Erling Haaland interrumpió su aislamiento, su inactividad, su larga peregrinación en tierra de nadie, para definir a un toque, meter el gol decisivo, y destruir la hermosa obra que Costa de Marfil se esmeró en culminar a base de toques y más toques de dulce trama futbolística en Dallas. Fue una estocada. Tan punzante y letal, tan oportuna a falta de cuatro minutos para el pitido final, que le valió a su equipo un triunfo histórico. Fue el quinto gol del punta del City en la Copa del Mundo. Fue la primera victoria de Noruega en fase de eliminatorias y la ocasión mereció otra multitudinaria fiesta nacional en las gradas. Brasil los espera en octavos.
El punta anota el gol decisivo en los últimos minutos y emplaza a Noruega con Brasil en octavos
Erling Haaland interrumpió su aislamiento, su inactividad, su larga peregrinación en tierra de nadie, para definir a un toque, meter el gol decisivo, y destruir la hermosa obra que Costa de Marfil se esmeró en culminar a base de toques y más toques de dulce trama futbolística en Dallas. Fue una estocada. Tan punzante y letal, tan oportuna a falta de cuatro minutos para el pitido final, que le valió a su equipo un triunfo histórico. Fue el quinto gol del punta del City en la Copa del Mundo. Fue la primera victoria de Noruega en fase de eliminatorias. La espera Brasil en octavos.
CdMC. Marfil
1
Yahia Fofana, Ghislain Konan (Bazoumana Touré, min. 92), Emmanuel Agbadou, Odilon Kossounou, Guéla Doué, Ibrahim Sangaré, Nicolas Pépé (Oumar Diakité, min. 86), Franck Kessie, Christ Inao Oulaï (Amad Diallo, min. 59), Yan Diomande (Evann Guessand, min. 92) y Ange-Yoan Bonny (Elye Wahi, min. 59)
NORNoruega
2
Ørjan Nyland, Torbjørn Heggem, David Møller Wolfe, Marcus Pedersen (Fredrik Aursnes, min. 82), Kristoffer Ajer, Martin Ødegaard, Patrick Berg, Sander Berge, Antonio Nusa (Andreas Schjelderup, min. 70), Alexander Sørloth (Oscar Bobb, min. 70) y Erling Haaland
Goles 0-1 min. 38: Antonio Nusa. 1-1 min. 73: Amad Diallo Traore. 1-2 min. 85: Erling Braut Haaland
Arbitro Jesús Valenzuela
Tarjetas amarillas Antonio Nusa (min. 45)
“Es una locura”, dijo Haaland, que descansó en el tercer partido de la fase de grupos contra Francia. “Han transcurrido 28 años desde que Noruega alcanzó los octavos de final en un Mundial. Es fantástico que esto signifique tanto para todo nuestro país. Creo que esto nos cambiará para siempre. Siento una unión de todo el pueblo alrededor de la selección. Es emocionante”.
Hace tiempo que la globalización difuminó diferencias culturales entre selecciones europeas y africanas. El partido no enfrentó a dos estilos ni a dos civilizaciones. Enfrentó a un equipo que improvisó sobre una base rústica frente a otro que confió en la organización y en las coreografías geométricas de una sincronización que casi siempre garantizó vías de asociación con pases cortos. Costa de Marfil es un equipo de hombres que piensan en composiciones armónicas. Inmutables desde su gestualidad, como su capitán Kessie, en el fondo se comportan como fanáticos. Jugar implica para ellos ejecutar un inexorable destino estético.
No hay nada irracional, nada impulsivo, en las decisiones de los jugadores que marcan la pauta en esta asombrosa selección de Costa de Marfil. Desde la serenidad comenzaron dominando un encuentro en el que todo parecía discurrir por el cauce que dictaban los pases entre los interiores y los extremos y sus laterales. En el eje de las triangulaciones, el mediocentro Ibrahim Sangaré mantuvo el pulso del equipo. Sin pelota y sin tierra, los noruegos retrocedieron a la ínsula de su área.
El plan de Solbakken consistió en cavar un gran foso para aislar su portería de agresiones y dejar al otro lado de la empalizada a Haaland para que sobreviva por sus propios medios. Entre los dos mundos dejó circular a Odegaard sin más instrucción aparente que la de hacer lo que creyera conveniente para ocuparse, él solo, de las cuestiones logísticas. Berg y Berge, los pivotes, pensaron con tanta lentitud —no fueran a errar una entrega— que su equipo no acabó de salir de su campo hasta que todos los marfileños estuvieron avisados. Solo si Odegaard bajaba a recoger el balón se producían avances.
Las combinaciones de Kessie, Pépé y Diomandé acorralaron a los noruegos. Costa de Marfíl se había procurado dos tiros cuando de repente, el equipo dominador se sumió en uno de esos estados de ensoñación que tan caro pagó contra Alemania en la fase de grupos. Entonces pasaron de ganar con autoridad a perder por sorpresa. Ayer les sucedió algo parecido. Según se aproximaba el descanso, y a la vista de que los africanos declaraban un armisticio unilateral, Odegaard administró una larga posesión que parecía no conducir a nada mientras Haaland, Wolfe y Sorloth ocupaban el área por pura inercia. Un cabezazo de Haaland a las manos de Fofana dio el primer aviso. La zaga de Costa de Marfil se metió tan atrás que Antonio Nusa solo tuvo que pisar el área desde la izquierda y envolver un tiro a la escuadra contraria para meter el 1-0. Solo Pépé bajó a incomodarlo levemente.
El 5 de julio en Nueva York
Los marfileños no se inmutaron. Siguieron a lo suyo. Intercambiaron pases con una elegancia admirable, lo mismo con 0-0 que con 0-1. Regresaron del vestuario convencidos de mantener el rumbo y el ritmo. Dueños del balón, volvieron a rodear a Nyland sin demasiado impacto. Rodeado por un batallón de gigantes que se pasaron media hora evacuando centros y cortando pases, el portero bloqueó un tiro a bocajarro de Pépé, mientras que en el otro extremo del campo Fofana apenas tuvo que preocuparse de algún córner botado por Odegaard.
Fue Amand Diallo, después de una pared con Pépé, quien rompió la resistencia. Retuvo la pelota ante Wolfe, dejó pasar a Berge con un amague, y casi metiéndose en la portería acompañó la pelota hasta el gol. La acción estuvo a la altura de la belleza que persiguen los marfileños idealistas. La celebraron tanto que se entregaron nuevamente a las delicias de la autoindulgencia. Dejaron de presionar, contemplaron la hermosura del estadio AT&T repleto de vikingos descontextualizados, y mientras se regocijaban, Osar Bobb filtró un pase para Berg que descuadró a toda la defensa. Tanto que el centro del volante del Bodo encontró solo al único noruego que jamás puede quedarse solo dentro del área porque su tiempo libre equivale a goles. El toque de Erling Haaland canceló la ilusión de Costa de Marfil y orientó su navío hacia Nueva York: el 5 de julio los espera Brasil.
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