Mujer, de izquierdas y con padres turcos: la inesperada irrupción de Elif Eralp como favorita para gobernar Berlín

Si hace dos años alguien hubiera dicho que para 2026 el partido de izquierdas Die Linke tendría por primera vez serias opciones de encabezar el Gobierno en la capital alemana y, además, hacerlo de la mano de una mujer de origen turco, hubiera sido recibido con escepticismo, casi con burla. Pero en política todo puede suceder.

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 La jurista muniquesa de Die Linke es una de las candidatas más fuertes para encabezar el Gobierno de la capital alemana desde septiembre  

Si hace dos años alguien hubiera dicho que para 2026 el partido de izquierdas Die Linke tendría por primera vez serias opciones de encabezar el Gobierno en la capital alemana y, además, hacerlo de la mano de una mujer de origen turco, hubiera sido recibido con escepticismo, casi con burla. Pero en política todo puede suceder.

Si bien la última encuesta, publicada el viernes pasado por el centro demoscópico Insa, coloca al partido gobernante, los democristianos de la CDU, con un punto por delante de Die Linke, esta formación ha igualado a sus contendientes en la preferencia política de los berlineses. Y eso da a su candidata, Elif Eralp, una alta probabilidad de convertirse en la nueva alcaldesa del Estado federado de Berlín tras las elecciones del próximo 20 de septiembre.

Aunque el centroderecha figure a estas alturas ligeramente por delante del resto de partidos, quien quiera gobernar Berlín está abocado a hacerlo con mayoría absoluta —algo, a la vista de los sondeos, prácticamente inalcanzable para todos— o a formar una compleja coalición con otros partidos. Die Linke tendría la posibilidad de liderar un frente de izquierdas con Los Verdes y con los socialdemócratas del SPD. Todo apunta a que estos últimos serán quienes tengan la llave del Ejecutivo.

Que la candidatura de esta jurista de 45 años, hija de refugiados turcos, esté subiendo de una manera lenta pero constante es el resultado de varios factores que no necesariamente tienen que ver con ella, pero sí con su perfil, que encaja con el ímpetu renovado con que Die Linke ha vuelto al escenario político alemán en los últimos dos años.

“[Se supone que] una persona como yo no llegaría a ser alcaldesa. Como hija de refugiados, he luchado contra la injusticia desde que tengo uso de razón. He sido testigo de cómo se trataba de forma diferente a familias como la nuestra. Por eso estudié Derecho, para defender la igualdad de todos”, explica Eralp en el vídeo de presentación de su candidatura, en octubre del año pasado.

Su aspecto es el de una mujer tranquila, incluso dulce. Aunque es diputada regional de Berlín desde 2021, así como vicepresidenta del grupo parlamentario de Die Linke, apela a su experiencia de vida para acercarse a los electores. Como madre de familia de dos hijos que acuden a una escuela pública al uso. Como alguien que vive en un apartamento sencillo de alquiler, como la mayoría de los berlineses. Y, también, como miembro desde hace 15 años de una comunidad plural y diversa de su barrio, Kreuzberg. “Puede parecer un poco rudo, pero aquí hay una comunidad maravillosa. Gente auténtica que se apoya mutuamente, y eso no se puede comprar”, dice.

El perfil de Eralp es, en fin, como el de muchos en esta ciudad y como el de muchos alemanes, que a pesar de serlo por nacimiento han tenido que luchar para tener un lugar en esta sociedad.

Huida a Alemania

En el otoño de 1980, según ha contado ella misma en diversas entrevistas con medios alemanes, sus padres huyeron de Turquía tras el golpe de Estado de las Fuerzas Armadas de ese mismo año. Lo hicieron con su madre embarazada de ocho meses, temerosos de la represión y la persecución política que podrían sufrir como socialistas y sindicalistas que eran.

Fue así como la política de izquierda en lugar de nacer en Estambul, como estaba previsto, acabó haciéndolo en Múnich. Dos años después, con el asilo ya concedido, la familia se mudó a Dortmund, donde su padre encontró trabajo como doctor. No así su madre, quien tuvo que esperar otros 15 largos años para que las autoridades alemanas le reconocieran su título como formadora de enfermeras.

Cuando tenía ocho años, sus padres decidieron mudarse a Hamburgo, ciudad en la que creció y estudió Derecho, siempre con la defensa de los derechos humanos en su punto de mira. En una entrevista reciente con el semanario Der Spiegel contó cómo en su juventud, tras los atentados racistas de Mölln y Solingen en 1993 —contra inmigrantes de origen turco—, vivió con miedo de que su casa también fuera incendiada.

Su carrera profesional la fue conduciendo a Berlín. Primero, con unas prácticas profesionales en el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). Después, para trabajar como asesora jurídica de Die Linke en el Parlamento federal en 2010. Desde entonces, Berlín es su hogar.

La afiliación al partido de izquierdas llegaría años después, en 2017, en gran medida por la conmoción que le produjo la llegada del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) al Bundestag, la Cámara baja germana. En 2021 resultaría elegida diputada al Parlamento de Berlín, donde rápido se focalizó en vivienda, política migratoria y lucha contra la discriminación, los tres ejes de su actual campaña a la alcaldía.

Una campaña en ascenso

Cuando Eralp fue nombrada como candidata principal de su partido, en octubre de 2025, las encuestas colocaban a Die Linke en un quinto puesto, tras la gobernante conservadora CDU, los socialdemócratas, Los Verdes e incluso AfD.

La prensa alemana ha comenzado a prestar atención a esta candidata poco común. La han retratado con cierto escepticismo, destacando su trayectoria vital pero también planteando muchos interrogantes sobre la viabilidad de su proyecto. No la ven con un carisma especial y atribuyen el ascenso de su campaña a factores que no están directamente relacionados con ella, sino con otras circunstancias.

Uno de ellos es el regreso triunfal de Die Linke a la escena política en las elecciones federales de 2025 luego del desgaste sufrido con la ruptura y salida de Sahra Wagenknecht del partido. La aparente debilidad en la que había quedado la formación abrió espacios —al menos en Berlín— para una renovación. La nueva izquierda logró construir una imagen más urbana, joven y progresista que se reflejó en las urnas: fue la fuerza política más votada en Berlín.

A eso hay que sumar la debacle del actual alcalde conservador, Kai Wegner, cuya imagen se ha deteriorado hasta el punto de haberse visto forzado a retirar en julio su candidatura como cabeza de lista de la CDU. Los berlineses no perdonan la mala gestión que tuvo durante el apagón eléctrico que vivió en pleno invierno la ciudad en enero pasado. En plena crisis, cuando miles de hogares se quedaron sin electricidad, calefacción e incomunicados, Wegner decidió irse a jugar al tenis con su pareja. La poca transparencia y falta de claridad del alcalde le hizo perder muchos puntos entre la ciudadanía y sus propios correligionarios.

Por último, aunque no menos importante, está la severa crisis de vivienda que la actual coalición de Gobierno no ha podido manejar con la soltura que prometió. Como en la mayoría de capitales europeas, en Berlín los alquileres no dejan de subir, hasta el punto de convertirse en prácticamente inalcanzables para la mayoría de la población.

Con esos mimbres, Eralp ha construido su campaña en torno a una idea muy clara: conseguir que Berlín vuelva a ser una ciudad asequible para todos. La vivienda es el eje central, como deja claro el colgante dorado de la cadena que lleva siempre puesta, en el que se lee la palabra Mietendeckel, tope de alquileres.

Mamdani como referencia

Eralp ha encontrado inspiración en el triunfo electoral del demócrata de izquierdas Zohran Mamdani, hoy alcalde de la ciudad más poblada de Estados Unidos: “Si un candidato de izquierdas puede ganar en Nueva York, también puede hacerlo en Berlín”, deslizó entonces. Sus detractores respondieron de inmediato diciendo que Nueva York no es Berlín. Pero Eralp, al igual que Mamdani, ha creado su candidatura sobre una cuestión social, intentando movilizar a las bases, ganando votantes jóvenes y con un discurso menos ideológico y más aterrizado a los problemas de la vida cotidiana que hasta el momento ha parecido funcionar. En dos meses se sabrá si eso le alcanza para ser la primera alcaldesa de Die Linke de la capital alemana.

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