La inteligencia artificial llega a su momento Napster

El folleto de la esperada OPV de An­thro­pic advierte de que los modelos de inteligencia artificial de la empresa pueden “plantear riesgos catastróficos o existenciales para la humanidad”. Pero, antes de calcular cómo descontar el Armagedón, los inversores tendrán que valorar algunos peligros más inmediatos. Uno es que la IA está trastocando el régimen de propiedad intelectual en el que se sustenta todo el soft­ware. Otro, que la propia An­thro­pic puede pasar de verdugo a víctima de la revolución de la IA. En ambos sentidos, los estragos causados en la industria musical por la llegada de internet a comienzos de los 2000 ofrecen a los inversores una guía esclarecedora.

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 Los litigios por derechos de autor pueden hacer de Anthropic una víctima de su propia revolución tecnológica  

El folleto de la esperada OPV de An­thro­pic advierte de que los modelos de inteligencia artificial de la empresa pueden “plantear riesgos catastróficos o existenciales para la humanidad”. Pero, antes de calcular cómo descontar el Armagedón, los inversores tendrán que valorar algunos peligros más inmediatos. Uno es que la IA está trastocando el régimen de propiedad intelectual en el que se sustenta todo el soft­ware. Otro, que la propia An­thro­pic puede pasar de verdugo a víctima de la revolución de la IA. En ambos sentidos, los estragos causados en la industria musical por la llegada de internet a comienzos de los 2000 ofrecen a los inversores una guía esclarecedora.

Los modelos de IA de frontera han alterado la industria del soft­ware desde principios de 2025, cuando el lanzamiento de Operator, de Open­AI, y ­Claude Code, de An­thro­pic, permitió a personas sin conocimientos especializados crear programas informáticos mediante instrucciones escritas en lenguaje natural, una práctica conocida como vibe coding. En enero de 2026, An­thro­pic lanzó además complementos específicos capaces de hacer tareas especializadas de carácter jurídico, normativo y comercial para ­su agente Claude Cowork. Estas innovaciones hundieron las acciones de las empresas de soft­ware como servicio (SaaS) en lo que pasó a conocerse como el “SaaSpocalipsis”.

Pero las capacidades de los últimos modelos de frontera amenazan con provocar una conmoción aún mayor. Plantean un riesgo existencial para la ciberseguridad, como muestran algunos ejemplos recientes y espectaculares de la rápida aceleración de sus capacidades. Estos alimentan la pesadilla de que los agentes de IA exploten implacablemente todas las vulnerabilidades del código existente y conviertan internet en un entorno definitivamente hostil para los omnipresentes dispositivos conectados a la nube.

No obstante, la misma inteligencia digital que permite a los agentes de IA aprovechar fallos que los programadores humanos han pasado por alto también puede reparar las brechas y garantizar que el nuevo soft­ware cumpla estándares más exigentes. La crisis de ciberseguridad debería tener solución, aunque con un alto coste y tras un periodo transitorio que puede resultar caótico.

Potencialmente más perturbadora —y más difícil de resolver— es la capacidad de los últimos modelos de IA para descompilar, aplicar ingeniería inversa y clonar casi cualquier programa existente. Asha Sharma, CEO de la división de videojuegos Xbox de Micro­soft, ha expuesto las duras consecuencias comerciales en una nota enviada a la plantilla. “En las últimas semanas, hemos visto juegos descompilados y reconstruidos rápidamente para que funcionen en dispositivos para los que nunca fueron diseñados”, escribió al describir la epidemia de piratería informática que está en marcha. “Muchos de los mayores juegos del mundo se han remezclado dentro del código fuente de otros”.

Este fenómeno plantea un escenario de pesadilla en el que todo el código se convertirá en abierto, voluntariamente o no, mucho antes de lo que nadie espera. El soft­ware de descarga gratuita ya tiene importancia en varias aplicaciones especializadas: por ejemplo, la mayor parte de la infraestructura pública de computación en la nube funciona con versiones del sistema operativo de código abierto Linux. Pero la mayoría del soft­ware comercial consiste en código propietario vendido mediante suscripción o como producto independiente. Si la IA convierte estos productos en lo que los economistas denominan un bien no excluible, casi todos los modelos de negocio tecnológicos saltarán por los aires.

Por fortuna, la industria musical ofrece un manual para afrontar el caos que se avecina. Desde finales de los 90, el sector sufrió una disrupción muy similar cuando la combinación de la digitalización y el streaming convirtió en la práctica toda la música grabada en un producto de código abierto. Lo cuenta de forma brillante Stephen Witt en un libro de 2015. El problema comenzó en 1995, cuando un grupo de investigadores alemanes inventó el ingenioso algoritmo MP3, que permitió digitalizar de forma eficiente la música grabada y, al tiempo, desplomó el coste de reproducirla. En 1999, la start-up de EE UU Napster lanzó un servicio que permitía a los usuarios compartir archivos musicales digitales mediante redes entre pares y aprovechó la consiguiente pandemia de piratería. Durante un tiempo, en torno al cambio de milenio, pareció que nadie volvería a pagar por la música grabada.

Los litigios por derechos de autor emprendidos por las discográficas evitaron ese desenlace y llevaron a Napster a la quiebra en 2001. Pero, en la década siguiente toda la industria se vio obligada a reestructurarse radicalmente para responder a la nueva realidad de que la música grabada estaría disponible gratis en los dispositivos digitales. Discográficas de larga trayectoria como EMI y PolyGram desaparecieron. En su lugar surgieron plataformas como Spotify y You­Tube.

¿Qué lecciones ofrece la revolución de la música para las firmas de soft­ware en la era de la IA? La primera es que resulta difícil determinar dónde acabará concentrándose el valor sostenible. Los experimentados inversores de capital riesgo y los sofisticados socios corporativos que apostaron por el modelo de Napster —crecer rápido sin obtener beneficios— perdieron hasta la camisa. En un primer momento, iTunes, de Apple, se limitó a intentar trasladar al mundo digital el modelo de negocio analógico basado en vender la propiedad de álbumes, pero acabó en un callejón sin salida. Tuvieron que pasar diez años para que el streaming mediante suscripciones y publicidad se consolidara como modelo sostenible. La conclusión para los inversores es que no deben jugársela a que vaya a imponerse una estrategia concreta.

Una segunda lección se refiere al destino de la firma situada en el centro mismo de la disrupción del código abierto. Napster se hundió en 2001 bajo el peso de las demandas por vulneración de derechos de autor. An­thro­pic afronta un tsunami judicial inquietantemente parecido. Las responsabilidades limitadas que ha asumido hasta ahora en casos de derechos de autor no deberían tranquilizar a los inversores. Si los tribunales acaban decidiendo que clonar soft­ware de código cerrado vulnera la propiedad intelectual, las sanciones resultantes probablemente serán varios órdenes de magnitud mayores.

Por último, hay un aspecto crucial en el que la situación de An­thro­pic es todavía más precaria que la que afrontó Napster. La transmisión de archivos musicales digitales era una tecnología hecha a medida para que una start-up ambiciosa la utilizara exclusivamente como arma contra los operadores tradicionales del sector. En cambio, nada impide que otros dirijan los modelos de IA contra los propios laboratorios de frontera.

Las firmas chinas ya están aplicando ingeniería inversa a los modelos de EE UU y publicando versiones de código abierto. Como afirma Christian Catalini, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT): “La frontera cerrada y excluible que entusiasma a los inversores de las OPV no deja de reaparecer como una descarga gratuita”.

Han pasado 15 años desde que el inversor de capital riesgo Marc Andreessen advirtió en una famosa frase que “el soft­ware se está comiendo el mundo”. Los inversores que se planteen apostar por la OPV de An­thro­pic deben valorar el riesgo de que la propia empresa de IA acabe formando parte del menú.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.

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