Real Sociedad y Atlético glorificaron la Copa del Rey con una final intrépida, titánica por el desgaste del tórrido calor, los vaivenes del marcador, y decidida en la siempre cruel tanda de penaltis que gratifica al ganador y ahoga en lágrimas al perdedor. Se coronó la Real desde los once metros después de que los caprichos de fútbol calcaran el 2-2 de la final del 87. Marrero emuló a Arconada y detuvo los dos primeros lanzamientos, de Sorloth y Julián Alvarez. Musso añadió más taquicardia al adivinar el golpeo de Óskarsson. Fue Pablo Marín, un canterano, el que le dio a la Real de Matarazzo la tercera Copa de su historia —el club cuenta cuatro, por aquella que ganó el Club Ciclista de San Sebastián, considerado el germen de la Real actual, el año 1909—. La frescura y la valentía del técnico estadounidense han revivido en apenas cuatro meses a un equipo que languidecía. Su apuesta por Marrero fue definitiva.
El meta suplente del conjunto vasco detiene dos penaltis en la tanda decisiva en un partido en el que su equipo conquistó su tercer entorchado copero y en la que los rojiblancos igualaron dos veces el marcador
Real Sociedad y Atlético glorificaron la Copa del Rey con una final intrépida, titánica por el desgaste del tórrido calor, los vaivenes del marcador, y decidida en la siempre cruel tanda de penaltis que gratifica al ganador y ahoga en lágrimas al perdedor. Se coronó la Real desde los once metros después de que los caprichos de fútbol calcaran el 2-2 de la final del 87. Marrero emuló a Arconada y detuvo los dos primeros lanzamientos, de Sorloth y Julián Alvarez. Musso añadió más taquicardia al adivinar el golpeo de Óskarsson. Fue Pablo Marín, un canterano, el que le dio a la Real de Matarazzo la tercera Copa de la historia. La frescura y la valentía del técnico estadounidense han revivido en apenas cuatro meses a un equipo que languidecía. Su apuesta por Marrero fue definitiva.
ATMAtlético

2
RSO R. Sociedad
2

Goles 0-1 min. 0: Barrenetxea. 1-1 min. 18: Lookman. 1-2 min. 45: Oyarzabal. 2-2 min. 82: Julián Álvarez.
Árbitro Javier Alberola Rojas
Tarjetas amarillas Oyarzabal (min. 30), Le Normand (min. 33), Musso (min. 43), Jon Gorrotxategi (min. 119) y Elustondo (min. 121)
Los metas suplentes de ambos conjuntos se ganaron en el devenir de la competición aparecer en la última cita y tuvieron que enfrentarse a la tortura de la tanda de penaltis. Para el Atlético fue otra tragedia después de haber igualado dos veces el marcador.
Situados los onces sobre la hierba, la final nació invocando al periodista argentino Dante Panzieri y a su dogmático libro Fútbol, dinámica de lo impensado. Jugó la pelota la Real para Marrero y el Atlético no fue a presionar. Esperaba la patada larga del meta realista y los futbolistas de Simeone se prepararon para defender una posible prolongación o el rechace. Sucedió que Molina se quedó corto en el salto y que Giuliano se comió el bote posterior. Guedes la enguantó hacia el punto de penalti. Allí, poderoso, con la colaboración de la Ruggeri, que se encogió en vez de saltar, emergió Barrenetxea para martillear la pelota a la cepa del poste derecho de Musso. Toda una semana preparando una final y en 14 segundos la pizarra, en este caso la de Simeone, que salta por los aires.
El gol más rápido en la historia de las finales de Copa obligó al Atlético a asumir el papel en el que menos cómodo se siente. Apremiado a llevar el peso del juego y a correr menos de lo que le gusta. A encontrar primero una salida ordenada de balón y después a detectar agujeros en los espacios reducidos. Los rojiblancos se encomendaron a Koke, que puso el telescopio apuntando a Lookman. Hasta cuatro veces en menos de cinco minutos lanzó al nigeriano a medirse con Aramburu. Este fue uno de los duelos de la noche.
Fiada a la solidez de su repliegue, la Real no concedía resquicios, bien cimentada por Turrientes, Jon Martín y Caleta-Car. Solo comenzó a sufrir cuando Griezmann empezó a pulular por el centro del campo para ayudar en la construcción y por todo el frente de ataque para distraer y eliminar referencias. En una de sus caídas al pico izquierdo del área ligó con Lookman en la frontal. El nigeriano tuvo tiempo para acomodarse la pelota y perfilarse un disparo seco, raso, dañino por cruzado, al que Marrero no llegó.
El Atlético había tardado 20 minutos en igualar. El empate generó el intercambio de papeles. Otro paisaje en el que el peso del partido fue para la Real, con los revoltosos Guedes y Barrenetxea como aguijones. El canterano txuri-urdin hizo una final para enmarcar. Diabólico en el costado y también cuando picaba por zonas interiores. Guedes siguió su ejemplo y un derechazo que descerrajó se envenenó tras tocar en Pubill. El manejo de Soler y Sucic contribuía al gobierno de la Real. El Atlético apenas pudo desplegarse en otra cita entre Lookman y Aramburu. Ganó el nigeriano la línea de fondo, pero a su centro atrás llegó forzado Griezmann. No se encogió la Real por ese aviso y siguió volcada en territorio rojiblanco. Allí arañó una falta lateral que Soler curvó al punto de penalti. En su intento por despejar de puños, Musso golpeó a Guedes, que había ganado el salto. Un penalti del Nuevo Testamento arbitral. Oyarzabal, como siempre, tiró de su arte en la paradiña para engañar a Musso. El Atlético se marchaba al descanso golpeado al inicio y al final del primer acto.
De nuevo, el equipo de Simeone forzado a jugar a lo que menos le va. Y se estampó durante más de media hora contra el ejercicio de resistencia de la Real. Enseñó callo el conjunto de Matarazzo para nublar los ataques del Atlético. Rebajados Julián Alvarez y Griezmann, con Giuliano atrancado y Lookman ya bien fijado por Aramburu, Simeone tiró de fondo de armario. Sorloth, Nico González, Almada, Baena y Cardoso entraron para tratar de cambiar el aire de un equipo volcado y hasta paciente para mover la pelota con la batuta serena de Koke, pero con el centro al área para buscar a Sorloth como recurso que no cuajaba. Hasta que Julián tiró de cintura en la frontal y estampó un zurdazo violento en la red de Marrero. Donde no había espacio, el argentino tiró de ingenio callejero para buscarlo y encontrarlo. Pablo Marín, Gorrotxategi, Aihen, Óskarsson y Kubo fueron los recambios con los que Matarazzo trató de recomponer a un equipo ya encastillado.
Esta nueva igualada a falta de siete minutos ya generó una descarga autoritaria del Atlético. Baena, que no pudo controlar el golpeo de interior bajo la línea de gol tras un potente pase de Llorente y Almada, que cruzó en exceso un mano a mano, pudieron evitar la prórroga. En ella, Óskarsson, que no embocó un rechace con Musso en el suelo y Julián Alvarez, que con otro golpeo de clase estampó la pelota en el travesaño, rozaron la gloria antes de que la conquistara Marrero.
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