Hay gritos lacerantes cuyo eco puede sacudir la conciencia de un país. El de Francesco Isceri atravesó Italia el pasado 5 de septiembre. Lloraba cuando pidió a la política que dejara a un lado sus trincheras. “Uníos. Tomad medidas, sin izquierdas ni derechas. Trabajad en las escuelas, reforzad los centros contra la violencia y los instrumentos legales que impidan que vuelva a suceder. Os lo pido con el corazón”. Dos días antes habían asesinado a su hija, Lorena Isceri. Su exnovio, Federico Vella, la esperó escondido en el garaje de su casa, en Florencia. La encerró en el maletero de su coche, condujo durante una hora mientras Lorena llamaba sigilosamente a la policía desde la oscuridad, paró en un viaducto y la lanzó al vacío. Viva. Después él se suicidó.
Más de 500.000 personas reclaman un referéndum para tumbar la ley que veta la educación sexual en un país con 100 feminicidios al año
Hay gritos lacerantes cuyo eco puede sacudir la conciencia de un país. El de Francesco Isceri atravesó Italia el pasado 5 de septiembre. Lloraba cuando pidió a la política que dejara a un lado sus trincheras. “Uníos. Tomad medidas, sin izquierdas ni derechas. Trabajad en las escuelas, reforzad los centros contra la violencia y los instrumentos legales que impidan que vuelva a suceder. Os lo pido con el corazón”. Dos días antes habían asesinado a su hija, Lorena Isceri. Su exnovio, Federico Vella, la esperó escondido en el garaje de su casa, en Florencia. La encerró en el maletero de su coche, condujo durante una hora mientras Lorena llamaba sigilosamente a la policía desde la oscuridad, paró en un viaducto y la lanzó al vacío. Viva. Después él se suicidó.
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