Trump despide la campaña con una extraña defensa de su reparación del estanque del monumento a Lincoln

Fue el enésimo momento del segundo mandato de Donald Trump para frotarse los ojos. El presidente de Estados Unidos escogió este lunes el monumento a uno de sus más ilustres predecesores, Abraham Lincoln, para enviar desde Washington el último mensaje de su extravagante campaña de las elecciones legislativas de medio mandato. Centrado casi exclusivamente en las reparaciones del estanque que se despliega a los pies de la estatua sedente del decimosexto presidente, resultó un estrambótico modo de dejar vistas para sentencia las midterms, que se celebran este martes y que pintan mal para los suyos.

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 El presidente de Estados Unidos ignora en víspera de las ‘midterms’ las preocupaciones de los votantes y vuelve sobre su obsesión por dejar huella en Washington  

Fue el enésimo momento del segundo mandato de Donald Trump para frotarse los ojos. El presidente de Estados Unidos escogió este lunes el monumento a uno de sus más ilustres predecesores, Abraham Lincoln, para enviar desde Washington el último mensaje de su extravagante campaña de las elecciones legislativas de medio mandato. Centrado casi exclusivamente en las reparaciones del estanque que se despliega a los pies la estatua sedente del decimosexto presidente, resultó un estrambótico modo de dejar vistas para sentencia las midterms, que se celebran este martes y que pintan mal para los suyos.

No parece el supuesto éxito de la remodelación de esa piscina reflectante, un éxito que la realidad ha desmentido una y otra vez, lo que más preocupa a los millones de estadounidenses llamados a las urnas en víspera de la gran cita. Las encuestas indican que no son las “fugas del estanque”, el “vandalismo” que en teoría ha sufrido tras su remodelación o el presunto “color suave azul oscuro” de su agua lo que inquieta a los votantes. No puede serlo cuando la impopularidad presidencial está en mínimos históricos, la inflación complica la vida de los estadounidenses, la guerra en Irán ha disparado el precio de la gasolina y la agenda migratoria ha contribuido a crear un ambiente de terror en ciudades de todo el país.

Pero a Trump todo eso le da igual. Con tono desganado y tocado por una gorra blanca con las siglas USA, el presidente recurrió a una colección de fotos ampliadas para probar el éxito de su remodelación con el monolito de homenaje a George Washington, otro hito del National Mall, de fondo.

El monumento a Lincoln es un lugar de ecos históricos; el sitio en el que Martin Luther King le dijo al mundo que tenía un sueño o el de la Marcha del Millón de Hombres. Pero en el último año, se ha convertido en un tributo a la megalomanía del actual presidente y a lo lejos que este puede llevar sus obsesiones.

Al verlo desplegar su inconfundible verborrea, cuajada de mentiras, exageraciones y ataques a sus predecesores, Barack Obama y Joe Biden, la memoria trajo de vuelta, más que hitos de la conquista de los derechos civiles, el recuerdo de aquel grupo de violentos luchadores de artes marciales mixtas que dio a principios de julio y en esas mismas escaleras una conferencia de prensa antes de la pelea en la Casa Blanca con la que esta Administración celebró el 250.º aniversario de la Declaración de Independencia.

Pero, sobre todo, resucitó la polémica por la reparación de la piscina reflectante, empezada hace seis meses y rápidamente naufragada en las aguas del escándalo. Cualquier otro presidente habría evitado esa asociación con el fracaso pocas horas antes de que abran los colegios electorales. Pero Trump no es cualquier otro presidente, sino alguien orgulloso de la instalación de “tuberías totalmente nuevas” y por los detalles de los trabajos de sellado y pintura.

La controversia sobre esa chapucera reparación protagonizó la primavera en Washington en un tira y afloja por la fijación del inquilino de la Casa Blanca, con su pasado de constructor, por dejar su huella en la capital. Los problemas del estanque datan desde el momento de su inauguración, hace más de un siglo, y Trump prometió que los arreglaría dotando al agua de un color azul brillante para comprobar al poco de la reapertura de la piscina que esta lucía el mismo verde de siempre.

El acto electoral de este lunes puso fin a una desenfrenada gira de mítines: 28 en el último mes, repartidos por nueve estados republicanos. Ya solo escoger Washington y no en un distrito disputado para cerrar el tour, independientemente de hacerlo ante ese estanque, hizo que la idea se sumara a la lista de incomprensibles decisiones de Trump durante esta campaña que encabeza la insistente petición de este a los votantes de que hagan como si él estuviera en la papeleta.

Si los electores le toman la palabra, el riesgo es alto para los candidatos republicanos (435 a la Cámara de Representantes y 35 al Senado). Pese a lo que habría recomendado la cautela, y lejos de hacerse a un lado, Trump ha decidido colocarse en el centro de unas midterms en las que el partido en el poder acaricia un dudoso récord: perder las dos cámaras.

Solo hay seis precedentes de algo así. Primero fue, en 1894, con Grover Cleveland de presidente, el único que, antes que Trump, lo ha sido en dos mandatos no consecutivos. Las otras veces fueron en 1918, al final de la Primera Guerra Mundial; en 1946, después de la Segunda; en 1954, tras la de Corea; en 1994, una vez terminada la Guerra Fría, y en 2006, con la paciencia de los estadounidenses al límite con la de Irak.

En el último día de la campaña, Trump pareció menos preocupado por esos precedentes que por tener la razón en su intento de cimentar su legado como arquitecto en jefe de la ciudad de Washington y principal promotor del estilo neoclásico (especialmente, corintio) que como el líder de la primera potencia mundial.

“El estanque reflectante ha quedado estupendo”, insistió una vez más hacia el final de una intervención de 35 minutos en la que también aprovechó para repetir los insultos xenófobos a Abdul El Sayed, que aspira a convertirse en representación de Míchigan en el primer senador musulmán de la historia del Capitolio y para vender los supuestos logros de su Administración en el combate del crimen o en el cierre de la frontera con México.

Este martes, y si Trump y sus aliados aceptan los resultados, el presidente se dispone a comprobar hasta dónde llega la disonancia entre sus obsesiones y el día a día de un electorado llamado a las urnas para emitir un veredicto sobre su mandato.

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