Zalamea la Real celebró el centenario de la II Llave de Oro el Cante al genial Manuel Vallejo Leer Zalamea la Real celebró el centenario de la II Llave de Oro el Cante al genial Manuel Vallejo Leer
Certamen: XIV Festival Flamenco. A Manuel Vallejo / Al cante: Alicia Gil, con Lito Espinosa (guitarra) y Bebé, Juan Lérida y Consuelo (palmas); Antonio Ortega, con Antonio García (guitarra); Rocío Díaz, con Alberto López (guitarra), y José Olmo, con Luis Carrasco (guitarra) y José Carrasco y Kilito Chico (palmas) / Lugar y fecha: Paseo Redondo, de Zalamea la Real. 24 de julio de 2026.
CALIFICACIÓN: ***
Las efemérides no sólo están para los anaqueles, también para desempolvarlas reflexionando sobre lo legado y, principalmente, para resaltar que el flamenco es, por mor de sus grandes maestros, una expresión universal que ha influido en multitud de manifestaciones culturales.
Entre ellos figura el cantaor sevillano Manuel Vallejo, a quien los zalameños se han adelantado para celebrar el centenario de un hecho histórico, el otorgamiento de la II Llave de Oro del Cante, prestigioso galardón que se le entregó en Madrid el 5 de octubre de 1926, pero que, a fuer de sincero, se hizo como desagravio por la concesión de la II Copa Pavón a su paisano Manuel Centeno, dado que así no repetiría como premiado Vallejo, que ya la había ganado en 1925.
Acontecimiento tan crucial lo ha celebrado Zalamea la Real con un cartel que, presto al modelo de organización de un festival serio, tal y como acostumbra esta localidad de la Cuenca Minera onubense, las actuaciones se sucedieron con dinamismo y con el perfecto mecanismo escénico de un evento en el que todos los requisitos deseados en el siglo XXI -puntualidad, escenario, infraestructura sonora o diversidad tipológica-, quedaron centrados en el prestigio del cante desde la consideración a Manuel Vallejo.
La apertura de la noche, con una bajada de temperatura inusual en la canícula, correspondió a José Olmo, cantaor de ascendencia lebrijana pero natural de El Cuervo que, con una escolta de sustancial distribución, se entregó en la aportación vocal de bulería por soleá, se reconoció en la granaína según Vallejo y nos resultó algo vacilante en la media granaína y la bulería caracolera, subiendo de nivel en la coloratura que aportó a los fandangos -cante necesario, obviamente, por estos pagos-, en los que tuvo una emisión caliente, de muy aceptable proyección y de sonidos abiertos.
La segunda entrega de la noche correspondió a Rocío Díaz, trianera pero de formación cantaora en Huelva, que salió con solvencia con la ‘Baladilla de los tres ríos’ ajustada a la milonga y la media granaína, buscando la dulzura en los medios tonos pero propendiendo a lo mordiente en las notas altas, para de seguida ejecutar los tientos gaditanos como introducción de los tangos de Triana, acomodando su nivel de empaste al baile añejo y a la guitarra de Alberto López, con el que logró, además, la expansión de los cuplés por bulerías de Manuel Vallejo, y siendo realmente impactante en los fandangos alosneros, con tercios que definió con redondez y solidez expresivas.
Antonio Ortega, por su parte, denotó su elevado conocimiento y afinidad con la partitura de la soleá, de Alcalá hasta Cádiz, hasta amainar el viento exprimiendo el sonido genuinamente mairenero de la seguiriya, sin duda el cante más relevante de la noche, donde se nos antojó denso, brillante y de una calidad jonda como la que imprimía su tío abuelo Hornerito, a más de mostrarse por cantiñas nítido y fluido, sin aspavientos, y dejando la sensación de haber llegado al escenario con los deberes hechos junto a la guitarra en estado de gloria de Antonio García Hijo, con quien se coronó luciendo un color muy expresivo por fandangos, sobre todo el que emuló a Antonio Chacón, ejecutado con una emisión muscular soberbia, graves sólidos y sin palidecer en los agudos.
De rebosado metal y mordiente en toda su extensión encontramos a Alicia Gil, bendecida con agilidad y ligazón en la milonga de José Antonio el Chozas, y en maestra y sin desdibujarse en la soleá de la Triana alfarera, aportando brillo en los agudos, impactando en los descensos tonales y deslavazando las notas centrales con el apoyo de Lito Espinosa, que conocedor del lenguaje cantaor de la sevillana, le dirigió unas bulerías sobradas de chispa y colorido, de sentido del ritmo y de contrastes, para coronar su exitosa actuación con unos fandangos de Huelva que culminó con el valiente de Alosno según Paco Toronjo, todos plasmados con una idoneidad tímbrica espeluznante, de los que subrayo su brillante concepción, habilidad, oficio y notable resolución.
Fueron, pues, cuatro voces que recibieron el acostumbrado obsequio de Diego Rodríguez y Antonio Conejo, alcalde y teniente de alcalde, respectivamente, del Ayuntamiento de Zalamea la Real, y que ante un público que es un modelo de cómo eternizar el silencio y de saber escuchar, se responsabilizaron con la nada fácil tarea de acometer semejante monumento musical a uno de los más grandes cantaores de la historia, Manuel Vallejo, cuya memoria quedó refrendada en el Paseo Redondo, una de la muchas curiosidades urbanísticas de Zalamea la Real.
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