Qué tienen en común Séneca, Osio, Maimónides y Averroes

El filólogo cordobés Alberto Monterroso publica ‘Averroes y los grandes sabios de Córdoba’, un viaje intelectual junto a los más grandes pensadores nacidos en esta antigua capital del mundo Leer El filólogo cordobés Alberto Monterroso publica ‘Averroes y los grandes sabios de Córdoba’, un viaje intelectual junto a los más grandes pensadores nacidos en esta antigua capital del mundo Leer  

En los años sesenta del pasado siglo el escritor norteamericano James A. Michener se hizo una pregunta tras pasear, conocer y enamorarse de Córdoba. Cómo es posible que esta ciudad diera al mundo a cuatro grandes hombres de cuatro religiones distintas. Michener rinde homenaje «al más grande pagano de la historia de España, a su más grande eclesiástico, al notabilísimo judío y al brillantísimo musulmán». Se refiere, claro está, a Séneca, al obispo Osio, a Maimónides y a Averroes. La reflexión de Michener, tanto tiempo después, sigue despertando toda suerte de debates, y el filólogo cordobés Alberto Monterroso, una de las grandes autoridades en los estudios historiográficos de esta ciudad, ha tratado de dar una respuesta en su libro titulado Averroes y los grandes sabios de Córdoba, en Berenice, un viaje intelectual junto a los más grandes pensadores nacidos en esta antigua capital del mundo.

El libro parte de esta duda y de una justificación conmemorativa: se cumplen novecientos años del nacimiento de Averroes. Monterroso fue consciente de que analizar cuatro figuras tan importantes, pero tan separadas del tiempo no era tarea fácil. Séneca escribió en el siglo I, en la Roma de Nerón; el obispo Osio tomó su báculo en el IV, en tiempos del emperador Constantino; Maimónides y Averroes habitaron la ciudad en el siglo XII, cuando el califato omeya se había fragmentado y las cruzadas trataban de conquistar Jerusalén.

A pesar de las divergencias cronológicas, de las etapas de la historia tan distintas, los cuatro se nutrieron de la cultura grecolatina, en especial de Aristóteles. «Un moderno Plutarco podría hoy escribir de los cuatro, bien de dos en dos, Séneca y Osio por un lado, por ser romanos cordobeses; Maimónides y Averroes, por otro, por ser cordobeses andalusíes mil años después», recuerda el profesor Monterroso.

Pero lo cierto es que esa responsabilidad de convertirse en un Plutarco moderno la ha asumido con gusto Alberto Monterroso. «Séneca es el gran pensador de la Roma pagana, comparable solo a Sócrates. Osio es el consejero de Constantino, artífice del cristianismo, responsable del dogma de la Trinidad y de que el emperador romano tolerara esta fe hasta entonces perseguida. Averroes es el gran sabio del mundo musulmán y Maimónides el gran sabio del judaísmo», recuerda Monterroso.

Pero ¿qué los unía y los diferenciaba? Para Monterroso los cuatro representan modelos de pensamiento y civilización muy diferentes, «pero los cuatro tienen puntos en común, a pesar de los siglos que los separan». Además de nacer en Córdoba, los cuatro fueron reprimidos, abocados al exilio, víctimas de la tiraníay la autocracia en un estéril intento por censurar y acallar las ideas de cada uno de ellos. Los unía, además, un hambre feroz por el conocimiento, el espíritu humano y las ansias por crear sociedades mejores. Los diferenciaba, como es lógico, las metodologías para acceder a esa capacidad intelectual que los hizo tan libres, heterodoxos y duraderos.

El estoicismo de Séneca, hoy tan de moda; la vocación fundacional de una nueva teología por parte de Osio en un cristianismo primitivo que aún marca la senda de la iglesia; el racionalismo crítico de Averroes y el carácter sintético de Maimónides a la hora de conciliar razón y revelación siguen alumbrando, tanto tiempo después, lo mejor del espíritu humano. «He querido rendir tributo y a la vez hacer ver hasta qué punto las tesis de estos cuatro sabios son modernas y siguen vigentes», asegura Monterroso. Y es que razón y fe, una ética que construya una vida ordenada y serena, espíritu y conocimiento han sido preguntas que la filosofía se ha hecho desde los presocráticos y frente a la que cuatro grandes cordobeses alumbraron el camino para perseguir los mejores fines.

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