Fils cierra el trayecto de Jódar en Barcelona

Descubre Rafael Jódar otro de los peajes necesarios para seguir explorando las alturas del circuito, eso de que el partido se alargue y se endurezca y el viento venga de cara, cuando en las piernas ya hay una buena dosis de tralla y el de enfrente va de menos a más. Arthur Fils, uno los jóvenes que en teoría debería ir haciéndose un hueco ahí arriba, ha cogido el puntillo y hace por fin diana: ¡Pam! En consecuencia, termina aquí el bonito recorrido del español en este Godó que se quedó pronto sin el murciano Carlos Alcaraz y que coronará este domingo (16.00, Teledeporte y Movistar+) al francés o al ruso Andrey Rublev (3-6, 6-2 y 6-2 a Hamad Mejedovic). Sin embargo, el recuerdo será otro: de promesa, nada. Ya realidad.

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Dice Jódar que se marcha “muy contento” con su nivel, que solo puede llevarse “cosas positivas” y que el objetivo prioritario de esta última experiencia —sus primeras semifinales en todo un ATP 500— era disfrutar. Así lo habían acordado él y su padre. “Lo he hecho, y me quedo con eso”, dijo tajante en la sala de conferencias, donde antes del análisis se acordó de Antonio Martínez, “una leyenda del Club de Tenis Chamartín” que falleció el viernes. Jódar, 19 años pero las ideas claras: “Hay muchísimas cosas más importantes que el tenis”.

En menos de cuatro meses, el madrileño ha protagonizado la ascensión más llamativa de la temporada, en la que partió como el 168º y ahora queda como el 42º. Todo ha cambiado muy rápido para él, quien a pesar de su juventud quiere mantener “los pies en el suelo” y “seguir aprendiendo” día tras día; desmarcándose con naturalidad (e inteligencia) de los pesos pesados españoles. Su carrera invita al optimismo, pero por ahora se reduce a una insinuación y él remite una y otra vez a la fuerza del trabajo: “Es una muy buena semana, pero hay que seguir haciendo las cosas con la misma humildad”.

Lógicamente, el discurso de Jódar se queda corto todavía, pero entre líneas se advierte a un inconformista por naturaleza que confía ciegamente en sus posibilidades y que compite sin desviar la mirada hacia los lados. Su destino está en sus manos. “Es muy buen chico”, le describe una socia del club madrileño que ha ido esculpiendo a este último talento forjado bajo el ala de su padre. Caprichos del destino: otro Rafa de la mano de un familiar. En cualquier caso, su historia la escribe él: “Cada uno hace su propio camino y su progresión”. Esto es, ninguna euforia.

“No porque haya ganado ahora muchos partidos o porque lo esté haciendo muy bien, significa que vaya a llegar tan lejos como lo han hecho ese tipo de jugadores”, contestaba refiriéndose a los precoces Nadal y Alcaraz. “Al final, lo que tengo que hacer es centrarme un poco más en mí mismo e intentar mejorar. La semana que viene hay otra oportunidad en otro torneo [Madrid, en su primera participación en el cuadro principal], y todavía quedan muchos torneos y temporadas para tratar de hacerlo lo mejor posible”, continuó el de Leganés.

Antes de su desembarco en Barcelona, el tenista triunfó sobre la arena de Marrakech y a partir de ahí enlazó ocho victorias y 14 parciales seguidos, hasta que Fils dio un volantazo a la tarde y logró perforar ese muro que había frenado a jugadores de la talla de Jaume Munar o Cameron Norrie. A falta de los destellos de Alcaraz, la afición catalana ha disfrutado sobremanera y en primera línea del juego arrollador de este competidor aún por hacerse y sin miedos, lineal, concentrado, pétreo. Similar a Sinner desde el punto de vista estilístico, decía Fils.

“Si tuviera que hacer una comparación, sería con Jannik. Diría que Carlos puede mezclar más y cambiar cosas durante los partidos, y Rafa juega muy fuerte desde la línea, por ambos lados”, expuso el francés, que se encontrará en el desenlace del torneo con el agresivo Rublev. Duelo, por tanto, de poder a poder y en el que, a buen seguro, el drive tendrá mucho que decir. Se trata de la primera final para ambos y el que triunfe sucederá en el palmarés al nórdico Holger Rune.

 El madrileño sucumbre al ritmo y la derecha del francés, superior tras casi dos horas de juego: 3-6, 6-3 y 6-2. Rublev, el otro finalista (3-6, 6-2 y 6-2 a Medjedovic)  

Descubre Rafael Jódar otro de los peajes necesarios para seguir explorando las alturas del circuito, eso de que el partido se alargue y se endurezca y el viento venga de cara, cuando en las piernas ya hay una buena dosis de tralla y el de enfrente va de menos a más. Arthur Fils, uno los jóvenes que en teoría debería ir haciéndose un hueco ahí arriba, ha cogido el puntillo y hace por fin diana: ¡Pam! En consecuencia, termina aquí el bonito recorrido del español en este Godó que se quedó pronto sin el murciano Carlos Alcaraz y que coronará este domingo (16.00, Teledeporte y Movistar+) al francés o al ruso Andrey Rublev (3-6, 6-2 y 6-2 a Hamad Mejedovic). Sin embargo, el recuerdo será otro: de promesa, nada. Ya realidad.

Se marcha Jódar con la cabeza alta, inclinado finalmente tras un pulso de inercias invertidas y muy físico; parejo, pero al final decantado con un arreón hasta cierto punto lógico. Fils es el 30º del mundo, aunque tiene madera de top-10 —llegó a ser 14º el curso pasado— y pese a su corto recorrido conoce mejor las vicisitudes de este tipo de compromisos a los que se llega con la aguja del depósito bajando. Eran dos púgiles sacudiéndose. En cualquier caso, más aprendizaje. Dice el español que se marcha muy satisfecho (porque así debe ser) y que apenas está poniendo los cimientos de un proyecto ilusionante que poco a poco va adquiriendo forma de muralla: “Lo asemejaría a Sinner”.

Antes, Dani Olmo, un tipo sutil con el balón, observa desde uno de los palcos de las celebridades y le da un toque en la espalda a su amigo, que corrobora: Eric, Eric, ¿tú has visto eso? Guau. Efectivamente, vaya forma de sacudirle a la bola. Fils arma el brazo rápido y cuando ajusta la mirilla, su descarga viaja hacia las profundidades de la pista como un proyectil, empapado de ese espíritu y ese porte de pegador que tenía el técnico que le dirige desde el banquillo. A Ivanisevic, alias El Cañón, también se le va inevitablemente la mirada hacia el otro lado, analizando: Jódar, un mundo todavía por descubrir. ¿Será o no lo que parece? Buena pinta tiene, desde luego. El duelo es de igual a igual.

Pegan uno y otro desde los fondos, como si hubieran minado la red, y sobre las líneas va decidiéndose una partida sin pliegues ni acertijos. Sencillamente, esto se lo va a llevar el que sea más duro de mollera, porque va de eso, de resistir, de saber encajar, de no bajar los brazos y ganárselo. Francia sueña desde tiempos ya casi pretéritos con un gran campeón, pero todavía no hay quien recoja el testigo del gran Yannick Noah, ese atleta portentoso y con trenzas que una vez se comió a bocados un Roland Garros; desde aquel año, 1983, únicamente gloria para sus chicas: Pierce, Mauresmo, Bartoli. Ninguna huella ganadora por parte de ellos. Entonces, ¿creer o no creer en Fils? De momento, toda la cautela.

Cuándo jugársela

El joven galo tiene tiros y abundancia de tren inferior, pero todavía le cuesta interpretar el juego y su físico tiende a jugarle malas pasadas, hasta ocho meses fuera de combate por la espalda hace no mucho. Se preguntaba Fils la tarde previa qué demonios pasa con el tenis español, de dónde viene esa producción y esos brotes tan verdes, semejante factoría; por qué de un Nadal se pasa a un Alcaraz y por qué en un abrir de ojos ha brotado este Jódar que rema y rema, y que le niega en el primer set hasta seis opciones de break. A la segunda, el madrileño acierta. Eso pasa: se llama orden, criterio, acierto. Escuela. Que no todo va a ser reventarla. Saber auscultar e identificar cuándo uno debe jugársela y cuándo no.

Suena fuerte la machacona mezcla de Quevedo con Bizarrap: “¡Quéeeeedate…!”. Y a eso se agarra con fe Jódar, más templado, resiliente, crecido cada vez que el rival le pone contra las cuerdas y amenaza. Sin embargo, también saca las garras el francés para sostenerse y se anima, tensiones fuera y una voz a tiempo, tan importante siempre. Ese grito, un legado ya internacionalizado. Lo expulsaba un par de horas antes Medjedovic y ahora Fils, harto de tanto darle, darle y más darle. Pero es lo que hay, amigo. Es lo que toca. La precipitación se paga. “¡Vamos!”. Así llega la rotura para él, 5-3, y así equilibra el partido. Aguanta acto seguido las arremetidas con esa paciencia necesaria.

La curva va invirtiéndose y definitivamente se desata el vendaval. Ahí hay un francés marcando el ritmo y cada vez más inspirado, con mayor precisión en el tiro y jugando sin pensar. Fluir, la llave. Ahora sí, esa derecha escupe fuego y Jódar mira ligeramente a su banquillo, a ver si da con algo por medio del consejo de Rafael sénior. “Mi padre siempre tiene soluciones”, decía. Pero esta vez no hay remedio. En esta ocasión, la cadencia impuesta le supera, aunque asoma la esperanza cuando dispone de una oportunidad de reengancharse que el adversario desbarata invirtiéndose y colocando la bola en el ángulo. No será esta vez, pues. Sin embargo, el tenis y Barcelona así lo dicen: ojito con Jódar.

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A. C. / ATENEA GARCÍA | Barcelona

Dice Jódar que se marcha “muy contento” con su nivel, que solo puede llevarse “cosas positivas” y que el objetivo prioritario de esta última experiencia —sus primeras semifinales en todo un ATP 500— era disfrutar. Así lo habían acordado él y su padre. “Lo he hecho, y me quedo con eso”, dijo tajante en la sala de conferencias, donde antes del análisis se acordó de Antonio Martínez, “una leyenda del Club de Tenis Chamartín” que falleció el viernes. Jódar, 19 años pero las ideas claras: “Hay muchísimas cosas más importantes que el tenis”.

En menos de cuatro meses, el madrileño ha protagonizado la ascensión más llamativa de la temporada, en la que partió como el 168º y ahora queda como el 42º. Todo ha cambiado muy rápido para él, quien a pesar de su juventud quiere mantener “los pies en el suelo” y “seguir aprendiendo” día tras día; desmarcándose con naturalidad (e inteligencia) de los pesos pesados españoles. Su carrera invita al optimismo, pero por ahora se reduce a una insinuación y él remite una y otra vez a la fuerza del trabajo: “Es una muy buena semana, pero hay que seguir haciendo las cosas con la misma humildad”.

Lógicamente, el discurso de Jódar se queda corto todavía, pero entre líneas se advierte a un inconformista por naturaleza que confía ciegamente en sus posibilidades y que compite sin desviar la mirada hacia los lados. Su destino está en sus manos. “Es muy buen chico”, le describe una socia del club madrileño que ha ido esculpiendo a este último talento forjado bajo el ala de su padre. Caprichos del destino: otro Rafa de la mano de un familiar. En cualquier caso, su historia la escribe él: “Cada uno hace su propio camino y su progresión”. Esto es, ninguna euforia.

“No porque haya ganado ahora muchos partidos o porque lo esté haciendo muy bien, significa que vaya a llegar tan lejos como lo han hecho ese tipo de jugadores”, contestaba refiriéndose a los precoces Nadal y Alcaraz. “Al final, lo que tengo que hacer es centrarme un poco más en mí mismo e intentar mejorar. La semana que viene hay otra oportunidad en otro torneo [Madrid, en su primera participación en el cuadro principal], y todavía quedan muchos torneos y temporadas para tratar de hacerlo lo mejor posible”, continuó el de Leganés.

Antes de su desembarco en Barcelona, el tenista triunfó sobre la arena de Marrakech y a partir de ahí enlazó ocho victorias y 14 parciales seguidos, hasta que Fils dio un volantazo a la tarde y logró perforar ese muro que había frenado a jugadores de la talla de Jaume Munar o Cameron Norrie. A falta de los destellos de Alcaraz, la afición catalana ha disfrutado sobremanera y en primera línea del juego arrollador de este competidor aún por hacerse y sin miedos, lineal, concentrado, pétreo. Similar a Sinner desde el punto de vista estilístico, decía Fils.

“Si tuviera que hacer una comparación, sería con Jannik. Diría que Carlos puede mezclar más y cambiar cosas durante los partidos, y Rafa juega muy fuerte desde la línea, por ambos lados”, expuso el francés, que se encontrará en el desenlace del torneo con el agresivo Rublev. Duelo, por tanto, de poder a poder y en el que, a buen seguro, el drive tendrá mucho que decir. Se trata de la primera final para ambos y el que triunfe sucederá en el palmarés al nórdico Holger Rune.

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