Marruecos exhibe su máxima fuerza como guardián de la frontera ceutí

Marruecos ha exhibido este sábado la máxima fortaleza política y de seguridad como guardián último de la frontera de Ceuta. En una demostración inequívoca de quién ejerce el control total sobre el último mojón de la Unión Europea en África, las autoridades de Rabat han sellado la frontera exterior con un despliegue policial sin precedentes para frustrar el paso de cientos de migrantes subsaharianos y algunas decenas de magrebíes. Habían sido convocados desde las redes sociales para repetir la avalancha que el 30 y el 31 de julio desbordó con hasta 80.000 migrantes el territorio de la ciudad autónoma española ante la pasividad de los agentes marroquíes.

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Despliegue de fuerzas de seguridad de Marruecos en la operación contra los migrantes subsaharianos, en Castillejos.Valla de Melilla desde el lado español. Rabat demuestra que tiene capacidad suficiente para frenar el acceso de inmigrantes a Europa. Los afectados suplican: “Dejadnos entrar en Ceuta”  

Marruecos ha exhibido este sábado la máxima fortaleza política y de seguridad como guardián último de la frontera de Ceuta. En una demostración inequívoca de quién ejerce el control total sobre el último mojón de la Unión Europea en África, las autoridades de Rabat han sellado la frontera exterior con un despliegue policial sin precedentes para frustrar el paso de cientos de migrantes subsaharianos y algunas decenas de magrebíes. Habían sido convocados desde las redes sociales para repetir la avalancha que el 30 y el 31 de julio desbordó con hasta 80.000 migrantes el territorio de la ciudad autónoma española ante la pasividad de los agentes marroquíes.

Como en una batalla decimonónica, las fuerzas de seguridad se habían desplegado en gran número, encuadradas por sectores como legionarios romanos al pie de una vaguada. En los altos de una ladera que separa los bosques de la frontera de Ceuta con el barrio periférico de La Cerámica, en el confín de Castillejos más próximo a la ciudad autónoma.

De acuerdo con un comunicado de la prefectura de Tetuán, de la que depende Castillejos, el número de migrantes en situación irregular detenidos en la ciudad de Fnideq y sus alrededores alcanzó los 294 hasta primera hora de la tarde del sábado, cuando cesaron los enfrentamientos en las afueras de la ciudad fronteriza. La mayoría de los detenidos son migrantes subsaharianos (248), aunque también fueron interceptados 46 ciudadanos marroquíes, argelinos y mauritanos.

Estas cifras son provisionales, precisó el comunicado sin ofrecer detalles sobre posibles bajas. La mayoría de los detenidos fueron trasladados forzosamente en autobuses fletados por las autoridades a ciudades alejadas del sur del país magrebí, como Uazarzate, a más de 800 kilómetros de Ceuta.

Tras mantener una guerra de posiciones desde el amanecer hasta primera hora de la tarde, unidades antidisturbios de las Fuerzas Auxiliares (parapoliciales) cargaron en formación para hacer retroceder las líneas de migrantes subsaharianos y magrebíes con gases lacrimógenos. Intentaron prender fuego al monte para cubrir su retirada, pero el acoso de un helicóptero y varios drones de la Gendarmería les puso en desbandada a tres kilómetros de la valla fronteriza, atemorizados por los ladridos de los perros de la policía.

Tras la batalla campal de la vaguada de la Cerámica, en el límite urbano de Castillejos, los subsaharianos que escaparon al cerco policial de miles de agentes desfilaban derrotados en dirección a los bosques de Belyunes, una ciudad costera al oeste de Ceuta. Desde el aire, un helicóptero de la Gendarmería vigilaba sus pasos, sin que los africanos negros se sintieran perseguidos por tierra. A la sombra de un árbol del barrio rural de Bnin Salah, tres hombres jóvenes se resguardaban del sol, visiblemente agotados tras los choques con las fuerzas de seguridad.

“Mi sueño era llegar a Ceuta, como fuera”, reconocía sombrío Alí Kuné, de 28 años, un albañil del norte de Chad que hace dos semanas se obsesionó con las imágenes de la exitosa avalancha de decenas de miles de subsaharianos. Dejó a su mujer y a sus dos hijos de corta edad en el Sahel y atravesó en pocos días Libia y Argelia hasta internarse en Marruecos hace escasos días. “En los campamentos de los bosques nos hemos refugiado unos 400 africanos”, explicaba. “Nuestra única esperanza es llegar a Europa. ¡Dejadnos entrar en Ceuta!”, suplicaba. A su lado, el nigeriano Amadou al Mayar, de 15 años, parecía infinitamente agotado tras estrellarse contra la barrera policial marroquí de Castillejos. Por el camino, dos jóvenes subsaharianos enmascarados se dirigían hacia la valla fronteriza provistos de ganchos para escalar las alambradas marroquíes y españolas que dividen el Norte y el Sur globales. Más entero, el marroquí Abdulá al Beij, de 24 años, renegaba de su pasado en la ciudad de Beni Melal, del interior del país magrebí. Enfundado en una chilaba que alguna vez fue azul, desafiaba a su propio destino: “Aquí no tengo futuro. Me marcho con mis hermanos africanos para volver a intentar saltar la valla de Melilla. No tengo nada que perder”.

Melilla también aguardaba este sábado con inquietud una posible entrada, que tampoco se produjo. La ciudad, de 86.780 habitantes, amaneció en calma mientras la Guardia Civil mantenía su presencia en varios puntos de los cerca de 12 kilómetros de perímetro fronterizo, especialmente en el entorno del Dique Sur, por donde el pasado 31 de julio consiguió entrar buena parte de un contingente de más de 1.300 personas, una irrupción muy inferior a la registrada al mismo tiempo en Ceuta.

Al otro lado de la frontera, Marruecos había preparado un dispositivo mucho mayor. En Beni Enzar, junto al único paso del país magrebí hacia Melilla, varias decenas de militares y policías ocupaban la margen de la avenida que desemboca en España: alrededor de 60 o 70 efectivos, según una estimación visual sobre el terreno, buena parte con uniformes de camuflaje. Bajo varias jaimas (una especie de tiendas de campaña), permanecían unos 50 catres en los que habían pasado la noche y, perfectamente ordenados en el suelo, se acumulaban decenas de escudos semicirculares y cascos con rejilla de protección para actuaciones antidisturbios.

Marruecos ha vuelto a demostrar este sábado que tiene capacidad para controlar con firmeza tanto la frontera terrestre como la marítima con España, hasta el punto de impedir que ningún migrante se acercase a El Tarajal. Nadie pudo aproximarse a la barrera flotante de 500 metros que instaló España dos días después para dar cobertura legal a las futuras devoluciones en caliente de los que intenten entrar por el mar, en aplicación de la sentencia del Tribunal Supremo. Tampoco a las vallas recién coronadas de espirales de concertinas con púas de alambre y cuchillas de acero en la verja marroquí de Fnideq, (Castillejos, en la denominación colonial española).

Testigo lejano de la batalla campal

El llamamiento en redes sociales de las últimas semanas para intentar un nuevo salto masivo a la ciudad autónoma se quedó en nada en el lado español de la frontera. En esta ocasión, las fuerzas de seguridad fueron testigo lejano de la batalla librada en una campa de Castillejos. En Ceuta había este sábado 880 policías nacionales y 714 guardias civiles, como detalló el jueves pasado el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que contaban además con el apoyo de 2.000 militares. En total, cerca de 3.600 efectivos, de los que solo una pequeña parte estuvo durante la jornada en la frontera.

Hasta el 30 de julio, la vigilancia permanente del vallado en Ceuta descansaba sobre 60 efectivos de la Agrupación de Reserva y Seguridad (ARS) y seis embarcaciones de la Guardia Civil. Fue este dispositivo el que aquel día fue rápidamente desbordado por la entrada masiva de migrantes. Este sábado, en el que la tranquilidad ha sido la constante, hubiera sido suficiente.

Fuentes policiales insisten en que lo ocurrido este sábado confirma la lectura que desde hace tiempo hacen sobre el papel clave de Marruecos para que la avalancha registrada en Ceuta el 30 de julio no vuelva a ocurrir. Aquel día, las fuerzas de seguridad marroquíes se inhibieron ante el paso de decenas de miles de migrantes irregulares —más de 80.000 según las últimas estimaciones— hacia la ciudad autónoma. “Ahora se han empleado a fondo y no ha llegado ninguno. Esto demuestra que Rabat, cuando quiere, cierra el paso a los inmigrantes irregulares que intentan llegar a la frontera”, recalca un alto mando policial.

Este cambio se produce después de más de dos semanas de escaramuzas diplomáticas soterradas entre ambos países, en las que no han faltado nuevas reclamaciones de soberanía sobre Ceuta y Melilla, amagos de suspender el convenio de extradición o acusaciones de malos tratos de las Fuerzas de Seguridad del Estado a migrantes, incluidos menores, por parte de un organismo público.

En frente, salvo la ministra de Defensa, Margarita Robles, los ministros del PSOE se han esforzado en templar la relación entre ambos gobiernos. Grande-Marlaska ha sido el que más esfuerzos ha hecho en este sentido, tanto de modo discreto con su homónimo marroquí, Abdeluafi Laftit, como con sus declaraciones públicas. El titular de Interior ha rechazado de manera insistente responsabilizar de lo ocurrido a Marruecos o hacer cualquier gesto que pudiera molestar a sus autoridades. Para ello, ha insistido una y otra vez en que la colaboración con el país magrebí es “extraordinaria, excepcional”. El jueves, aseguraba que esa ayuda ―que desde el socio de Gobierno, Sumar, y la oposición se ha puesto en duda de manera reiterada― es la que permitió que “más del 90%” de los que entraron irregularmente en Ceuta aquella jornada regresaran a Marruecos en las siguientes 24 horas.

No obstante, fuentes policiales recuerdan que, aunque se haya superado sin problemas el riesgo de entrada masiva de este 15 de agosto, la crisis no ha terminado. El propio Grande-Marlaska reconoció el jueves que Ceuta aún tardará en recuperar la normalidad anterior al 30 de julio. Quedan los campamentos improvisados, los más de 80 cadáveres que esperan en la morgue (que se suman a los otros 64 contabilizados por las ONG marroquíes en su lado de la frontera) y, sobre todo, los al menos 5.000 irregulares —9.000 según el ejecutivo de Juan José Vivas—, que siguen en la ciudad más de dos semanas después.

El ministro Grande-Marlaska ha enviado un mensaje que intenta tranquilizar a la población ceutí de que “el que esté en situación de irregularidad va a ser devuelto a la mayor brevedad”. Sin embargo, esas expulsiones llevarán aún tiempo. El motivo: los que entraron y aún permanecen en la ciudad ya no se les puede aplicar la devolución en caliente porque esta solo es posible en los instantes inmediatamente posteriores al acceso tras haber superado los “elementos de contención”.

Por ello, la Policía Nacional ha iniciado un proceso individualizado para cada inmigrante que incluya su identificación (muchos llegan sin pasaporte) y la apertura de un expediente con todas las garantías legales para poder proceder a su expulsión. Con ese objetivo, Interior ha enviado a Ceuta a 26 expertos policiales para agilizar el proceso. Más compleja es la posibilidad de retornar a los 1.898 menores no acompañados que llegaron y que ya han sido filiados. En estos casos se exige la elaboración de informes por parte de Marruecos para determinar sus circunstancias familiares y la necesidad de un informe fiscal avalando las actuaciones.

Rabat expulsa a Efe y RTVE de Castillejos

En pleno fragor de la batalla migratoria de Castillejos, mucho menos sangrienta que la operación colonial librada por el general español Juan Prim en 1860, Marruecos ha expulsado a los periodistas de la agencia Efe y RTVE que cubrían la información sobre el terreno. Un representante del Ministerio del Interior marroquí ha ordenado a los reporteros de ambos medios españoles que abandonasen la ciudad fronteriza. Según ha publicado la propia Agencia Efe, los periodistas expulsados cubrían una carga de las fuerzas antidisturbios marroquíes para dispersar, “mediante el uso de gases lacrimógenos y porras”, a centenares de migrantes, en su mayoría subsaharianos, que trataban de aproximarse a la frontera. El Gobierno de España, que ha defendido la libertad de prensa “en todo momento y en todas las partes del mundo”, ha señalado que está buscando una solución para los periodistas.

Fuentes del Ejecutivo han asegurado que la Embajada española en Rabat está en contacto permanente con los periodistas afectados y con las autoridades marroquíes. Los reporteros de RTVE que se habían instalado en Tetuán fueron expulsados de nuevo por las autoridades marroquíes, quienes a última hora de esta noche han ordenado a los corresponsales volver a Rabat.

La agencia española ha informado sobre las 15.50 de este sábado que, durante una cobertura en Castillejos, el máximo representante local del Ministerio del Interior, Youssef Hajji, había comunicado al corresponsal de Efe que debía abandonar inmediatamente la localidad. Según el teletipo, el funcionario marroquí no ofreció explicaciones sobre los motivos de la decisión y se limitó a señalar que estaba “cumpliendo instrucciones”.

Hajji advirtió a los corresponsales de que sus acreditaciones profesionales y equipos de trabajo podrían ser retirados si no abandonaban Castillejos. La agencia española se puso en contacto con el Ministerio del Interior marroquí y con el director de Comunicación del Ministerio de Juventud, Cultura y Comunicación, quien aseguró que trataba de esclarecer la situación.

Los hoteles en los que se encontraban alojados los periodistas les comunicaron que habían recibido órdenes de las autoridades locales para que dejaran de inmediato los establecimientos. Ante esta medida adoptada por Marruecos, la Agencia Efe y RTVE han defendido el derecho a la libertad de información en el ejercicio del periodismo en su cobertura en este país.

Con información de José M. Abad Liñán (Beni Enzar)y Virginia Martínez (Ceuta).

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