El ejército israelí ha matado al menos a 33 gazatíes desde que Donald Trump anunció el pasado viernes un acuerdo para sincronizar el desarme de Hamás y la retirada israelí de la Franja. Ese pacto, que la Casa Blanca presentó como “un paso monumental” para poner fin al conflicto, instaba a Israel a frenar los ataques sobre Gaza, donde el Ministerio de Sanidad registró en julio el mes más mortífero en lo que va de año, con 152 víctimas mortales. Tres días después, el rechazo de Israel a esas condiciones, formulado mediante presiones diplomáticas y nuevos bombardeos, ha llevado a la Junta de Paz, el órgano encargado de supervisar esta hoja de ruta, a desdecirse, pasando a anteponer la entrega de armas de la milicia a cualquier repliegue israelí.
El ejército mata al menos a 33 gazatíes en tres días. Netanyahu busca anteponer la entrega de armas de la milicia a cualquier repliegue militar de la Franja
El ejército israelí ha matado al menos a 33 gazatíes desde que Donald Trump anunció el pasado viernes un acuerdo para sincronizar el desarme de Hamás y la retirada israelí de la Franja. Ese pacto, que la Casa Blanca presentó como “un paso monumental” para poner fin al conflicto, instaba a Israel a frenar los ataques sobre Gaza, donde el Ministerio de Sanidad registró en julio el mes más mortífero en lo que va de año, con 152 víctimas mortales. Tres días después, el rechazo de Israel a esas condiciones, formulado mediante presiones diplomáticas y nuevos bombardeos, ha llevado a la Junta de Paz, el órgano encargado de supervisar esta hoja de ruta, a desdecirse, pasando a anteponer la entrega de armas de la milicia a cualquier repliegue israelí.
La hoja de ruta que la Junta de Paz presentó el viernes pretende desencallar el progreso del plan de paz de 20 puntos que Trump presentó en 2025, sobre el que gira el alto el fuego firmado en octubre. La primera fase del plan estuvo marcada por la devolución de los últimos rehenes vivos y muertos que Hamás tenía en su poder, y debía incluir el cese total de la actividad armada y la entrada sin restricciones de suficiente ayuda humanitaria.
El incumplimiento israelí de esos dos puntos, sumado a la expansión de sus tropas más allá del 53% del enclave que la tregua le adjudica mientras Hamás no acometa el desarme, ha llevado a los milicianos palestinos a negarse a entregar las armas. El punto 8 de la hoja de ruta presentada el viernes exige el cumplimiento “de los compromisos pendientes” de la primera fase antes de avanzar hacia la segunda.
El mismo punto establece que el comité tecnocrático de palestinos que el plan de Trump contempla que administre Gaza en lugar de Hamás se encargará del almacenamiento y la inhabilitación de “armamento pesado, sitios de producción militar, depósitos de armas y túneles” de la milicia de manera “secuenciada” y siempre “vinculada a la retirada israelí por fases”.

El máximo representante de la Junta de Paz, el búlgaro Nickolay Mladenov, condenó el domingo de manera inusual el recrudecimiento de la ofensiva de Israel sobre Gaza. “Dos días de bombardeos han matado a civiles gazatíes y han destruido suministros médicos de los que la gente depende”, protestó el diplomático. “Esto llega después de intensos esfuerzos de la Junta de Paz y de los mediadores (Egipto, Turquía, Qatar y EE UU)”, señaló, añadiendo que “ambas partes tienen obligaciones” bajo la tregua y que su equipo trabajaba “a contrarreloj para lograr una desescalada y crear espacio para la implementación del plan”.
Israel, sin embargo, demostró el domingo su negativa al planteamiento de la Junta de Paz con la jornada más mortal en semanas, con 18 víctimas mortales. En declaraciones a la prensa, “altos cargos israelíes” bajo condición de anonimato objetaban los términos del acuerdo al exigir que Israel conserve libertad de acción militar en el enclave y que Hamás se desarme por completo —entregando también las armas ligeras, que los milicianos quieren conservar por si Israel invade toda la Franja— antes de emprender cualquier repliegue.
El giro definitivo llegó el lunes. Tras una reunión entre el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que se juega la reelección en octubre, y los dirigentes de la Junta de Paz, el directorio publicó un comunicado en el que matizaba lo anunciado el viernes. “Contrariamente a lo que indican algunas informaciones inexactas, señalamos que la retirada del ejército israelí solo se producirá una vez finalizado el desarme”, algo a lo que afirma que “Hamás se comprometió”, incluidas “las armas ligeras”.
Las 33 personas que Israel ha matado en Gaza desde el viernes son la última muestra de una escalada sostenida desde hace semanas. Según el ministerio de Sanidad gazatí, las tropas israelíes, que bombardean a diario los 146 kilómetros cuadrados que encierran a dos millones de personas, mataron el mes pasado a 152 palestinos (incluidos 21 niños, 14 mujeres y cuatro ancianos). Desde octubre, cuando comenzó la tregua, la ofensiva israelí ha acabado con la vida de 1.252 gazatíes.
Tras fracasar en el intento de desmantelar a Hamás por la vía militar, el Gobierno de Netanyahu justifica la continuación de los ataques en la eliminación de todos quienes cree que participaron en el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, cuando mató a casi 1.200 personas en Israel.
La respuesta israelí, que empezó ese mismo día con bombardeos sobre torres residenciales en la Franja, ha provocado consecuencias aún desconocidas. Prueba de ello es el funeral masivo celebrado este martes en Ciudad de Gaza. Los vecinos han despedido a 112 personas cuyos cuerpos pudieron ser rescatados de entre los escombros este mes de julio, después de que un bombardeo israelí sobre su edificio, en el barrio de Sabra, los sepultara hace casi tres años, en noviembre de 2023.
Entre las víctimas, pertenecientes a dos familias distintas, había 44 niños y 37 mujeres. Los rescatistas, que llevaron a cabo una operación de rescate de 136 horas de duración, estiman que todavía quedan 157 cuerpos en el lugar.

La falta de maquinaria pesada para acometer operaciones de desescombro es una de las demandas de las autoridades de Gaza, que aseguran que miles de personas siguen desaparecidas bajo los escombros, al margen de los 73.377 muertos confirmados desde el inicio de la guerra.
El bloqueo parcial que Israel mantiene sobre la ayuda humanitaria, uno de los mayores incumplimientos de la primera fase de la tregua, sigue haciendo de la vida cotidiana de los palestinos un infierno. La Clasificación Integrada por Fases, como se denomina el sistema apoyado por la ONU para calibrar el hambre, alertó la semana pasada de que 212.000 personas sufren inseguridad alimentaria en niveles de emergencia, lo que implica altas tasas de desnutrición. Muchos de ellos residen cerca de la Línea Amarilla, la divisoria que Israel avanza gradualmente entre ataques, limitando el acceso de los trabajadores humanitarios. Casi todos los demás, alrededor de 1,4 millones de gazatíes, padecen inseguridad alimentaria aguda.
La falta de casas prefabricadas y de tiendas de campaña —que llevan materiales que Israel considera de uso dual, civil y militar— somete a centenares de miles de personas al hacinamiento y la insalubridad, después de que la continuada ofensiva israelí haya derruido tres cuartas partes de las viviendas existentes.
Vivir a la intemperie, junto con la falta de suministros médicos, impide el tratamiento de enfermedades. Este martes, el ministerio de Sanidad gazatí ha alertado de que “la crisis de pacientes con cáncer se agrava hasta niveles catastróficos”, precisando que tres pacientes mueren cada día “por falta de tratamiento especializado”. Mientras, el único hospital pediátrico operativo en el norte de la Franja podría verse obligado a cerrar “en cuestión de horas” debido a la falta de electricidad ante el veto israelí a la entrada de combustible que usan los generadores, poniendo en peligro la vida de los bebés en incubadoras.
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