Les he dicho a mis amistades que, si muero en alguna circunstancia noticiable, cuenten al medio que se tercie que no era demasiado agradable, tampoco alegre y extrovertida ni muy trabajadora, lo justo. Sería un perfil tan real como inusual. Siempre que fallece alguien, es la mejor persona, un pilar de la sociedad al que todos lloran, así su relación con el finado se limite a que un día se lo cruzaron en Simago. Echen un vistazo a la prensa local; no falla, tras cada tragedia llegan los testimonios plagados de lugares comunes que corroboran que en España se entierra muy bien y que “siempre se van los mejores”. Aunque es estadísticamente imposible que todos los muertos sean un dechado de virtudes. No puede ser que los que escuchan música sin auriculares en el transporte público o los que tiran el cartón en el cubo del plástico sean inmortales. Por no hablar de los criminales. Claro que siempre hay alguien que te quiere por miserable que seas. La infanticida Ana Julia Quezada encontró novia desde la cárcel, también el rey del cachopo, que asesinó y descuartizó a su anterior pareja. ¿En qué piensa esa gente?
Famosos despidiendo a famosos o solidarizándose con alguno de sus dramas es un clásico de los medios porque una lágrima de ‘celebrity’ computa como un océano de llanto anónimo. Ellos lo saben y salen a las redes a echar el resto
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado
Famosos despidiendo a famosos o solidarizándose con alguno de sus dramas es un clásico de los medios porque una lágrima de ‘celebrity’ computa como un océano de llanto anónimo. Ellos lo saben y salen a las redes a echar el resto


Les he dicho a mis amistades que, si muero en alguna circunstancia noticiable, cuenten al medio que se tercie que no era demasiado agradable, tampoco alegre y extrovertida ni muy trabajadora, lo justo. Sería un perfil tan real como inusual. Siempre que fallece alguien, es la mejor persona, un pilar de la sociedad al que todos lloran, así su relación con el finado se limite a que un día se lo cruzaron en Simago. Echen un vistazo a la prensa local; no falla, tras cada tragedia llegan los testimonios plagados de lugares comunes que corroboran que en España se entierra muy bien y que “siempre se van los mejores”. Aunque es estadísticamente imposible que todos los muertos sean un dechado de virtudes. No puede ser que los que escuchan música sin auriculares en el transporte público o los que tiran el cartón en el cubo del plástico sean inmortales. Por no hablar de los criminales. Claro que siempre hay alguien que te quiere por miserable que seas. La infanticida Ana Julia Quezada encontró novia desde la cárcel, también el rey del cachopo, que asesinó y descuartizó a su anterior pareja. ¿En qué piensa esa gente?
Es aún más exagerado cuando se trata de una celebridad. Famosos despidiendo a famosos o solidarizándose con sus dramas es un clásico de los medios porque una lágrima de celebrity computa como un océano de llanto anónimo. Ellos lo saben y saltan a las redes a echar el resto. Hay que significarse, aunque a veces traiga problemas como a Jared Padalecki, uno de los protagonistas de Supernatural, que al enterarse de la hospitalización del bloguero Perez Hilton tras una crisis mental durante un directo, le escribió un mensaje sentidísimo. Acabó borrándolo después de que le recordasen que Hilton había conseguido su fama siendo cruel y humillando no solo a celebridades adultas, sino también a niños. Un pionero en convertir internet en una ciénaga. Un mal bicho, un mal bicho enfermo, pero un mal bicho. Padalecki reculó y admitió que no lo conocía mucho, ni de oídas, por lo que se ve, pero leyó su nombre en las tendencias y se subió al carro. Se lo afearon las patrullas ciudadanas de la red, siempre alerta, y también las víctimas de sus vejaciones.
Una anécdota que plantea una pregunta interesante: ¿merece compasión alguien que nunca ha sido compasivo? Espero que la hayan leído con voz de Carrie Bradshaw ante una duda existencial porque así la he escrito. También sirve para recordarnos que entre el escarnio y la loa hay un camino muy poco transitado: el silencio.
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos
Archivado En
Televisión en EL PAÍS
