La Policía Nacional impide que el Cártel Jalisco inunde Europa de metanfetaminas

Un contenedor marítimo, proveniente de México, cuyo destino final era España. Su primera parada en el puerto de Le Havre derivó en una inspección rutinaria de la mercancía. Eran más de 12.000 kilos de aroma de vainilla. Sólo algunos, ya que otras botellas transportaban metanfetamina diluida. Las autoridades galas alertaron a la Policía Nacional, cuyos agentes, ya en La Jonquera, comenzaron a seguir la mercancía, ahora ya, en un camión. «No puedes perderla en ningún momento, es un seguimiento 24/7», apunta Alejandro Martín, inspector jefe de la UDYCO Central, que admite que el éxito de la operación, en ocasiones, también depende del «factor suerte». Una suerte y unas pesquisas que han llevado a desmantelar el laboratorio, instalado en un pueblo de Lérida, Almenar, con el que el Cártel Jalisco Nueva Generación pretendía inundar Europa de metanfetaminas. Desde hace años, esta droga sintética, que afecta gravemente al sistema nervioso central, se considera una «amenaza» a nivel europeo, recuerda Martín. De ahí la importancia del golpe asestado a la organización mexicana, que se ha saldado con trece detenidos, doce de ellos ya en prisión, y la incautación de 800 kilos de metanfetamina, parte de la cual estaba en proceso de cristalización y, otra tanta, aún líquida. La UDYCO decidió esperar lo suficiente para contar con material probatorio, pero tampoco demasiado, para evitar darles tiempo a finalizar la producción. «Sangre fría, Si te adelantas, no tienes nada, y si llegas tardes ya está cristalizada», indica el inspector jefe. Fueron dos días y medio de espera. Sólo en ese tiempo, tras tres cambios de localización de la mercancía -y el consiguiente paso por naves industriales- y llegar hasta el laboratorio desplegado, pudieron fabricar 800 kilos. El precio medio de cada uno de ellos ronda los 60.000 euros. Los investigadores constatan que la intención del cártel era desplegar esa infraestructura sólo para cocinar la droga y luego venderla en terceros países -«hay partes del mundo donde se paga muy cara», precisa Martín-. Es decir, actúan de forma itinerante para evitar ser detectados. Aunque, en esta ocasión, no les salió bien. Para ello ha sido fundamental la cooperación internacional. «Las redes de tráfico no conocen fronteras. Pueden entrar por España, pasar por Francia o cualquier otro lugar. Son muy ‘ingeniosas’ desde el punto de vista logístico. Por eso es necesario trabajar de forma conjunta y desarrollar herramientas que permitan desmantelarlas lo antes posible», explica a ABC Olivier Clemençon, responsable de la Oficina Antiestupefacientes gala (OFAST). Francia, al igual que España, ocupa una posición geoestratégica para el crimen organizado. «Puede ser tanto un país de tránsito, como de destino, especialmente por sus infraestructuras de transporte y por la llegada de mercancías a sus puertos», constata Clemençon. A juicio de los investigadores, este fue el motivo que llevó al cártel mexicano a decantarse por Cataluña para desplegar su laboratorio. También por su proximidad con la frontera gala. «Geostratégicamente interesa, porque la localización facilita la distribución posterior de la droga», precisa el inspector jefe Martín. El ‘modus operandi’ era el habitual de estas organizaciones criminales: desde México enviaron a un emisario, que era el encargado de tener informados a los responsables del cártel. No establecieron ningún vínculo con delincuentes locales, porque su objetivo es evitar cualquier contacto o filtración que los pueda delatar. «Vienen, hacen su trabajo y se van. Si se relacionan, pueden llegar hasta ellos», precisan desde la UDYCO. Montan el laboratorio, cocinan la sustancia, y luego la distribuyen por vía terrestre. «Se fabrica aquí, pero se envía a cualquier parte del mundo». Por eso el objetivo era dar al traste con su infraestructura logística. Entre los detenidos, cuatro de Guadalajara (Jalisco); tres de Sinaloa, cinco españoles y dos colombianos. Mientras unos se dedicaban a hacer acopio del material para el laboratorio -de ollas a ventiladores-; otros eran los encargados de cocinar la droga. No abandonaban el lugar, y uno sólo era el responsable de «facilitar las novedades»: el contacto directo con el Cártel Jalisco Nueva Generación. «Se ha desmontado la logística completada de esta organización en España. Hemos golpeado tanto la entrada [de la metanfetamina] como su distribución», celebra Martín. Ahora, las pesquisas siguen su curso para averiguar el grado de implicación de las empresas tras las naves donde la organización trató de ‘enfriar’ la mercancía para evitar ser detectados. Un contenedor marítimo, proveniente de México, cuyo destino final era España. Su primera parada en el puerto de Le Havre derivó en una inspección rutinaria de la mercancía. Eran más de 12.000 kilos de aroma de vainilla. Sólo algunos, ya que otras botellas transportaban metanfetamina diluida. Las autoridades galas alertaron a la Policía Nacional, cuyos agentes, ya en La Jonquera, comenzaron a seguir la mercancía, ahora ya, en un camión. «No puedes perderla en ningún momento, es un seguimiento 24/7», apunta Alejandro Martín, inspector jefe de la UDYCO Central, que admite que el éxito de la operación, en ocasiones, también depende del «factor suerte». Una suerte y unas pesquisas que han llevado a desmantelar el laboratorio, instalado en un pueblo de Lérida, Almenar, con el que el Cártel Jalisco Nueva Generación pretendía inundar Europa de metanfetaminas. Desde hace años, esta droga sintética, que afecta gravemente al sistema nervioso central, se considera una «amenaza» a nivel europeo, recuerda Martín. De ahí la importancia del golpe asestado a la organización mexicana, que se ha saldado con trece detenidos, doce de ellos ya en prisión, y la incautación de 800 kilos de metanfetamina, parte de la cual estaba en proceso de cristalización y, otra tanta, aún líquida. La UDYCO decidió esperar lo suficiente para contar con material probatorio, pero tampoco demasiado, para evitar darles tiempo a finalizar la producción. «Sangre fría, Si te adelantas, no tienes nada, y si llegas tardes ya está cristalizada», indica el inspector jefe. Fueron dos días y medio de espera. Sólo en ese tiempo, tras tres cambios de localización de la mercancía -y el consiguiente paso por naves industriales- y llegar hasta el laboratorio desplegado, pudieron fabricar 800 kilos. El precio medio de cada uno de ellos ronda los 60.000 euros. Los investigadores constatan que la intención del cártel era desplegar esa infraestructura sólo para cocinar la droga y luego venderla en terceros países -«hay partes del mundo donde se paga muy cara», precisa Martín-. Es decir, actúan de forma itinerante para evitar ser detectados. Aunque, en esta ocasión, no les salió bien. Para ello ha sido fundamental la cooperación internacional. «Las redes de tráfico no conocen fronteras. Pueden entrar por España, pasar por Francia o cualquier otro lugar. Son muy ‘ingeniosas’ desde el punto de vista logístico. Por eso es necesario trabajar de forma conjunta y desarrollar herramientas que permitan desmantelarlas lo antes posible», explica a ABC Olivier Clemençon, responsable de la Oficina Antiestupefacientes gala (OFAST). Francia, al igual que España, ocupa una posición geoestratégica para el crimen organizado. «Puede ser tanto un país de tránsito, como de destino, especialmente por sus infraestructuras de transporte y por la llegada de mercancías a sus puertos», constata Clemençon. A juicio de los investigadores, este fue el motivo que llevó al cártel mexicano a decantarse por Cataluña para desplegar su laboratorio. También por su proximidad con la frontera gala. «Geostratégicamente interesa, porque la localización facilita la distribución posterior de la droga», precisa el inspector jefe Martín. El ‘modus operandi’ era el habitual de estas organizaciones criminales: desde México enviaron a un emisario, que era el encargado de tener informados a los responsables del cártel. No establecieron ningún vínculo con delincuentes locales, porque su objetivo es evitar cualquier contacto o filtración que los pueda delatar. «Vienen, hacen su trabajo y se van. Si se relacionan, pueden llegar hasta ellos», precisan desde la UDYCO. Montan el laboratorio, cocinan la sustancia, y luego la distribuyen por vía terrestre. «Se fabrica aquí, pero se envía a cualquier parte del mundo». Por eso el objetivo era dar al traste con su infraestructura logística. Entre los detenidos, cuatro de Guadalajara (Jalisco); tres de Sinaloa, cinco españoles y dos colombianos. Mientras unos se dedicaban a hacer acopio del material para el laboratorio -de ollas a ventiladores-; otros eran los encargados de cocinar la droga. No abandonaban el lugar, y uno sólo era el responsable de «facilitar las novedades»: el contacto directo con el Cártel Jalisco Nueva Generación. «Se ha desmontado la logística completada de esta organización en España. Hemos golpeado tanto la entrada [de la metanfetamina] como su distribución», celebra Martín. Ahora, las pesquisas siguen su curso para averiguar el grado de implicación de las empresas tras las naves donde la organización trató de ‘enfriar’ la mercancía para evitar ser detectados.  

Un contenedor marítimo, proveniente de México, cuyo destino final era España. Su primera parada en el puerto francés de Le Havre derivó en una inspección rutinaria de la mercancía. Eran más de 12.000 kilos de aroma de vainilla. Sólo algunos, ya que otras botellas … transportaban metanfetamina diluida. Las autoridades galas alertaron a la Policía Nacional, cuyos agentes, ya en La Jonquera, comenzaron a seguir la mercancía, ahora ya, en un camión. «No puedes perderla en ningún momento, es un seguimiento 24/7», apunta Alejandro Martín, inspector jefe de la UDYCO Central, que admite que el éxito de la operación, en ocasiones, también depende del «factor suerte». Una suerte y unas pesquisas que han llevado a desmantelar el laboratorio, instalado en un pueblo de Lérida, Almenar, con el que el Cártel Jalisco Nueva Generación pretendía inundar Europa de metanfetaminas.

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