El portaaviones estadounidense George Washington y su grupo de ataque ya han llegado este jueves a Oriente Próximo para relevar al atribulado Abraham Lincoln, que acumula siete meses de servicio en la zona, y del que los familiares de los tripulantes denuncian un grave deterioro en las condiciones sanitarias, alimentarias y de salud mental de sus marineros.
La tripulación acumula siete meses de servicio durante la guerra contra Irán, con denuncias sobre un serio deterioro en sus condiciones sanitarias, de salud mental y de alimentación
El portaaviones estadounidense George Washington y su grupo de ataque ya han llegado este jueves a Oriente Próximo para relevar al atribulado Abraham Lincoln, que acumula siete meses de servicio en la zona, y del que los familiares de los tripulantes denuncian un grave deterioro en las condiciones sanitarias, alimentarias y de salud mental de sus marineros.
En un mensaje en la red social X, el Comando Central de Estados Unidos (Centcom), responsable de las operaciones militares de este país en Oriente Próximo, ha confirmado la llegada del navío. “El grupo de combate del George Washington opera en Oriente Próximo en un despliegue programado, después de haber arribado ayer a la zona de operaciones del Centcom”, ha escrito el mando militar. El texto está acompañado de una fotografía que muestra a marinos estadounidenses trabajando en la pista de despegue del portaaviones.
La semana pasada, la Armada estadounidense anunció que el Lincoln pondría fin a su despliegue y regresaría a Estados Unidos para reparaciones y el descanso de su tripulación. El periplo de ese portaaviones de propulsión nuclear del tipo Nimitz ha sido mucho más largo de lo habitual: el buque zarpó de su base en San Diego, en California, en noviembre del año pasado y quedó desplegado en Asia-Pacífico antes de recibir órdenes de dirigirse al golfo Pérsico.
El barco llegó al golfo de Omán un mes antes de que Estados Unidos e Israel lanzaran los primeros ataques contra Irán el 28 de febrero. Su misión en esa zona ha completado un récord de tiempo de despliegue: 272 días, sin fondear en un puerto más que en dos brevísimas paradas de avituallamiento. Una en diciembre en Guam y otra en Omán en julio.
Además de la duración tan prolongada del despliegue, han pasado factura los daños causados por los ataques iraníes contra la base naval que Estados Unidos mantiene en Baréin, que acoge a la V Flota y es el centro logístico de las fuerzas estadounidenses en el golfo Pérsico.
La semana pasada se filtraron una serie de denuncias sobre las pésimas condiciones a bordo. El larguísimo despliegue había desencadenado problemas de mantenimiento y escasez de alimentos y productos de higiene. La falta de acceso a puerto y la situación de conflicto habían impedido tomar días de descanso.
Varios legisladores de la oposición demócrata expresaron su preocupación por la situación de los cerca de 5.000 tripulantes. El senador Richard Blumenthal llegó a escribir una carta al secretario de Defensa, Pete Hegseth, y al secretario de la Marina, Hung Cao, para pedir explicaciones sobre la escasez de suministros básicos, la contaminación del agua, las complicaciones con los sistemas de desagüe y el deterioro de la salud mental de los militares.
Algunos relatos de familiares, recogidos por las publicaciones militares Stars and Stripes y Navy Times, denunciaban que varios tripulantes habían querido tirarse por la borda para suicidarse, llevados por la desesperación. Tres funcionarios estadounidenses también relataron a la cadena CNN que un marinero cayó por la borda a principios de este mes; fue rescatado en menos de una hora y, al llevar puesto un chaleco salvavidas, no resultó herido. Según las fuentes citadas por el medio estadounidense, la Armada considera el incidente un episodio relacionado con la salud mental.
En un mensaje en redes sociales el viernes pasado, Cao desmintió los problemas recogidos por los medios de comunicación, pero reconoció algunos incidentes: “Se trató de un pequeño número de casos de salud mental, sin que se produjera ninguna pérdida de vidas”. También admitió que hubo que “reajustar” los planes de alimentación “cuando no fue posible reabastecer productos frescos”, pero subrayó que nunca faltó “ni una sola comida”. Y agregó: “Las llamadas a casa se limitaron cuando la amenaza operativa era demasiado alta”.
Tras la llegada del George Washington a Oriente Próximo, el Lincoln podrá finalmente regresar a casa. Pero no ocurrirá de inmediato: el viaje de vuelta es de cerca de 22.000 kilómetros, una distancia que el buque puede tardar en cubrir entre cuatro y cinco semanas.
El Lincoln no es el único portaaviones que ha sufrido problemas debido a su largo despliegue. El Gerald Ford, el mayor del mundo, que también participaba en las operaciones navales en las cercanías de las aguas iraníes, tuvo que dejar el área y emprender rumbo al Mediterráneo para reparaciones de urgencia, después de un serio incendio a bordo que destruyó varios dormitorios de la tripulación y dejó dañados equipos básicos.
El portaaviones George Washington, del tipo Nimitz al igual que el Lincoln, tiene su base permanente en Japón. Es el único portaaviones estadounidense asignado permanentemente a Asia-Pacífico. Pero dadas las exigencias de las rotaciones en la flota de estos barcos —Estados Unidos cuenta con 11 portaaviones nucleares en servicio—, la necesidad de reparaciones y descanso de las tripulaciones en algunos de ellos y la prolongación de la guerra en Irán, el Pentágono ha decidido prescindir de esa protección en las aguas asiáticas de modo temporal.
No es el único activo militar que el Pentágono ha sacado de sus bases en Asia-Pacífico —la zona que durante dos décadas sus estrategas han considerado prioritaria ante el auge militar de China— para utilizarlo en la guerra contra Irán. Una unidad expedicionaria (MEU, por sus siglas en inglés), encabezada por el destructor Trípoli y con una dotación de 2.500 hombres, recibió órdenes de trasladarse a las aguas del golfo de Omán en marzo. El Departamento de Defensa también ha recurrido a sus arsenales asiáticos para reponer munición, interceptores y equipos de defensa antiaérea en el conflicto en el golfo Pérsico.
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