Llueve café sobre la Plaza de España de Sevilla: Juan Luis Guerra pone a bailar a 18.000 personas en el Icónica

El cantante dominicano y su grupo, 4.40, desgranan sus grandes éxitos ante un público entregado Leer El cantante dominicano y su grupo, 4.40, desgranan sus grandes éxitos ante un público entregado Leer  

En la Plaza de España de Sevilla, con más de 30 grados, llovió ayer café, se paseó Rosalía, se cruzó el ‘Niágara en bicicleta’, pero, sobre todo, subió mucho la bilirrubina.

La emblemática plaza diseñada por Aníbal González para la exposición universal de 1929 vibró como pocas noches con el rey del merengue y la bachata, el dominicano Juan Luis Guerra, que colgó el cartel de sold out en elicónica Santalucía Sevilla Fest.

18.000 almas, 18.000 caderas sin parar de moverse al ritmo de las bachatas y los merengues de Juan Luis Guerra y su banda, los 4.40, que electrizaron a un público entregado. Bailaban, cantaban y grababan (móviles siempre listos) los grandes éxitos, que no son pocos en una carrera que se acerca al medio siglo pero que no acusa desgaste.

Juan Luis Guerra interpretó más de una veintena de temas. Desde su Rosalía hasta el Ojalá que llueva… pasando El farolito o Como abeja al panal.

Cantó el dominicano al amor. Le rezó a su forma a Dios (religioso hasta la médula) y puso voz a los grandes problemas y desigualdades que, hoy más que nunca, siguen vigentes.

La pobreza, el reparto desigual de la riqueza y las diferencias entre norte y sur. El costó de la vida resonó en la Plaza de España como una denuncia del mundo más contemporáneo. No faltó la inmigración en el repertorio de una noche latina en la que Sevilla se reencontró con su pasado iberoamericano.

Visa para un sueño removió conciencias y evocó las fronteras cada vez más altas que se levantan en Estados Unidos y la caza al inmigrante que promueve Donald Trump. Y con Niágara sonó la denuncia de las carencias sanitarias en los países menos desarrollados, pero también el deterioro de los sistemas públicos en el llamado primer mundo.

El corazón de la Sevilla del 29 se convirtió en un mapamundi de Iberoamérica. Dominicanos, por supuesto, colombianos, cubanos, ecuatorianos, nicaragenses, salvadoreños, chilenos… y venezolanos se mezclaron al son de Juan Luis Guerra y 4.40.

A los venezolanos y a Venezuela le dedicó el cantante palabras de apoyo tras los terremotos que han asolado el país, especialmente La Guaira. «Que Dios bendiga a Venezuela», pidió Juan Luis Guerra en una de las escasas ocasiones en las que paró la música.

Quiso irse con Las avispas, tras 19 temas encadenados, pero el público de Sevilla no se lo puso fácil y llegó entonces el culmen, con miles de personas cantando y bailando al unísono. A pedir su mano, Bachata rosa y, sobre todo y por encima de todo, La bilirrubina, que desató los pies más reacios y dio una clase de salsa en menos de cinco minutos.

Juan Luis Guerra, que no venía a Sevilla desde 2017, le dio las gracias a Sevilla y dejó, cuando ya se había marchado del escenario, el eco de su música en las históricas torres de la Plaza de España… y, desde anoche, de la República Dominicana.

‘Soplando’ fue el primer álbum que salió al mercado, en 1984, y entonces describía su música como «una fusión de merengue tradicional con jazz unido a una vocalización al estilo del grupo vocal estadounidense Manhattan Transfer.»

El éxito internacional llegó pronto. En 1989 produce su álbum ‘Ojalá que Llueva Café’, con una gran carga social y romántica que fue el inicio de su consagración internacional, con números uno en muchos países de Iberoamérica.

En 1990 llegó ‘Bachata Rosa’ del que vendió más de nueve millones de copias, pero que, sobre todo, le valió su primer premio Grammy. El primero muchos, porque acumula 31 Grammy latinos, tres estadounidenses y once Latin Billboard.

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