Fallece el director Ángel Alonso, el entrañable ácrata y agitador de la Sala Villarroel de Barcelona

Nunca dejaba de sorprenderte cuando lo veías con ese aspecto seguro y poderoso, el rostro y la barba de corsario y las afirmaciones rotundas, provocadoras y hasta desafiantes, un Kropotkin o un Bakunin del teatro, y luego resultaba ser un pedazo de pan, un hombre amable, sentimental y amistoso, dialogante y bon vivant. Se ha muerto el viernes a los 84 años y saberlo producirá a muchos una honda tristeza el director, autor, gestor teatral y realizador audiovisual Ángel Alonso, el entrañable ácrata y agitador, personaje fundamental de la escena catalana, uno de los fundadores de la Sala Villarroel de Barcelona y largo tiempo responsable de la misma.

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 Profesional de referencia del teatro catalán más libertario y revoltoso, sorprendió a todos y a sí mismo con el gran éxito comercial  de ‘La extraña pareja’  

Nunca dejaba de sorprenderte cuando lo veías con ese aspecto seguro y poderoso, el rostro y la barba de corsario y las afirmaciones rotundas, provocadoras y hasta desafiantes, un Kropotkin o un Bakunin del teatro, y luego resultaba ser un pedazo de pan, un hombre amable, sentimental y amistoso, dialogante y bon vivant. Se ha muerto el viernes a los 84 años y saberlo producirá a muchos una honda tristeza el director, autor, gestor teatral y realizador audiovisual Ángel Alonso, el entrañable ácrata y agitador, personaje fundamental de la escena catalana, uno de los fundadores de la Sala Villarroel de Barcelona y largo tiempo responsable de la misma.

Desde la Villarroel, de 1972, cuando nació como teatro ”cercano a la clase obrera”, al 2005, con Adolf Bras, José Antonio Ortega y Alfons Guirao como equipo inicial, Alonso (Barcelona, 1942) ofreció un teatro variopinto y saludablemente panorámico, siempre con un toque de izquierdas, anarco y revoltoso en la programación, dio oportunidades a muchas de las compañías históricas del país y trajo a gente de toda España, convirtiendo el local de la calle barcelonesa del mismo nombre en plataforma artística de primer orden y en icono del teatro de toda una época.

Pilotó la Villarroel desde la lucha antifranquista hasta la estabilización democrática navegando las complejas y agitadas aguas de la transición. Hay que recordar que a la comprometida sala le pusieron una bomba en febrero de 1977, en el vestíbulo. La explosión ocurrió durante la representación de la obra La sangre y la ceniza, diálogos con Miguel Servet, escrita por Alfonso Sastre e interpretada por el colectivo teatral independiente El Búho.

Hombre de convicciones progresistas, libertario en la cabeza y el gesto, Alonso solía ser muy divertido y remataba a menudo sus sesudas opiniones sobre el teatro, la sociedad y la política —para él un totum revolutum— con unas buenas carcajadas que en buena medida lo relativizaban todo. Escucharlo conversar con uno de sus buenos amigos, Pepe Rubianes, viendo a ver quién la decía más gorda, era toda una experiencia.

La vida le proporcionó la sorpresa de que un montaje suyo, cuando él se reivindicaba como un creador activista y alternativo, se convirtiera en un soberano éxito del teatro comercial y uno de los espectáculos más vistos de la historia del teatro del país: la comedia La extraña pareja, protagonizada por Paco Morán y Joan Pera. Producida por Focus y estrenada en 1994, superó las dos mil representaciones y el millón de espectadores durante los cinco años que se mantuvo en cartel, según ha recordado la productora. Para Alonso era motivo de orgullo pero también de perplejidad y hasta le daba un pelín de sonrojo haber triunfado con ese montaje, a la vista de su carrera y su personalidad. Focus y Alonso, esa sí es una extraña pareja, se decía en los burladeros teatrales entonces.

Se sentía mucho más identificado a nivel ideológico con Historias de la puta mili, la adaptación teatral de 1990 de las tiras cómicas antimilitaristas de Ivà en El jueves, con Ramon Teixidor como el sargento Arensivia, que también consiguió cifras récord y contribuyó al debate que condujo a suprimir el servicio militar obligatorio.

Alonso fue mucho más, por supuesto. Estrenó cerca de 80 espectáculos, entre ellos versiones de Madame Bovary y El extranjero, una veintena sobre textos propios. Estuvo en el meollo de las discusiones que llevaron a la creación del ecosistema teatral catalán, luchó a brazo partido por la Villarroel como por todo en lo que creía. Incluso dirigió series dramáticas para RTVE en Cataluña y fue responsable de la creación, dirección y realización de un espacio de referencia de la programación infantil televisiva, Planeta imaginari.

Los que tuvimos la suerte de conocerlo como amigo lo recordaremos bonachón y rotundo, apasionado y divertido, larger than life que dicen los anglosajones. Cuando en 2007, a los 35 años de que abriera la sala, se presentó la programación inaugural de la Villarroel remozada en su nueva etapa de la mano de Focus y dirigida por Javier Daulte, Àngel Alonso rompió a llorar de emoción, recordando, el viejo y descreído hombretón, a los viejos camaradas. Hoy, querido Ángel, nos toca a nosotros.

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