noreste del país, desde el área metropolitana de Nueva York hasta Rhode Island y Massachusetts. Así dispondrá de acceso directo a uno de los mayores ecosistemas de potenciales clientes de servicios de banca de inversión, con firmas de private equity (capital privado) o especializadas en deuda. La entidad señala en su informe del primer semestre que Webster “representa una oportunidad adicional para ampliar la base de clientes en el país, y aprovechar los beneficios de una mayor escala mediante la colaboración y el uso de la plataforma de Santander en Estados Unidos”.
Lo mismo ocurre con la banca privada, que por primera vez ha superado los 320.000 clientes. La división que engloba este negocio, junto al de gestión de activos y al de seguros, exhibe un RoTE del 57% a cierre de junio. Esa rentabilidad casi cuadruplica la media del grupo (15,6%) y triplica la de la banca corporativa y de inversión (CIB), la segunda mejor área con un 20,3%. Su oficina en Miami, centrada en clientes latinos, será el núcleo que surtirá de clientela a la entidad en Estados Unidos, ya con la licencia para operar en banca privada en todo el país de la mano de Webster. El primer objetivo será retener a los actuales clientes latinoamericanos. El segundo, llegar a los clientes hispanos en Estados Unidos con mayor patrimonio, que en conjunto suman alrededor de un billón de dólares disponibles para invertir.
La marca Webster, por el momento, se mantendrá, como aclara la entidad en su página web y ya adelantó Ana Botín en febrero. Esta marca convivirá con la de Openbank y la propia del Santander. Aunque la marca perviva, el banco estadounidense ha dejado de negociarse en la Bolsa de Nueva York. Sus propietarios son ahora accionistas del Santander, tras haber recibido 2,0548 títulos en forma de ADS (american depositary share) que pueden canjear sin ningún coste por acciones cotizadas en Madrid.
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