La rosa más descriptiva, más natural, que se abre camino a través de la bergamota y la pimienta negra, y se vuelve luego más sensual, profunda y envolvente. Es ‘Rose me twice’, de Jean-Claude Ellena para Laboratorio Olfattivo. El maestro explicó el martes en La Repubblica que la creación está ligada al olvido. «Progresamos porque podemos olvidar. Si olvido una determinada fórmula, tengo que encontrar otra. Por supuesto, a mi edad he acumulado experiencia, pero no es un impulso para repetir soluciones ya utilizadas; más bien busco cada vez un nuevo camino». ‘Rose me twice’ es todo lo que sabe Jean-Claude Ellena y todo lo que ha olvidado para poder crear de nuevo. Rosa figurativa que no se parece a ninguna. Rosa cítrica, limpia, suave; la decantación del genio por lo que es elegante en voz baja. La sintió de viaje en Italia y la olvidó y recordó y la recreó de regreso en Grasse. Empieza joven y acaba comprensiva, como una chica muy joven que pudiera amarnos con deseo e impudicia y tener a la vez tener la ternura de recoger nuestros trozos al final del día. Una rosa absoluta que explica toda una vida. La salida vegetal, tan punzante, nos toma sin preguntar; su alma atardecida, más silenciosa, más compasiva, se queda a tu lado aunque sea muy tarde hasta que por fin consigues dormirte. Rose Graffiti es una aproximación más abstracta, urbana, emocional a la rosa. Hay menos de lo que el genio sabe y más de lo que quiere saber. «Me gusta el espíritu de la finura. El ‘tal vez’. Si estás seguro de tus ideas no puedes crecer. Hay que tener fe, confianza en uno mismo, pero dudar sirve para seguir adelante. Del espacio entre la duda y la fe surgen las obras interesantes», afirma Ellena en la misma entrevista de La Repubblica. Mientras Jean-Pierre Marois, fundador y director de Les Bains Guerbois, y el responsable de la visión creativa, los conceptos, y las colaboraciones que dan a la marca su carácter tan especial, intentaba convencer a Jean-Claude de que creara una fragancia para la casa, el perfumista quedó cautivado por el graffiti de una de las paredes del restaurante del hotel, pintado en 1981 por uno de los pioneros del grafiti neoyorquino y que Marois conservó cuando se hizo cargo del lugar. La obra, concebida como una «constelación eléctrica de colores» es principalmente rosa, pero con toques amarillos, naranjas y azulitos.Noticia relacionada No No shambhala Tres horas en Hemingway Salvador SostresY de esa visión, de esos colores, sin atender a nada más que a su emoción y a su instinto, el maestro construyó esta rosa altiva, estridente, salvajemente manchada de fruta de la pasión, y es uno de los perfumes menos parecidos a sí mismo. El acorde silente del que suelen nacer sus canciones es en Rose Graffiti la guitarra eléctrica de la apertura de Black or White de Michael Jackson, el ‘Así se fundó Carnaby Street’ de Leopoldo María Panero, el arrebato de pintalabios rojo, tan brutal, tan emergente, del Lipstick Rose de Ralf Schwieger para Frederic Malle. El amor, un cesto carmesí.Probé el perfume en París y tardé en recibir mi frasco unos días que se me hicieron eternos. Hay una historia previa, entre el júbilo y la angustia, y que como todas las historias que me gustan me hacen dudar de mi cordura. Cuando a través de Fragrantica supe de la publicación de RG vi que no estaba todavía a la venta y pedí a la casa que me mandara un ejemplar con la excusa de escribir. No es que pensara en no escribir, pero era una excusa porque lo que en realidad quería es tener inmediatamente la nueva obra de mi artista. No obtuve una respuesta clara y al cabo de unos días viajé a París para acudir al concierto de Paul Simon y lo primero que hice en la mañana fue ir a la tienda, al lado del hotel, y aunque pude oler la fragancia no me pude hacer con ella porque sólo había una muestra y la producción no había terminado. El encuentro con Donatien Darnaud, director de desarrollo de la marca, al que cito atentando contra su apego a la discreción, fue tan mágico como oler por primera vez mi nuevo perfume. De vuelta en Barcelona, escribí un artículo sobre aquel instante, que no calmó sino que desaforó mi impaciencia. Recordaba el olor pero no sabía si el recuerdo era nítido o una construcción mental. Tampoco podía oler nada que me recordara, porque era una historia completamente distinta a cualquier otra composición del maestro. Me había quedado sin referencias, sin asideros. Un recuerdo que se desvanecía cada vez que me acercaba. El perfume no llegaba, y una noche de madrugada, volviendo de cenar en Enigma, vi en la web de la tienda que finalmente el perfume había salido a la venta -durante las semanas previas estuvo sólo en pre-venta- y lo compré al acto.Al cabo de dos días recibí un correo de la tienda, pensando que era un aviso de que habían mandado el paquete, pero era todo lo contrario: Donatien había dado la orden de suspender mi pedido porque expresamente quería que mi RG fuera una cortesía de la casa, lo que me dejó todavía más al límite de mi desesperación, hasta el punto de que en el correo en que le agradecí su bello gesto, tuve la aparatosa impertinencia de preguntarle cuándo iba a salir el envío.Seur me confirmó la entrega para el martes pero llegó el día anterior, feriado en Barcelona. Era la Segunda Pascua -o Pàsqua Florida, en catalán- de modo que el conserje no trabajaba y mi asistenta, por motivos más allá de mi comprensión, aunque oyó el timbre del portero automático, decidió no abrir. El repartidor no supo muy bien qué hacer, y aunque en la aplicación el paquete figuraba como entregado a un tal Juan, ni yo ni mis vecinos habíamos recibido nada. Ante la impotencia contra el contestador automático de la atención al cliente de la compañía de transportes, y en un exceso de todos los tiempos, llamé al director de Seur Cataluña, para pedirle auxilio. No lo llamaba desde que algo parecido me sucedió con un frasco de Équipage Geranium que tuve que comprar a un italiano random por ebay porque los dementes de Hermès lo han descatalogado. El perfume finalmente me llegó el martes por la mañana, muy pronto, e inmediatamente bajé a la tienda de helados de Albert Adrià en el paseo de Gracia y me compré una terrina de Rosa y Lichi; y entre Barcelona y París, Jean Claude y el señor Marois y los hermanos Adrià, y mi querido Donatien que no quiere salir en las búsquedas de Google porque ésta es su sobria, preciosa manera de ser elegante, confirmé que los genios se parecen aunque no se conozcan, y que son el dique de contención contra la barbarie y que nuestra misión es protegerlos para que puedan continuar creando mientras aún tengan la vida.Nunca un perfume y un helado se habían parecido tanto, sobre todo sin saber de la existencia del otro. Rose Graffiti es una alegría revolucionaria, pletórica de talento y de luz, que no se conforma con ganar la competición a todos los demás y ya sólo compite con ella misma. Desbordadas costuras, vestido amarillo y rosa cosido muy fino para que se rompa cuando se lo ponga la chica que te gusta. Euforia difícil de contener, y de dismiualr, parecía un idiota subiendo de vuelta por el paseo de Gracia, con mi helado y mi fragancia. La virtud de RG no es su equilibrio sino que no se aleja del alba y nos hace vivir en la emoción de las cosas que suceden por primera vez.No conozco a Jean-Claude Ellena pero desde que tengo uso de razón he dedicado buena parte de mi tiempo, mi dinero y mi energía a seguir su obra. Ha hecho de mí algo mucho mejor de lo que habría sido sin él, aunque a veces lo haya conseguido al límite de mi resistencia cardíaca. Es así como los genios nos toman de la mano, nos moldean, y nos ayudan a crecer. Hay algo que me llama la atención de Ferran Adrià y de Jean-Claude: y es lo poco que necesitan creer en Dios aquellos en los que Dios más cree. La rosa más descriptiva, más natural, que se abre camino a través de la bergamota y la pimienta negra, y se vuelve luego más sensual, profunda y envolvente. Es ‘Rose me twice’, de Jean-Claude Ellena para Laboratorio Olfattivo. El maestro explicó el martes en La Repubblica que la creación está ligada al olvido. «Progresamos porque podemos olvidar. Si olvido una determinada fórmula, tengo que encontrar otra. Por supuesto, a mi edad he acumulado experiencia, pero no es un impulso para repetir soluciones ya utilizadas; más bien busco cada vez un nuevo camino». ‘Rose me twice’ es todo lo que sabe Jean-Claude Ellena y todo lo que ha olvidado para poder crear de nuevo. Rosa figurativa que no se parece a ninguna. Rosa cítrica, limpia, suave; la decantación del genio por lo que es elegante en voz baja. La sintió de viaje en Italia y la olvidó y recordó y la recreó de regreso en Grasse. Empieza joven y acaba comprensiva, como una chica muy joven que pudiera amarnos con deseo e impudicia y tener a la vez tener la ternura de recoger nuestros trozos al final del día. Una rosa absoluta que explica toda una vida. La salida vegetal, tan punzante, nos toma sin preguntar; su alma atardecida, más silenciosa, más compasiva, se queda a tu lado aunque sea muy tarde hasta que por fin consigues dormirte. Rose Graffiti es una aproximación más abstracta, urbana, emocional a la rosa. Hay menos de lo que el genio sabe y más de lo que quiere saber. «Me gusta el espíritu de la finura. El ‘tal vez’. Si estás seguro de tus ideas no puedes crecer. Hay que tener fe, confianza en uno mismo, pero dudar sirve para seguir adelante. Del espacio entre la duda y la fe surgen las obras interesantes», afirma Ellena en la misma entrevista de La Repubblica. Mientras Jean-Pierre Marois, fundador y director de Les Bains Guerbois, y el responsable de la visión creativa, los conceptos, y las colaboraciones que dan a la marca su carácter tan especial, intentaba convencer a Jean-Claude de que creara una fragancia para la casa, el perfumista quedó cautivado por el graffiti de una de las paredes del restaurante del hotel, pintado en 1981 por uno de los pioneros del grafiti neoyorquino y que Marois conservó cuando se hizo cargo del lugar. La obra, concebida como una «constelación eléctrica de colores» es principalmente rosa, pero con toques amarillos, naranjas y azulitos.Noticia relacionada No No shambhala Tres horas en Hemingway Salvador SostresY de esa visión, de esos colores, sin atender a nada más que a su emoción y a su instinto, el maestro construyó esta rosa altiva, estridente, salvajemente manchada de fruta de la pasión, y es uno de los perfumes menos parecidos a sí mismo. El acorde silente del que suelen nacer sus canciones es en Rose Graffiti la guitarra eléctrica de la apertura de Black or White de Michael Jackson, el ‘Así se fundó Carnaby Street’ de Leopoldo María Panero, el arrebato de pintalabios rojo, tan brutal, tan emergente, del Lipstick Rose de Ralf Schwieger para Frederic Malle. El amor, un cesto carmesí.Probé el perfume en París y tardé en recibir mi frasco unos días que se me hicieron eternos. Hay una historia previa, entre el júbilo y la angustia, y que como todas las historias que me gustan me hacen dudar de mi cordura. Cuando a través de Fragrantica supe de la publicación de RG vi que no estaba todavía a la venta y pedí a la casa que me mandara un ejemplar con la excusa de escribir. No es que pensara en no escribir, pero era una excusa porque lo que en realidad quería es tener inmediatamente la nueva obra de mi artista. No obtuve una respuesta clara y al cabo de unos días viajé a París para acudir al concierto de Paul Simon y lo primero que hice en la mañana fue ir a la tienda, al lado del hotel, y aunque pude oler la fragancia no me pude hacer con ella porque sólo había una muestra y la producción no había terminado. El encuentro con Donatien Darnaud, director de desarrollo de la marca, al que cito atentando contra su apego a la discreción, fue tan mágico como oler por primera vez mi nuevo perfume. De vuelta en Barcelona, escribí un artículo sobre aquel instante, que no calmó sino que desaforó mi impaciencia. Recordaba el olor pero no sabía si el recuerdo era nítido o una construcción mental. Tampoco podía oler nada que me recordara, porque era una historia completamente distinta a cualquier otra composición del maestro. Me había quedado sin referencias, sin asideros. Un recuerdo que se desvanecía cada vez que me acercaba. El perfume no llegaba, y una noche de madrugada, volviendo de cenar en Enigma, vi en la web de la tienda que finalmente el perfume había salido a la venta -durante las semanas previas estuvo sólo en pre-venta- y lo compré al acto.Al cabo de dos días recibí un correo de la tienda, pensando que era un aviso de que habían mandado el paquete, pero era todo lo contrario: Donatien había dado la orden de suspender mi pedido porque expresamente quería que mi RG fuera una cortesía de la casa, lo que me dejó todavía más al límite de mi desesperación, hasta el punto de que en el correo en que le agradecí su bello gesto, tuve la aparatosa impertinencia de preguntarle cuándo iba a salir el envío.Seur me confirmó la entrega para el martes pero llegó el día anterior, feriado en Barcelona. Era la Segunda Pascua -o Pàsqua Florida, en catalán- de modo que el conserje no trabajaba y mi asistenta, por motivos más allá de mi comprensión, aunque oyó el timbre del portero automático, decidió no abrir. El repartidor no supo muy bien qué hacer, y aunque en la aplicación el paquete figuraba como entregado a un tal Juan, ni yo ni mis vecinos habíamos recibido nada. Ante la impotencia contra el contestador automático de la atención al cliente de la compañía de transportes, y en un exceso de todos los tiempos, llamé al director de Seur Cataluña, para pedirle auxilio. No lo llamaba desde que algo parecido me sucedió con un frasco de Équipage Geranium que tuve que comprar a un italiano random por ebay porque los dementes de Hermès lo han descatalogado. El perfume finalmente me llegó el martes por la mañana, muy pronto, e inmediatamente bajé a la tienda de helados de Albert Adrià en el paseo de Gracia y me compré una terrina de Rosa y Lichi; y entre Barcelona y París, Jean Claude y el señor Marois y los hermanos Adrià, y mi querido Donatien que no quiere salir en las búsquedas de Google porque ésta es su sobria, preciosa manera de ser elegante, confirmé que los genios se parecen aunque no se conozcan, y que son el dique de contención contra la barbarie y que nuestra misión es protegerlos para que puedan continuar creando mientras aún tengan la vida.Nunca un perfume y un helado se habían parecido tanto, sobre todo sin saber de la existencia del otro. Rose Graffiti es una alegría revolucionaria, pletórica de talento y de luz, que no se conforma con ganar la competición a todos los demás y ya sólo compite con ella misma. Desbordadas costuras, vestido amarillo y rosa cosido muy fino para que se rompa cuando se lo ponga la chica que te gusta. Euforia difícil de contener, y de dismiualr, parecía un idiota subiendo de vuelta por el paseo de Gracia, con mi helado y mi fragancia. La virtud de RG no es su equilibrio sino que no se aleja del alba y nos hace vivir en la emoción de las cosas que suceden por primera vez.No conozco a Jean-Claude Ellena pero desde que tengo uso de razón he dedicado buena parte de mi tiempo, mi dinero y mi energía a seguir su obra. Ha hecho de mí algo mucho mejor de lo que habría sido sin él, aunque a veces lo haya conseguido al límite de mi resistencia cardíaca. Es así como los genios nos toman de la mano, nos moldean, y nos ayudan a crecer. Hay algo que me llama la atención de Ferran Adrià y de Jean-Claude: y es lo poco que necesitan creer en Dios aquellos en los que Dios más cree.
La rosa más descriptiva, más natural, que se abre camino a través de la bergamota y la pimienta negra, y se vuelve luego más sensual, profunda y envolvente. Es ‘Rose me twice’, de Jean-Claude Ellena para Laboratorio Olfattivo. El maestro explicó el martes en … La Repubblica que la creación está ligada al olvido. «Progresamos porque podemos olvidar. Si olvido una determinada fórmula, tengo que encontrar otra. Por supuesto, a mi edad he acumulado experiencia, pero no es un impulso para repetir soluciones ya utilizadas; más bien busco cada vez un nuevo camino». ‘Rose me twice’ es todo lo que sabe Jean-Claude Ellena y todo lo que ha olvidado para poder crear de nuevo. Rosa figurativa que no se parece a ninguna.
Rosa cítrica, limpia, suave; la decantación del genio por lo que es elegante en voz baja. La sintió de viaje en Italia y la olvidó y recordó y la recreó de regreso en Grasse. Empieza joven y acaba comprensiva, como una chica muy joven que pudiera amarnos con deseo e impudicia y tener a la vez tener la ternura de recoger nuestros trozos al final del día. Una rosa absoluta que explica toda una vida. La salida vegetal, tan punzante, nos toma sin preguntar; su alma atardecida, más silenciosa, más compasiva, se queda a tu lado aunque sea muy tarde hasta que por fin consigues dormirte.
Rose Graffiti es una aproximación más abstracta, urbana, emocional a la rosa. Hay menos de lo que el genio sabe y más de lo que quiere saber. «Me gusta el espíritu de la finura. El ‘tal vez’. Si estás seguro de tus ideas no puedes crecer. Hay que tener fe, confianza en uno mismo, pero dudar sirve para seguir adelante. Del espacio entre la duda y la fe surgen las obras interesantes», afirma Ellena en la misma entrevista de La Repubblica. Mientras Jean-Pierre Marois, fundador y director de Les Bains Guerbois, y el responsable de la visión creativa, los conceptos, y las colaboraciones que dan a la marca su carácter tan especial, intentaba convencer a Jean-Claude de que creara una fragancia para la casa, el perfumista quedó cautivado por el graffiti de una de las paredes del restaurante del hotel, pintado en 1981 por uno de los pioneros del grafiti neoyorquino y que Marois conservó cuando se hizo cargo del lugar. La obra, concebida como una «constelación eléctrica de colores» es principalmente rosa, pero con toques amarillos, naranjas y azulitos.
Y de esa visión, de esos colores, sin atender a nada más que a su emoción y a su instinto, el maestro construyó esta rosa altiva, estridente, salvajemente manchada de fruta de la pasión, y es uno de los perfumes menos parecidos a sí mismo. El acorde silente del que suelen nacer sus canciones es en Rose Graffiti la guitarra eléctrica de la apertura de Black or White de Michael Jackson, el ‘Así se fundó Carnaby Street’ de Leopoldo María Panero, el arrebato de pintalabios rojo, tan brutal, tan emergente, del Lipstick Rose de Ralf Schwieger para Frederic Malle. El amor, un cesto carmesí.
Probé el perfume en París y tardé en recibir mi frasco unos días que se me hicieron eternos. Hay una historia previa, entre el júbilo y la angustia, y que como todas las historias que me gustan me hacen dudar de mi cordura. Cuando a través de Fragrantica supe de la publicación de RG vi que no estaba todavía a la venta y pedí a la casa que me mandara un ejemplar con la excusa de escribir. No es que pensara en no escribir, pero era una excusa porque lo que en realidad quería es tener inmediatamente la nueva obra de mi artista. No obtuve una respuesta clara y al cabo de unos días viajé a París para acudir al concierto de Paul Simon y lo primero que hice en la mañana fue ir a la tienda, al lado del hotel, y aunque pude oler la fragancia no me pude hacer con ella porque sólo había una muestra y la producción no había terminado. El encuentro con Donatien Darnaud, director de desarrollo de la marca, al que cito atentando contra su apego a la discreción, fue tan mágico como oler por primera vez mi nuevo perfume. De vuelta en Barcelona, escribí un artículo sobre aquel instante, que no calmó sino que desaforó mi impaciencia. Recordaba el olor pero no sabía si el recuerdo era nítido o una construcción mental. Tampoco podía oler nada que me recordara, porque era una historia completamente distinta a cualquier otra composición del maestro. Me había quedado sin referencias, sin asideros. Un recuerdo que se desvanecía cada vez que me acercaba. El perfume no llegaba, y una noche de madrugada, volviendo de cenar en Enigma, vi en la web de la tienda que finalmente el perfume había salido a la venta -durante las semanas previas estuvo sólo en pre-venta- y lo compré al acto.
Al cabo de dos días recibí un correo de la tienda, pensando que era un aviso de que habían mandado el paquete, pero era todo lo contrario: Donatien había dado la orden de suspender mi pedido porque expresamente quería que mi RG fuera una cortesía de la casa, lo que me dejó todavía más al límite de mi desesperación, hasta el punto de que en el correo en que le agradecí su bello gesto, tuve la aparatosa impertinencia de preguntarle cuándo iba a salir el envío.
Seur me confirmó la entrega para el martes pero llegó el día anterior, feriado en Barcelona. Era la Segunda Pascua -o Pàsqua Florida, en catalán- de modo que el conserje no trabajaba y mi asistenta, por motivos más allá de mi comprensión, aunque oyó el timbre del portero automático, decidió no abrir. El repartidor no supo muy bien qué hacer, y aunque en la aplicación el paquete figuraba como entregado a un tal Juan, ni yo ni mis vecinos habíamos recibido nada. Ante la impotencia contra el contestador automático de la atención al cliente de la compañía de transportes, y en un exceso de todos los tiempos, llamé al director de Seur Cataluña, para pedirle auxilio. No lo llamaba desde que algo parecido me sucedió con un frasco de Équipage Geranium que tuve que comprar a un italiano random por ebay porque los dementes de Hermès lo han descatalogado.
El perfume finalmente me llegó el martes por la mañana, muy pronto, e inmediatamente bajé a la tienda de helados de Albert Adrià en el paseo de Gracia y me compré una terrina de Rosa y Lichi; y entre Barcelona y París, Jean Claude y el señor Marois y los hermanos Adrià, y mi querido Donatien que no quiere salir en las búsquedas de Google porque ésta es su sobria, preciosa manera de ser elegante, confirmé que los genios se parecen aunque no se conozcan, y que son el dique de contención contra la barbarie y que nuestra misión es protegerlos para que puedan continuar creando mientras aún tengan la vida.
Nunca un perfume y un helado se habían parecido tanto, sobre todo sin saber de la existencia del otro. Rose Graffiti es una alegría revolucionaria, pletórica de talento y de luz, que no se conforma con ganar la competición a todos los demás y ya sólo compite con ella misma. Desbordadas costuras, vestido amarillo y rosa cosido muy fino para que se rompa cuando se lo ponga la chica que te gusta. Euforia difícil de contener, y de dismiualr, parecía un idiota subiendo de vuelta por el paseo de Gracia, con mi helado y mi fragancia. La virtud de RG no es su equilibrio sino que no se aleja del alba y nos hace vivir en la emoción de las cosas que suceden por primera vez.
No conozco a Jean-Claude Ellena pero desde que tengo uso de razón he dedicado buena parte de mi tiempo, mi dinero y mi energía a seguir su obra. Ha hecho de mí algo mucho mejor de lo que habría sido sin él, aunque a veces lo haya conseguido al límite de mi resistencia cardíaca. Es así como los genios nos toman de la mano, nos moldean, y nos ayudan a crecer. Hay algo que me llama la atención de Ferran Adrià y de Jean-Claude: y es lo poco que necesitan creer en Dios aquellos en los que Dios más cree.
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