El nacionalismo catalán sigue caracterizándose por el vuelo gallináceo. Me explico. El Papa León XIV visita Barcelona y el nacionalismo catalán se pone en formación: banderas esteladas, silbidos de protesta, que el Papa hable en catalán y no solo durante el inicio de la ceremonia y que la bendición de la Torre de Jesucristo sea únicamente en catalán. ¿Por qué? Anoten: porque están defendiendo su lengua como haría cualquier otra nación, porque Antoni Gaudí era catalanista y hablaba catalán, porque de no hablar en catalán Antoni Gaudí se removerá en la tumba, porque en la Sagrada Familia el catalán ha de ser el hilo conductor. ¡Válgame Dios!, nunca mejor dicho. En el ruedo de la reivindicación no podían faltar primeras espadas -de Jordi Pujol a Pere Aragonès pasando por Josep Rull, Oriol Junqueras, Carme Forcadell, Laura Borràs, Òmnium Cultural o el Barça entre otros: la flor y nata del país- que publican en la prensa catalana un manifiesto, o agravio, o reivindicación, o anuncio, o pataleta en que invitan a León XIV a «orar» en catalán. La coacción e inmersión lingüísticas siguen ahí.Noticia relacionada general No No Nogueras hace independentismo ante el Papa: «Like Gaudí, i am Catalan. My Nation» Joan GuiradoA la Selección Nacionalista del Victimismo -siempre con el Var en el bolsillo- hay que añadir a Carles Puigdemont: «Que vergüenza, que insulto a todo un país y la memoria de Antoni Gaudí. Si finalmente eso es así, se retornaría al nacionalcatolicismo…que decepción ver que la iglesia se pone al lado de la lengua del poder y nos menosprecia… que se vean las esteladas y se escuchen las voces y los silbidos de protesta contra el renacimiento del catolicismo franquista, opresor de minorías y cómplice de crímenes contra humanidad. El catalán es la lengua propia de Cataluña, sin la cual no se explica Gaudí». Todo ello, acompañado de una caricatura de mal gusto. Un crack.La visita del Papa a Barcelona nos brinda un cuadro en que se retrata fielmente el qué y el quién del nacionalismo catalán: supremacismo, integrismo, arrogancia, oportunismo, chantaje, mala educación, escrache, antipatía y, también, el lloriqueo mal disimulado. El vuelo gallináceo sigue ahí, aunque ellos crean que pueden llegar más alto que cualquiera. Marca de la casa.Un detalle que llama la atención: mientras la izquierda atea de Pedro Sánchez intenta capitalizar el discurso del Papa, el nacionalismo catalán -de raíz y cuño eclesiásticos: de Josep Torras i Bages a Oriol Junqueras- se empeña en amonestar al Sumo Pontífice. Una variante de la multa lingüística. Desconozco si León XIV ha leído ensayos sobre el nacionalismo, pero acierta cuando en su primera intervención una vez llegado a España afirma que «Hay que huir de enfoques identitarios que parecen arreglarlo todo, pero llenan el mundo de fantasmas y enemigos». Quizá por eso -más allá de la obsesión enfermiza de la lengua-, León XIV no agrada al nacionalismo catalán. Además -por si fuera poco- el Papa es del Real Madrid, que también es más que un club.Mientras tanto, Salvador Illa y el camarada Pedro Sánchez están de fiesta -de hecho, una exhibición y nada más- en la zona VIP del Primavera Sound de Barcelona. El nacionalismo catalán sigue caracterizándose por el vuelo gallináceo. Me explico. El Papa León XIV visita Barcelona y el nacionalismo catalán se pone en formación: banderas esteladas, silbidos de protesta, que el Papa hable en catalán y no solo durante el inicio de la ceremonia y que la bendición de la Torre de Jesucristo sea únicamente en catalán. ¿Por qué? Anoten: porque están defendiendo su lengua como haría cualquier otra nación, porque Antoni Gaudí era catalanista y hablaba catalán, porque de no hablar en catalán Antoni Gaudí se removerá en la tumba, porque en la Sagrada Familia el catalán ha de ser el hilo conductor. ¡Válgame Dios!, nunca mejor dicho. En el ruedo de la reivindicación no podían faltar primeras espadas -de Jordi Pujol a Pere Aragonès pasando por Josep Rull, Oriol Junqueras, Carme Forcadell, Laura Borràs, Òmnium Cultural o el Barça entre otros: la flor y nata del país- que publican en la prensa catalana un manifiesto, o agravio, o reivindicación, o anuncio, o pataleta en que invitan a León XIV a «orar» en catalán. La coacción e inmersión lingüísticas siguen ahí.Noticia relacionada general No No Nogueras hace independentismo ante el Papa: «Like Gaudí, i am Catalan. My Nation» Joan GuiradoA la Selección Nacionalista del Victimismo -siempre con el Var en el bolsillo- hay que añadir a Carles Puigdemont: «Que vergüenza, que insulto a todo un país y la memoria de Antoni Gaudí. Si finalmente eso es así, se retornaría al nacionalcatolicismo…que decepción ver que la iglesia se pone al lado de la lengua del poder y nos menosprecia… que se vean las esteladas y se escuchen las voces y los silbidos de protesta contra el renacimiento del catolicismo franquista, opresor de minorías y cómplice de crímenes contra humanidad. El catalán es la lengua propia de Cataluña, sin la cual no se explica Gaudí». Todo ello, acompañado de una caricatura de mal gusto. Un crack.La visita del Papa a Barcelona nos brinda un cuadro en que se retrata fielmente el qué y el quién del nacionalismo catalán: supremacismo, integrismo, arrogancia, oportunismo, chantaje, mala educación, escrache, antipatía y, también, el lloriqueo mal disimulado. El vuelo gallináceo sigue ahí, aunque ellos crean que pueden llegar más alto que cualquiera. Marca de la casa.Un detalle que llama la atención: mientras la izquierda atea de Pedro Sánchez intenta capitalizar el discurso del Papa, el nacionalismo catalán -de raíz y cuño eclesiásticos: de Josep Torras i Bages a Oriol Junqueras- se empeña en amonestar al Sumo Pontífice. Una variante de la multa lingüística. Desconozco si León XIV ha leído ensayos sobre el nacionalismo, pero acierta cuando en su primera intervención una vez llegado a España afirma que «Hay que huir de enfoques identitarios que parecen arreglarlo todo, pero llenan el mundo de fantasmas y enemigos». Quizá por eso -más allá de la obsesión enfermiza de la lengua-, León XIV no agrada al nacionalismo catalán. Además -por si fuera poco- el Papa es del Real Madrid, que también es más que un club.Mientras tanto, Salvador Illa y el camarada Pedro Sánchez están de fiesta -de hecho, una exhibición y nada más- en la zona VIP del Primavera Sound de Barcelona.
El nacionalismo catalán sigue caracterizándose por el vuelo gallináceo. Me explico.
El Papa León XIV visita Barcelona y el nacionalismo catalán se pone en formación: banderas esteladas, silbidos de protesta, que el Papa hable en catalán y no solo durante el inicio de la ceremonia … y que la bendición de la Torre de Jesucristo sea únicamente en catalán. ¿Por qué? Anoten: porque están defendiendo su lengua como haría cualquier otra nación, porque Antoni Gaudí era catalanista y hablaba catalán, porque de no hablar en catalán Antoni Gaudí se removerá en la tumba, porque en la Sagrada Familia el catalán ha de ser el hilo conductor. ¡Válgame Dios!, nunca mejor dicho.
En el ruedo de la reivindicación no podían faltar primeras espadas -de Jordi Pujol a Pere Aragonès pasando por Josep Rull, Oriol Junqueras, Carme Forcadell, Laura Borràs, Òmnium Cultural o el Barça entre otros: la flor y nata del país- que publican en la prensa catalana un manifiesto, o agravio, o reivindicación, o anuncio, o pataleta en que invitan a León XIV a «orar» en catalán. La coacción e inmersión lingüísticas siguen ahí.
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A la Selección Nacionalista del Victimismo -siempre con el Var en el bolsillo- hay que añadir a Carles Puigdemont: «Que vergüenza, que insulto a todo un país y la memoria de Antoni Gaudí. Si finalmente eso es así, se retornaría al nacionalcatolicismo…que decepción ver que la iglesia se pone al lado de la lengua del poder y nos menosprecia… que se vean las esteladas y se escuchen las voces y los silbidos de protesta contra el renacimiento del catolicismo franquista, opresor de minorías y cómplice de crímenes contra humanidad. El catalán es la lengua propia de Cataluña, sin la cual no se explica Gaudí». Todo ello, acompañado de una caricatura de mal gusto. Un crack.
La visita del Papa a Barcelona nos brinda un cuadro en que se retrata fielmente el qué y el quién del nacionalismo catalán: supremacismo, integrismo, arrogancia, oportunismo, chantaje, mala educación, escrache, antipatía y, también, el lloriqueo mal disimulado. El vuelo gallináceo sigue ahí, aunque ellos crean que pueden llegar más alto que cualquiera. Marca de la casa.
Un detalle que llama la atención: mientras la izquierda atea de Pedro Sánchez intenta capitalizar el discurso del Papa, el nacionalismo catalán -de raíz y cuño eclesiásticos: de Josep Torras i Bages a Oriol Junqueras- se empeña en amonestar al Sumo Pontífice. Una variante de la multa lingüística.
Desconozco si León XIV ha leído ensayos sobre el nacionalismo, pero acierta cuando en su primera intervención una vez llegado a España afirma que «Hay que huir de enfoques identitarios que parecen arreglarlo todo, pero llenan el mundo de fantasmas y enemigos». Quizá por eso -más allá de la obsesión enfermiza de la lengua-, León XIV no agrada al nacionalismo catalán. Además -por si fuera poco- el Papa es del Real Madrid, que también es más que un club.
Mientras tanto, Salvador Illa y el camarada Pedro Sánchez están de fiesta -de hecho, una exhibición y nada más- en la zona VIP del Primavera Sound de Barcelona.
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