El fin del mercado ha confirmado que Julián Alvarez continúa en el Atlético de Madrid, pero no ha cerrado las heridas abiertas que ha dejado el culebrón más áspero que se recuerda en torno a un traspaso en los últimos años. El gran perdedor ha sido el jugador, que no ha cumplido su deseo de jugar en el Barcelona y ahora tiene la compleja tarea de recomponer su relación con el club, con el entrenador, con sus compañeros y con la hinchada del Metropolitano. Esta última, sin duda, es la gran faena que le espera tras declarar el 22 de junio en la zona mixta del estadio de Dallas: “Lo mejor para todos es una transferencia, quiero cumplir un sueño”.
El argentino permanece en el Atlético y debe reconducir la situación con la hinchada, el club, Simeone y el plantel
El fin del mercado ha confirmado que Julián Alvarez continúa en el Atlético de Madrid, pero no ha cerrado las heridas abiertas que ha dejado el culebrón más áspero que se recuerda en torno a un traspaso en los últimos años. El gran perdedor ha sido el jugador, que no ha cumplido su deseo de jugar en el Barcelona y ahora tiene la compleja tarea de recomponer su relación con el club, con el entrenador, con sus compañeros y con la hinchada del Metropolitano. Esta última, sin duda, es la gran faena que le espera tras declarar el 22 de junio en la zona mixta del estadio de Dallas: “Lo mejor para todos es una transferencia, quiero cumplir un sueño”.
La afrenta a la afición y la agresiva estrategia seguida para tratar de forzar su marcha al Barcelona provocaron la sonora pitada que Julián Alvarez escuchó en cuanto asomó la cabeza por el Metropolitano en el segundo partido de Liga ante el Villarreal. Todavía hay parte de la masa social colchonera despechada que considera que lo mejor habría sido una venta.
Fuentes de la dirigencia rojiblanca confían en que Julián Alvarez pueda darle la vuelta a la situación. “Si no lo creyéramos, no habríamos llegado a este punto”, aseguran. Desde que el jugador manifestó su intención de marcharse, el club se ha preocupado muy mucho de culpar a su agente, el argentino Fernando Hidalgo, de proporcionar un equivocado asesoramiento a su representado hasta desembocar en el peliagudo conflicto que aún sigue latente. Las filtraciones del descontento con el sistema de juego del entrenador y las declaraciones del futbolista durante el Mundial en Dallas se le achacan desde el Atlético al apoderado del argentino para tratar de rebajar el precio del traspaso. También acusan desde el Atlético al Barcelona de haber generado una campaña mediática de trascendencia mundial sin precedentes en la historia del club. Aseguran en la entidad colchonera no haber recibido un ataque reputacional tan fuerte, en el que se incluye la detección de bots (robots) para generar en las redes sociales una imagen del Atlético de club opresor.
La recuperación anímica del jugador es ahora la prioridad para que pueda rendir acorde a las exigencias del club y de Simeone. “Está realmente mal”, llegó a admitir el pasado jueves en Mónaco el antiguo máximo accionista y ahora consejero delegado, Miguel Ángel Gil Marín. Pese a que Julián Alvarez no acudió a entrenarse con el grupo del miércoles al viernes de la semana pasada por una indisposición, los servicios médicos del club ni diagnosticaron ni contemplaron la posibilidad de una baja por depresión. Empleados del Atlético coinciden con Gil Marín al ver al atacante argentino superado por la situación con la que convivía y la tensión acumulada, pero tampoco apreciaron una crisis depresiva.
Durante todo el proceso que ha paralizado la venta del jugador al Barcelona, Gil Marín contó con el respaldo de Apollo. El fondo de inversión estadounidense que ahora posee la mayoría del accionariado del Atlético dio el visto bueno tanto a la tasación de 150 millones de euros que liberaba a Julián Alvarez para fichar por cualquier club si depositaba esa cantidad en una cuenta del Atlético antes del 20 de junio, como a la negativa a vendérselo al Barcelona después de la fecha marcada, incluso en el caso de que finalmente llegara a la cifra estipulada, algo que nunca sucedió. Gil Marín ofreció esa salida al jugador y a su agente una vez que ni siquiera contestaron a la oferta de mejora salarial realizada a comienzos del curso pasado. La propuesta, que igualaba a Julián Alvarez con Oblak (10 millones de euros netos) como jugador mejor pagado del plantel, ni contenía una ampliación de los años, ni una subida de la cláusula de rescisión, fijada en 500 millones de euros.
Las condiciones añadidas, en el caso de que se cumpliera el pacto de abonar 150 millones antes del 20 de junio, era que Julián Alvarez manifestara su intención de marcharse, que no se aceptaba ningún jugador como moneda de cambio para rebajar los 150 millones de euros y que de estos no se descontaría nada para comisiones a agentes o intermediarios. Según el Atlético, el Barcelona solo mandó una oferta de 100 millones de euros, ya pasada la fecha tope del 20 de junio y a pagar en seis plazos anuales de 16,6 millones de euros. La propuesta resultó irrespetuosa para el club rojiblanco. “Nadie vende a su estrella recibiendo solo 16,6 millones de euros como primer pago”, defienden en los despachos del Atlético.
Otra de las consecuencias de la maniobra fallida, una vez que el Arsenal desechó su fichaje tras una conversación de Arteta con Julián Alvarez en la que este le manifestó que quería jugar en el Barcelona, es que permanecerá en el club rojiblanco por el mismo sueldo que antes, unos 7,5 millones netos por temporada.
En el Atlético son conscientes de que pese a la permanencia de Julián Alvarez todo dependerá de su rendimiento y también de que el Barça agitará el fichaje de nuevo en el mercado invernal si el jugador no levanta cabeza. El sábado en San Mamés puede ser su primera oportunidad para empezar a hacerlo.
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