Argentina, una gran campeona que desafía a España tras remontar a Inglaterra

A España le espera la campeona del mundo, de América y del orgullo. Nadie se rebela como ella contra su propia muerte. Lo volvió a hacer en las semifinales, pero con una diferencia sustancial respecto a las penurias que sufrió con Cabo Verde, Egipto y Suiza: esta vez no sobrevivió a su precariedad, sino que desató una tormenta de fútbol que se comió a una selección inglesa muy cicatera.

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 La Albiceleste se come en el tramo final a un combinado inglés cicatero y jugará la final contra la Roja  

A España le espera la campeona del mundo, de América y del orgullo. Nadie se rebela como ella contra su propia muerte. Lo volvió a hacer en las semifinales, pero, a diferencia de los días pasados contra Cabo Verde, Egipto y Suiza, no para sobrevivir a su precariedad, sino con un arranque descomunal de fútbol y orgullo que se comió a una selección inglesa muy cicatera.

INGInglaterra

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1

Jordan Pickford, John Stones (Ivan Toney, min. 95), Reece James (Dan Burn, min. 81), Djed Spence (Marcus Rashford, min. 95), Marc Guéhi, Jude Bellingham, Elliot Anderson, Morgan Rogers, Declan Rice (Nico O’Reilly, min. 81), Anthony Gordon (Ezri Konsa, min. 71) y Harry Kane

ARGArgentina

2

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Emiliano Martínez, Nicolás Tagliafico (Lautaro Martínez, min. 80), Nahuel Molina (Gonzalo Montiel, min. 71), Lisandro Martínez (Nicolás Otamendi, min. 71), Cristian Romero, Alexis Mac Allister, Enzo Fernández, Leandro Paredes (Nico González, min. 63), Giuliano Simeone (Rodrigo De Paul, min. 71), Julián Alvarez y Lionel Messi

Goles 1-0 min. 54: Anthony Gordon. 1-1 min. 84: Enzo Fernández. 1-2 min. 91: Lautaro Martínez

Arbitro Ismail Elfath

Tarjetas amarillas Elliot Anderson (min. 36), Lisandro Martínez (min. 41), Cristian Romero (min. 50), De Paul (min. 93)

Al gol de Anthony Gordon a la vuelta del descanso respondió con un ataque desaforado y furibundo que empotró a los británicos y los hundió con dos tantos casi consecutivos de Enzo Fernández y Lautaro Martínez. Después de un Mundial declinante, agarrado al último madero del Atlántico para resistir a sus propias debilidades, la campeona irrumpió como un huracán en Atlanta en la segunda parte para atrapar su segunda final consecutiva. No volvió a marcar Leo Messi y volvió a encontrar soluciones.

La batería de ocasiones que fabricó hundió a Inglaterra bajo los palos, aculada y pendiente del paso de los segundos, sus únicos aliados frente al tornado que le estaba arrasando. Solo Pickford y los palos retrasaron la remontada argentina. Messi ya tiene su segunda final consecutiva (la tercera en total) y la oportunidad de lograr lo que no pudo Diego Armando Maradona en Italia 90. A España, la que mejor juega, le espera la que mejor compite. Las dos, lejos de una Inglaterra que seguirá en el diván después de 60 años de espera para regresar a la final de un Mundial.

Ni Lionel Scaloni ni Thomas Tuchel se quedaron quietos. El argentino, después de seis partidos sin apenas movimientos pese al rendimiento tambaleante de los suyos, entró de lleno: metió a Giuliano Simeone, que apenas había disputado 71 minutos en el duelo intrascendente con Jordania, en lugar de Rodrigo de Paul. En un conjunto con síntomas de abatimiento físico, la incursión del rojiblanco buscó un calambrazo. Por su parte, el entrenador de Inglaterra pudo contar con Declan Rice en el medio (duda hasta el final), y prescindió de los dos extremos derechos (Saka o Madueke) en beneficio de Morgan Rogers.

¿Quién dijo que esto solo era un partido de fútbol? La afición inglesa no escuchó su himno, por los cánticos de los argentinos, y al revés ocurrió casi parecido bajo el techo del estadio de Atlanta. Cada jugada era un recado al contrario, una pequeña tarascada o un jugador en el suelo. En cada metro había tres trincheras y cada centímetro había que conquistarlo a fuego en un partido donde los miedos eran tan grandes como la gloria que quedaba al final del camino. El encuentro era una sala de espera continua a ver si alguien tiraba de inventiva, pero eso era difícil que apareciera. A Messi, quién si no, le dio para irse de tres rivales en el centro del campo (Djed Spence, Harry Kane y Elliot Anderson), y al cuarto duelo se lo llevaron por delante.

Los porteros alcanzaron el intermedio como dos forasteros. Dibu Martínez había despejado una pelota de puños y Jordan Pickford vio pasar cerca un derechazo de Enzo Fernández. Hasta ahí llegó el recuento de oportunidades. Jude Bellingham quería conducir, pero el empeño acababa en agua, porque era arrollado o cercado por rivales. Y, si atacaba el espacio, la defensa le cortaba el paso. Argentina, que empezó más metida atrás, pudo unir alguna cadena de pases que le sirvieron más para defenderse que para atacar. Nadie arriesgaba y los motores todavía andaban frescos para negar al contrario. Se jugaba como si el reglamento estableciera el gol de oro. Un encuentro disputado por ambos con camisa de fuerza.

El partido se estrenó nada más regresar del intermedio, cuando Julián Alvarez desvirgó a Pickford. El argentino le ganó el duelo a Spence y soltó un tiro sin mucho ángulo, pero que obligó al meta inglés a meter una mano firme abajo. Ahí el choque ya tomó otro volumen, otra densidad, sobre todo, porque al instante golpeó Inglaterra. La tarde americana estaba para un pie fino, y ese fue Kane. El delantero organizador, el mejor mediocentro inglés, bajó a su propio campo y le mandó un balón largo a Morgan Rogers, que picó al espacio. Cortó forzada Argentina, pero el movimiento desarticuló la defensa. Al fin, se abrió un hueco en la selva para que Rice recuperara el despeje, abriera a Rogers y este enlazara con Gordon, que se le adelantó a Nahuel Molina.

Simeone se relamía ante Pickford cuando Spence apareció como un rayo, pero el choque lo tomó por la pechera Messi, que se puso al frente de la nave en otro apuro. Se ubicó en la derecha y maniobraba. Y en una de esas, en un centro de Leo desde la derecha, Nico González, que acababa de salir por Leandro Paredes, impactó un cabezazo tremendo y Pickford metió otra mano abajo de gran mérito.

Al partido se le habían roto las costuras y el campo se inclinó de manera definitiva hacia el fuerte del meta inglés, que vio subir la marea a su alrededor. La campeona lo sometió a una ráfaga de centros que no paró hasta que lo abatió. A Alexis Mac Allister solo lo frenó el poste en un cabezazo rotundo y solo, lo volvió a intentar al instante y Nico González tuvo otra por arriba algo escorada.

Inglaterra solo pudo llamar a la resistencia frente a la rebeldía argentina. Había cazado el gol en la primera ocasión y se abocó a defender un tesoro que llevaban 60 años sin oler. El agobio era máximo para los británicos y Tuchel volvió a tirar de Dan Burn, un central pívot de dos metros que se incrustó en la zaga para defender la ráfaga aérea de Argentina. El recurso de este Mundial del técnico alemán en casi todos los encuentros para sobrevivir. Cinco defensas, Pickford al fondo de la sala y a resistir. Pero la orilla todavía quedaba a varias millas y Enzo Fernández soltó un derechazo de 22 metros con comba que se le fue alejando al portero inglés. Y hubo otro palo de Mac Allister hasta el tanto de Lautaro y elevó a una Argentina desatada que reta a España.

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