Si no fueran republicanos diríamos que es la joya de la corona, pero en todo caso es la joya de la izquierda: la supuesta superioridad moral. Esta no es un adorno retórico. Es, sobre todo, un instrumento de poder. Una forma de situarse por encima del bien y del mal, de blindarse frente a la crítica y de etiquetar cualquier discrepancia como fascismo. Quien no está con ellos no es simplemente un adversario político, sino alguien moralmente inferior. Y desde ahí se construye todo lo demás. Es una piedra preciosa que brilla tanto que ciega a quienes la contemplan y no les permite observar la realidad.La izquierda española es una mina, y no solo de oro venezolano, sino también de ejemplos. Veamos algunos. José Luis Rodríguez Zapatero presumió de talante, como si fuera una piedra preciosa, pero gobernó para reabrir aquellas heridas que nuestros padres habían sabido cerrar con inteligencia y generosidad. Dinamitó el mejor legado de la Transición: la voluntad de concordia. Sustituyó el espíritu de reconciliación por una política de bandos, de agravios y de memoria selectiva.Su hijo político, Pedro Sánchez, llegó al poder con una moción de censura que se presentó como oro moral: regeneración, limpieza, ejemplaridad. Prometió acabar con la corrupción. Y, sin embargo, lo que hemos visto es cómo todo su entorno era un collar de perlas: su mujer, el hermano, Santos Cerdán, Koldo García y el perla, como canta Rosalía, de José Luis Ábalos. El brillo se va apagando. El partido Podemos, aquel con el que no iban a pactar, venían a acabar con la casta, a impugnar los privilegios, a romper las vitrinas de la política española. Y terminaron reproduciendo, a escala casi caricaturesca, aquello que criticaban. El casoplón de Galapagar es una pieza icónica de la colección. Es la materialización visible de una hipocresía absoluta. La dureza de su rostro era la del diamante más puro.Y es que el círculo se va cerrando, en todos los sentidos. Si el casoplón fue el símbolo visual de la decadencia de Podemos, las joyas de Zapatero lo son del PSOE. No tanto por su valor material, sino por lo que representan: la distancia entre lo que se exhibe y lo que se es, entre la estética y la ética. La superioridad moral, en fin, era bisutería barata: un discurso perfectamente tallado, pero incapaz de resistir el contraste con la realidad.Esa superioridad siempre fue una estafa política, porque, cuando gobiernan, nunca dejan un país mejor, sino más divido y más pobre. Es el resultado lógico de una ideología que suple la rendición de cuentas: no hay incentivos a gobernar bien. Solo a manipular mejor, a la orfebrería ideológica. Ahora, por fin, ya pocos siguen aceptando el brillo sin comprobar la autenticidad de la pieza. ¡La joya es falsa! Siempre fue falsa. Siempre fueron un fraude.Juan Milián es senador del Partido Popular Si no fueran republicanos diríamos que es la joya de la corona, pero en todo caso es la joya de la izquierda: la supuesta superioridad moral. Esta no es un adorno retórico. Es, sobre todo, un instrumento de poder. Una forma de situarse por encima del bien y del mal, de blindarse frente a la crítica y de etiquetar cualquier discrepancia como fascismo. Quien no está con ellos no es simplemente un adversario político, sino alguien moralmente inferior. Y desde ahí se construye todo lo demás. Es una piedra preciosa que brilla tanto que ciega a quienes la contemplan y no les permite observar la realidad.La izquierda española es una mina, y no solo de oro venezolano, sino también de ejemplos. Veamos algunos. José Luis Rodríguez Zapatero presumió de talante, como si fuera una piedra preciosa, pero gobernó para reabrir aquellas heridas que nuestros padres habían sabido cerrar con inteligencia y generosidad. Dinamitó el mejor legado de la Transición: la voluntad de concordia. Sustituyó el espíritu de reconciliación por una política de bandos, de agravios y de memoria selectiva.Su hijo político, Pedro Sánchez, llegó al poder con una moción de censura que se presentó como oro moral: regeneración, limpieza, ejemplaridad. Prometió acabar con la corrupción. Y, sin embargo, lo que hemos visto es cómo todo su entorno era un collar de perlas: su mujer, el hermano, Santos Cerdán, Koldo García y el perla, como canta Rosalía, de José Luis Ábalos. El brillo se va apagando. El partido Podemos, aquel con el que no iban a pactar, venían a acabar con la casta, a impugnar los privilegios, a romper las vitrinas de la política española. Y terminaron reproduciendo, a escala casi caricaturesca, aquello que criticaban. El casoplón de Galapagar es una pieza icónica de la colección. Es la materialización visible de una hipocresía absoluta. La dureza de su rostro era la del diamante más puro.Y es que el círculo se va cerrando, en todos los sentidos. Si el casoplón fue el símbolo visual de la decadencia de Podemos, las joyas de Zapatero lo son del PSOE. No tanto por su valor material, sino por lo que representan: la distancia entre lo que se exhibe y lo que se es, entre la estética y la ética. La superioridad moral, en fin, era bisutería barata: un discurso perfectamente tallado, pero incapaz de resistir el contraste con la realidad.Esa superioridad siempre fue una estafa política, porque, cuando gobiernan, nunca dejan un país mejor, sino más divido y más pobre. Es el resultado lógico de una ideología que suple la rendición de cuentas: no hay incentivos a gobernar bien. Solo a manipular mejor, a la orfebrería ideológica. Ahora, por fin, ya pocos siguen aceptando el brillo sin comprobar la autenticidad de la pieza. ¡La joya es falsa! Siempre fue falsa. Siempre fueron un fraude.Juan Milián es senador del Partido Popular
Si no fueran republicanos diríamos que es la joya de la corona, pero en todo caso es la joya de la izquierda: la supuesta superioridad moral. Esta no es un adorno retórico. Es, sobre todo, un instrumento de poder. Una forma de situarse por encima … del bien y del mal, de blindarse frente a la crítica y de etiquetar cualquier discrepancia como fascismo. Quien no está con ellos no es simplemente un adversario político, sino alguien moralmente inferior. Y desde ahí se construye todo lo demás. Es una piedra preciosa que brilla tanto que ciega a quienes la contemplan y no les permite observar la realidad.
La izquierda española es una mina, y no solo de oro venezolano, sino también de ejemplos. Veamos algunos. José Luis Rodríguez Zapatero presumió de talante, como si fuera una piedra preciosa, pero gobernó para reabrir aquellas heridas que nuestros padres habían sabido cerrar con inteligencia y generosidad. Dinamitó el mejor legado de la Transición: la voluntad de concordia. Sustituyó el espíritu de reconciliación por una política de bandos, de agravios y de memoria selectiva.
Su hijo político, Pedro Sánchez, llegó al poder con una moción de censura que se presentó como oro moral: regeneración, limpieza, ejemplaridad. Prometió acabar con la corrupción. Y, sin embargo, lo que hemos visto es cómo todo su entorno era un collar de perlas: su mujer, el hermano, Santos Cerdán, Koldo García y el perla, como canta Rosalía, de José Luis Ábalos. El brillo se va apagando.
El partido Podemos, aquel con el que no iban a pactar, venían a acabar con la casta, a impugnar los privilegios, a romper las vitrinas de la política española. Y terminaron reproduciendo, a escala casi caricaturesca, aquello que criticaban. El casoplón de Galapagar es una pieza icónica de la colección. Es la materialización visible de una hipocresía absoluta. La dureza de su rostro era la del diamante más puro.
Y es que el círculo se va cerrando, en todos los sentidos. Si el casoplón fue el símbolo visual de la decadencia de Podemos, las joyas de Zapatero lo son del PSOE. No tanto por su valor material, sino por lo que representan: la distancia entre lo que se exhibe y lo que se es, entre la estética y la ética. La superioridad moral, en fin, era bisutería barata: un discurso perfectamente tallado, pero incapaz de resistir el contraste con la realidad.
Esa superioridad siempre fue una estafa política, porque, cuando gobiernan, nunca dejan un país mejor, sino más divido y más pobre. Es el resultado lógico de una ideología que suple la rendición de cuentas: no hay incentivos a gobernar bien. Solo a manipular mejor, a la orfebrería ideológica. Ahora, por fin, ya pocos siguen aceptando el brillo sin comprobar la autenticidad de la pieza. ¡La joya es falsa! Siempre fue falsa. Siempre fueron un fraude.
Juan Milián es senador del Partido Popular
RSS de noticias de espana/cataluna
