Es una comedia, pero sus primeros segundos le pueden congelar a uno la sonrisa. Los adictos a Larry David, huérfanos de su humor desde que Curb Your Enthusiasm terminara en marzo de 2024, venimos de recibir una primera dosis de metadona, pues se acaba de estrenar Vida, Larry David y la búsqueda de la infelicidad (HBO Max), una serie de sketches producida por Higher Ground, la compañía de los Obama, y creada y protagonizada por él mismo, con la percha de los 250 años de la declaración de independencia norteamericana. El comienzo de la serie puede resultar escalofriante, digo, porque uno ve a Obama hacer la introducción del proyecto y, sin pretender elevarlo a los altares, las comparaciones con el actual inquilino de la Casa Blanca —y, por supuesto, con las celebraciones que está preparando para conmemorar este cuarto de milenio, a la bajura del personaje— resultan, no tanto odiosas, como dicta el lugar común, sino desoladoras. Salir de la ficción, en general, tiene sus riesgos: en Curb Your Enthusiasm nos reíamos con el personaje de Cheryl Hines y fuera de la ficción ya no hace tanta gracia que sea la devota esposa de Robert F. Kennedy Jr.
La mezquindad de David trasladada a los personajes y acontecimientos históricos más célebres resulta, no ya más divertida, que también, sino mucho más llevadera que la realidad a la que estamos asistiendo fuera de la ficción
Es una comedia, pero sus primeros segundos le pueden congelar a uno la sonrisa. Los adictos a Larry David, huérfanos de su humor desde que Curb Your Enthusiasm terminara en marzo de 2024, venimos de recibir una primera dosis de metadona, pues se acaba de estrenar Vida, Larry David y la búsqueda de la infelicidad (HBO Max), una serie de sketches producida por Higher Ground, la compañía de los Obama, y creada y protagonizada por él mismo, con la percha de los 250 años de la declaración de independencia norteamericana. El comienzo de la serie puede resultar escalofriante, digo, porque uno ve a Obama hacer la introducción del proyecto y, sin pretender elevarlo a los altares, las comparaciones con el actual inquilino de la Casa Blanca —y, por supuesto, con las celebraciones que está preparando para conmemorar este cuarto de milenio, a la bajura del personaje— resultan, no tanto odiosas, como dicta el lugar común, sino desoladoras. Salir de la ficción, en general, tiene sus riesgos: en Curb Your Enthusiasm nos reíamos con el personaje de Cheryl Hines y fuera de la ficción ya no hace tanta gracia que sea la devota esposa de Robert F. Kennedy Jr.
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