Crítica de ‘Foreign Tongues’, de The Rolling Stones: viejos, sí; acabados, ni hablar

Saber retirarse a tiempo es una victoria… salvo que te llames Mick Jagger, Keith Richards y Ron Wood. Lo que queda de los Rolling Stones cumple 64 años de carrera y aquí siguen, grabando discos y planteándose salir de gira si la artritis de Richards lo permite. Para situar en su justa medida esta hazaña, sirva una frase de uno de los grandes escritores musicales, Nik Cohn. En su inspirado Auambabuluba Balambambú. La edad de oro del rock and roll (publicado en español por la editorial La Felguera), el británico vaticinó que “los Stones no están hechos para envejecer”. Atención: Cohn escribió el libro en 1969. En 2026, la banda continúa de actualidad, y utilizando, si hace falta (y la hace), cosas diabólicas como TikTok para promocionar su disco número 25, Foreign Tongues, publicado este viernes 10 de julio. Después de una sequía de 18 años, la banda lanza su segundo álbum con temas nuevos en tres años. Jagger llega a los 83 años a finales de este mes de julio, Richards alcanza esa misma cifra en diciembre y el más jovencito, Wood, se convertirá oficialmente en octogenario el año que viene. Ninguno de los tres pensó en llegar tan lejos, pero ya que están aquí, no piensan quedarse mirando sus discos de oro del pasado desde el sofá de sus mansiones.

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 El legendario grupo ofrece un disco de 14 canciones con todas sus señas de identidad para encadenar su segundo álbum más que digno en tres años  

Saber retirarse a tiempo es una victoria… salvo que te llames Mick Jagger, Keith Richards y Ron Wood. Lo que queda de los Rolling Stones cumple 64 años de carrera y aquí siguen, grabando discos y planteándose salir de gira si la artritis de Richards lo permite. Para situar en su justa medida esta hazaña, sirva una frase de uno de los grandes escritores musicales, Nik Cohn. En su inspirado Auambabuluba Balambambú. La edad de oro del rock and roll (publicado en español por la editorial La Felguera), el británico vaticinó que “los Stones no están hechos para envejecer”. Atención: Cohn escribió el libro en 1969. En 2026, la banda continúa de actualidad, y utilizando, si hace falta (y la hace), cosas diabólicas como TikTok para promocionar su disco número 25, Foreign Tongues, publicado este viernes 10 de julio. Después de una sequía de 18 años, la banda lanza su segundo álbum con temas nuevos en tres años. Jagger llega a los 83 años a finales de este mes de julio, Richards alcanza esa misma cifra en diciembre y el más jovencito, Wood, se convertirá oficialmente en octogenario el año que viene. Ninguno de los tres pensó en llegar tan lejos, pero ya que están aquí, no piensan quedarse mirando sus discos de oro del pasado desde el sofá de sus mansiones.

Lo trascendente de esta lucha contra el paso del tiempo no tendría mucho sentido sin el respaldo de una música que los represente, de canciones que no se avergüencen de colocarse a parecido nivel de una carrera tan sensacional. Lo lograron con Hackney Diamondsen 2023 y lo vuelven a lograr ahora con Foreign Tongues. Vale, hacemos trampa a la hora de valorar estos discos postreros de los británicos. Con Beggars Banquet, Sticky Fingers, Exile on Main St. o Some Girls en mente, ya no esperamos grandes cosas de estos ancianos del rock, así que nos sorprendemos al vernos a nosotros mismos pegando un respingo al escuchar las canciones nuevas: caray, qué bien suena esto.

Porque en Foreign Tongues está todo lo que se necesita hoy de los Stones: los enormes riffs de Keith, la lasciva voz de Jagger, los sucios rocanroles, los nerviosos solos de Ronnie, las guitarras de Richards y Wood demostrando aún su arte de tejer, el falsete de Mick o los emocionantes medios tiempos como solo saben fabricarlos ellos. Incluso han querido ponerse políticos y la voz de Jagger lanza algún zarpazo al mundo al que nos somete el 47 presidente de Estados Unidos. He aquí ejemplos, extraídos de varias canciones: “La Dama de la Libertad está frunciendo el ceño”, “multimillonarios escabulléndose, corriendo hacia sus escondites en el cielo”, “me despierto harto de todos estos autócratas, parecen reproducirse como un enjambre de ratas sucias con sus misiles a punto” o “el magnate loco Sr. Musk”. No estamos ante un disco político (los Stones nunca fueron un referente del rock protesta), pero ahí dejan algún recado.

No parece casual que el álbum se abra y se cierre con una apelación a sus raíces musicales, a esas que hermanaron a Jagger, Richards y Brian Jones en una defensa, casi talibán, del blues y el rhythm & blues negros. Rough and Twisted inicia la aventura con un sonido jaleoso y turbio, con la voz de Jagger clamando a, probablemente una chica, que le lleve por un camino “accidentado y tortuoso”. A ver quién le baja los humos al bisabuelo más en forma del planeta. Y el disco termina con una cruda versión de un tema del músico que unió de por vida a Jagger y Richards, Chuck Berry. El dúo, tan solo con el acompañamiento de una percusión de fondo, se enfrenta a Beautiful Delilah, de Berry, repitiendo el ambiente de íntima camaradería que ya probaron en la pieza final de Hackney Diamonds, Rolling Stone Blues, de su amado Muddy Waters.

En medio de estos dos blues, de todo y casi todo bueno. Y eso que hablamos de un álbum extenso, de 14 piezas, una hora y dos minutos de música. Debemos atribuir parte del digno renacer discográfico de los Stones al productor Andrew Watt, también responsable de Hackney Diamonds y del álbum que acaba de editar Paul McCartney, el notable The Boys of Dungeon Lane. Watt, de 35 años, apuntala el muro guitarrero y extrae oro de las artríticas manos de Keith. Además, deja que la voz de Jagger suene gruesa y provocadora. El mérito del productor consiste en convencer al grupo de que se lo crea, que toquen juntos otra vez, que se apoyen, que salte la chispa en este equipo de millonarios achacosos en busca de algo que les remita a aquellos gamberros locos por el rock and roll de sus inicios. Esa es la sensación al escuchar el álbum: que los Stones disfrutan a tope del viaje, no vaya a ser el último.

Jealous Lover parece sacado de las sesiones de Tattoo You, con Jagger afilando el falsete y un estribillo pegajoso; Mr Charm, un rock bastante chulo, funciona como adecuado ejemplo de las guitarras entrelazadas de Keith y Wood; Ringing Hollow es una joya country que no desmerecería (y vamos a exagerar) en Exile on Main St.; Never Wanna Lose You parece una rockerizada vuelta de tuerca de Miss You, por el latente sonido disco; Hit Me in the Head es prácticamente punk clásico, con el rescate de una batería grabada por Charlie Watts… Por supuesto, Richards canta su balada habitual, Some of Us, y es bonita. Las colaboraciones, a pesar de la categoría de los participantes (Robert Smith, de The Cure; Chad Smith, de Red Hot Chili Peppers; Steve Windwood y Paul McCartney) son prácticamente imperceptibles para el público medio ya que se limitan a tocar instrumentos. Porque nadie quita protagonismo a estos tres tipos empeñados en cuestionar las leyes de la naturaleza.

De acuerdo, Foreign Tonguesno merece asomar la cabeza entre los 10 mejores álbumes de los británicos, pero igual se puede sentar en la misma mesa que Emotional Rescue o Steel Wheels.Y, eso, a estas alturas de su longeva carrera, es todo un mérito.

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