Cada vez que se anuncia la venta de un catálogo de canciones. digamos clásicas, salta el coro de voces incrédulas. Son dudas legítimas: ¿cómo pueden valer hoy los derechos de Queen la barbaridad de 1.270 millones de dólares? (1.089 millones de euros). Por no hablar de cantidades comparativamente igual de disparatadas en el caso de un grupo menor como Mötley Crüe. O de un solista que dejó prematuramente este mundo, tipo Prince.
En la era del ‘streaming’, los derechos de propiedad intelectual del artista son el activo más cotizado
Cada vez que se anuncia la venta de un catálogo de canciones. digamos clásicas, salta el coro de voces incrédulas. Son dudas legítimas: ¿cómo pueden valer hoy los derechos de Queen la barbaridad de 1.270 millones de dólares? (1.089 millones de euros). Por no hablar de cantidades comparativamente igual de disparatadas en el caso de un grupo menor como Mötley Crüe. O de un solista que dejó prematuramente este mundo, tipo Prince.
Cultura en EL PAÍS
