Cuando esta semana le preguntaron a Lamine Yamal en la Cadena Cope qué futbolistas le habían impresionado durante el inicio del Mundial, el extremo español citó primero a Vinicius y a Leo Messi, pero después ya se refirió a Ismael Saibari: “Me está pareciendo un jugador que juega muy bien al fútbol, que no solo está metiendo goles, que juega muy bien, que baja a recibir muy bien…”. El extremo español halagó a un compañero de profesión con el que tiene tanto similitudes deportivas como vitales: ambos son hijos de familias inmigrantes que se mudaron a Europa para deslomarse en busca de un futuro más próspero, ambos son musulmanes y ambos nacieron a principios de este siglo en barrios obreros situados en la periferia de Barcelona. El delantero de moda de Marruecos, que en realidad también ejerce como extremo o mediapunta, pasó sus primeros años de vida en el vecindario de Can Parellada de Terrassa, a solo 48 kilómetros en coche de Rocafonda, la zona de Mataró en la que se crio Lamine Yamal. Antes de que Saibari fichara estos días por el Bayern mientras se convertía en una de las grandes figuras de la Copa del Mundo, en la que se mide este sábado en Houston con la coanfitriona Canadá (19.00; Dazn) en octavos de final, tuvo que superar muchos baches, algunos tan profundos que esquivarlos pareció casi un milagro.
El delantero, al que acabar de fichar el Bayern por 50 millones de euros, es diferencial por su fútbol y sus tantos en la selección africana, que hoy se mide con la coanfitriona Canadá en octavos de final en el techado Houston Stadium
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El delantero, al que acabar de fichar el Bayern por 50 millones de euros, es diferencial por su fútbol y sus tantos en la selección africana, que hoy se mide con la coanfitriona Canadá en octavos de final en el techado Houston Stadium


Cuando esta semana le preguntaron a Lamine Yamal en la Cadena Cope qué futbolistas le habían impresionado durante el inicio del Mundial, el extremo español citó primero a Vinicius y a Leo Messi, pero después ya se refirió a Ismael Saibari: “Me está pareciendo un jugador que juega muy bien al fútbol, que no solo está metiendo goles, que juega muy bien, que baja a recibir muy bien…”. El extremo español halagó a un compañero de profesión con el que tiene tanto similitudes deportivas como vitales: ambos son hijos de familias inmigrantes que se mudaron a Europa para deslomarse en busca de un futuro más próspero, ambos son musulmanes y ambos nacieron a principios de este siglo en barrios obreros situados en la periferia de Barcelona. El delantero de moda de Marruecos, que en realidad también ejerce como extremo o mediapunta, pasó sus primeros años de vida en el vecindario de Can Parellada de Terrassa, a solo 48 kilómetros en coche de Rocafonda, la zona de Mataró en la que se crio Lamine Yamal. Antes de que Saibari fichara estos días por el Bayern mientras se convertía en una de las grandes figuras de la Copa del Mundo, en la que se mide este sábado en Houston con la coanfitriona Canadá (19.00; Dazn) en octavos de final, tuvo que superar muchos baches, algunos tan profundos que esquivarlos pareció casi un milagro.
El primero de ellos llegó muy pronto, cuando un médico del Departamento de Salud de Cataluña le diagnosticó una malformación en los pies que lo obligó a usar un aparato ortopédico. Sus extremidades apuntaban de forma exagerada hacia dentro. Saibari corrigió la pisada tras más de un año con el artilugio, y hasta que cumplió dos no comenzó a caminar bien. “Tenía los pies girados hacia el interior y me ayudaba de aparatos para andar. El médico dijo a mis padres que no iba a poder caminar”, relató el jugador, de 25 años. “Mi madre rezó por mí. Yo solo quería llevar una vida normal, no necesariamente llegar a ser futbolista”, contó.
Saibari comenzó a jugar en el CD Can Parellada, en el que se formaron Albert Luque o Vicky Losada, pero su padre, Hassan, se quedó sin su trabajo de albañil durante la crisis económica. Tampoco le fue bien con la tienda de alimentación que abrió poco después en Terrassa y la familia se marchó a Bélgica gracias a la ayuda de una amiga de Fatima, la madre. Allí pasó por la cantera del Anderlecht hasta que el club lo descartó al considerar que era un chico tendente al sobrepeso: “Me dijeron que estaba gordo”, rememoró hace unos años. “Fue realmente doloroso. Estaba jugando bien y me sentía en un buen momento. Era un honor jugar allí, pero un día antes de que empezara la nueva temporada recibí la noticia”, añadió.
El rechazo hizo que el delantero se terminara de pulir en el Mechelen y el Genk. Ahí acabó el proceso formativo de un jugador con una potencia extraordinaria, técnica exquisita y una visión de juego privilegiada que le permiten desenvolverse en cualquier posición de ataque, aunque ha sido con el seleccionador Mohamed Ouahbi con quien ha empezado a formar como punta. El PSV lo compró al Genk por 5,2 millones de euros en 2020, dos años antes de que Roberto Martínez, que entonces estaba al frente del banquillo de Bélgica, lo intentara convencer para que se uniera a la selección. Saibari declinó el ofrecimiento del técnico catalán y jamás pensó tampoco en defender la camiseta de España, su país de nacimiento. “Desde niño siempre he dicho que quería jugar para Marruecos porque mis padres son de allí. Siempre ha sido mi sueño y no he deseado otra cosa”, explicó.
No estuvo en Qatar 2022, cuando el combinado africano se convirtió en el primero del continente en pisar las semifinales de un Mundial, pero ya fue una pieza clave en la controvertida Copa de África que Marruecos perdió en Rabat el pasado enero ante Senegal, en la que disputó como titular los siete choques. En la final dejó una imagen muy fea cuando intentó una y otra vez junto a los recogepelotas marroquíes quitarle la toalla al portero Édouard Mendy para que no se pudiera secar los guantes en pleno diluvio mientras el guardameta suplente, Yehvann Diouf, trataba de impedirlo. Saibari se acercó por la noche al hotel en el que se alojaba Senegal para disculparse por un comportamiento antideportivo que solo le costó un partido de suspensión.
El atacante por el que el Bayern acaba de desembolsar 50 millones de euros se convirtió en la fase de grupos en el primer africano en marcar en sus tres primeros partidos de un Mundial al hacerlo ante Brasil, Escocia y Haití. En los dieciseisavos también apuntilló a Países Bajos con el penalti decisivo de la tanda. Frente a Canadá disputará hoy en el techado Houston Stadium sus primeros octavos de una Copa del Mundo. Lo hará con la camiseta de Marruecos, la única que siempre quiso defender: “Cuando eliges una selección nacional, tiene que ser una decisión que salga del corazón. No debería ser una decisión estratégica sobre dónde tendrás más oportunidades. Representas a todo un país, así que debes jugar con el corazón”.
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